Un error espectacular

on Jueves, 29 Enero 2015. Posted in Artículos, Bloqueo económico, Cuba, Edición 50, Sebastián Ronderos, Internacional

50 Ronderos

Se avecina la construcción de un horizonte que permita una transformación elocuente del socialismo anclado en dinámicas de la guerra fría, anacrónico e invasivo, para madurar y evolucionar hacia un socialismo moderno, teniendo cada vez mayor voz e influencia en las coyunturas globales.

 
Sebastián Ronderos
Fuente de la imagen: http://rreloj.wordpress.com

Estados Unidos no da puntada sin dedal, cuestión que los cubanos conocen con suficiencia, y por tanto, rememoran aquella famosa frase del Che: “en el imperialismo no se puede confiar ni tantito así, ¡nada!”. No obstante, el replanteamiento frente al absoluto fracaso que ha significado el bloqueo, que no es poco, supone un importante giro en el discurso, actual, necesario, aunque claro, manteniendo un lente profundamente “ombliguista”. ¿Habrán superado ya el delirio de la Enmienda Platt?

Mucho se ha dicho sobre las necesarias adecuaciones del modelo cubano a las dinámicas del mercado globalizado, pero, y en relación con la profunda crisis que enfrenta la democracia liberal, la amplia experiencia de la isla puede dar nuevos aires a la búsqueda por devolver la política a la centralidad; revivir aquel concepto olvidado en los museos de historia llamado “soberanía”, que permita un regreso a la vida, a los sueños y a la creatividad, como potenciadores de una renovada democracia.

El fin del aislamiento podría preverse tras las trasformaciones que han sufrido las coyunturas geopolíticas de un mundo convulsionado, donde se incuban diversas alianzas entre los rivales de Washington. Se ha deteriorado la hegemonía norteamericana - desdibujando su influencia sobre América Latina- y continúa fortalecida aquella generosa cadena de afectos que Cuba ha sabido construir y conservar por su inalienable compromiso humanitario. Son más de 21 mil estudiantes extranjeros -incluyendo ciudadanos estadounidenses- que han sido formados en la isla sin costo alguno y, gracias a su solidaridad internacionalista, son casi ya 8 millones de personas alfabetizadas en más de 28 países.

No sorprende que Cuba sea el único país del mundo que cumple los dos criterios que, para la organización WWF, significan la existencia del desarrollo sostenible: un alto desarrollo humano (IDH 0,8) y una huella ecológica sostenible (huella < 1,8 ha/p).

Sólo su carácter sensible y altruista podría explicar la resistencia al desahucio, a la implosión de la URSS y las vicisitudes adversas del bloqueo. Se estima que las multas impuestas por Estados Unidos a entidades bancarias por mantener relaciones con Cuba ascienden a 11.500 millones de dólares y el costo del bloqueo, en su totalidad, supera el billón de dólares. Esto sin mencionar los incuantificables esfuerzos que día a día han enfrentado los cubanos para existir por decisión y no como consecuencia.

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de las Naciones Unidas define el genocidio como: “cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal.” ¿Qué carajos ha sido el bloqueo?

Desde sus primeros pasos por quebrar el yugo español, se gestaba, inconfundiblemente, su incesante voluntad libertaria y aguerrida, profusamente ilustrada en el Manifiesto de Montecristi. Tuvo que buscar su independencia sin la solidaridad con la que contó el resto de América Latina tras las invasiones napoleónicas a España. Luchó sola contra el Imperio Español, ya reunificado, con todos los ojos de la corona puestos sobre sus mangles y cañaverales. Se preguntaba entonces José Martí en 1889, como acertado presagio para los años futuros: "Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella?".

Hoy, más que nunca, la humanidad tiene la posibilidad de dejar en el pasado flagelos como la miseria, el hambre, el analfabetismo, la falta a salud y vivienda. Gigantes de la economía se lanzan en ambiciosos programas por conquistar las batallas del mercado, la productividad y el consumo. Y sin embargo, aquella pequeña isla caribeña sigue siendo el país que mayor inversión de su PIB destina a la educación de su pueblo.

La dignidad, enquistada en su acervo, ha encontrado invaluables compromisos con sus raíces africanas, contribuyendo en históricos procesos como la defensa de la soberanía etíope en la Guerra de Ogadén, el fin del Apartheid en Sudáfrica y la liberación de Angola y Guinea Bissau ante el colonialismo Portugués. Cuba es, en esencia, una Nación <<latinoafricana>>.

Ha sido patria de afectos y alegrías en tan variadas disciplinas como sus patrimonios culturales. Ésto le ha valido de imprescindibles amistades que han contribuido en la subsistencia de sus modestos esfuerzos por enfrentar innumerables desafíos en los últimos cincuenta y seis años. Artistas, músicos, literatos, líderes sociales, cineastas, han mantenido su compromiso con el pueblo cubano a pesar del incesante ataque a su proyecto social. Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Oliver Stone, Eduardo Galeano, Violeta Parra, Nelson Mandela y Malcom X, son sólo algunos entre los tantos amigos con los que ha contado el largo lagarto verde en sus momentos más determinantes.

Se abre un nuevo capítulo en su historia, y consigo un sin número de retos y viejos deseos frustrados por el aislamiento. Una mayor tecnificación y expansión productiva por la llegada del desarrollo tecnológico, una relación de divisa favorable que acompañe las recientes medidas de flexibilidad sobre el antiguo permiso de salida, mayor capacidad para preservar su patrimonio histórico y cultural.

En fin, se avecina la construcción de un horizonte que permita una transformación elocuente del socialismo anclado en dinámicas de la guerra fría, anacrónico e invasivo, para madurar y evolucionar hacia un socialismo moderno, teniendo cada vez mayor voz e influencia en las coyunturas globales.

Recientemente, mi buen amigo, el documentalista y fotógrafo cubano Roberto Chile, me escribía las siguientes líneas caracterizando la actual coyuntura: “el mayor reto que tendrá a partir de ahora el pueblo cubano, será conquistar la excelencia económica sin perder la excelencia revolucionaria”. Una acertada síntesis donde se ven contenidos los desafíos futuros.

A fin de cuentas, Cuba ya se ha saltado los pasos fundamentales que alertan economistas como Thomas Piketty. Ahora, le queda seguir soñando y, claro, corregir los desaciertos impuestos por la persecución y la necesidad. Sigue siendo una revolución humana, imperfecta, inacabada, como lo expresa maravillosamente Eduardo Galeano, “la Revolución cubana, obra de este mundo, está sucia de barro humano, y justamente por eso, sigue siendo contagiosa”.

El futuro de la política no está en el Estado, sino en los bloques. Si bien Cuba ha sido un país periférico, ha participado de la centralidad de la historia y será un importante pulmón para el bloque latinoamericano, que es ya uno de los mayores laboratorios políticos de nuestro tiempo.

Se dice que el socialismo en Cuba tiene los días contados. Que se hundirá con sus barcos como los capitanes legendarios, quedando a merced de aquellas naciones que dicen dirigir “el tren de la historia”. Olvidan fácilmente que para la isla, la resiliencia ha sido lado brillante de la adversidad. No me cabe la menor duda que La Revolución Cubana se seguirá escribiendo con mayúscula. Seguirá siendo un error espectacular.

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