* Palabras al Margen

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A propósito de las elecciones presidenciales en Colombia, Palabras al Margen decidió entrevistar a algunos integrantes de la academia crítica colombiana, con respecto a su intención de voto en la segunda vuelta.

Estas fueron las respuestas de la Profesora Laura Quintana Porras, quien es Doctora en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Profesora asociada del Departamento de Filosofía de la Universidad de los Andes, Colombia.

 

PaM: ¿Por quién va a votar en segunda vuelta y cuál es la razón principal de su decisión?

Laura Quintana: Voy a votar por Gustavo Petro. Ya había votado por él en primera vuelta. Me parece que es como la opción más claramente alternativa para el país en este momento. Tiene una posición política, económica y social que me parece muy pertinente y propicia para las condiciones de Colombia ahora.

Mi voto no es solo anti uribista, creo que Petro plantea opciones en su programa que son bien interesantes. Me parece fundamental tener una política ambiental en este momento, una opción de economía que, si bien no es anti extractivista, sí presenta alternativas al extractivismo, con una oposición clara al fracking. Tiene un enfoque social que en un país como Colombia es muy necesario. Puede darle garantías a que los acuerdos de paz tengan una aplicación mucho más sería de lo que han tenido hasta ahora. Y me parece que sería un gobierno que da más garantías políticas para la oposición, que es algo que le preocupa a muchas personas, incluso que no están en la izquierda, para personas que se ubican en el centro o incluso a la derecha más sensata.

En realidad, para mí más que Petro como persona, tiene que ver todo con su programa y con sus apuestas. Sobre todo, para mí es fundamental que se haya aliado con Angela María Robledo, que me parece que es una mujer increíble, que le apuesta a una lucha feminista y que tiene muy claro sus objetivos políticos. Entonces para mí votar por esa opción política es votar también por Angela Robledo. Esas serían mis razones fundamentales.

PaM: La primera vuelta arrojó un saldo de más de nueve millones de votos a dos candidatos (Gustavo Petro y Sergio Fajardo) que representan fuerzas políticas alternativas. ¿Cómo se puede leer esto en términos del estado actual de la democracia en Colombia?

LQ: Bueno, me parece en primer lugar importante que un candidato de izquierda esté por primera vez compitiendo en una segunda vuelta. Eso me parece muy importante y notable. También me parece notable que las fuerzas alternativas hayan crecido en el porcentaje de votación del país. Eso muestra que la gente está mucho más consciente de los peligros de una opción como el uribismo, que es una opción que pone en peligro la democracia en el sentido más formal, porque pone en peligro la división de poderes, pone en peligro la independencia del poder judicial y legislativo, y pone en peligro los acuerdos de paz que para muchos colombianos son muy importantes, sobre todo quienes están en regiones muy violentas y atravesadas por el conflicto. Muestra una mayor consciencia frente a todo lo que se podría venir con un gobierno uribista, con un gobierno ubicado en ese espectro político.

Pero en todo caso la democracia en Colombia sigue mostrando muchas falencias y muchas debilidades. Yo creo que para la democracia es muy importante poder garantizar la disidencia política, y eso es algo que está muy lejos de ser garantizado verdaderamente en Colombia. Lo seguimos viendo con la matanza de líderes sociales, con la persecución a movimientos sociales, lo vemos incluso en una expresión mucho más cotidiana, cuando uno ve cómo los debates electorales han activado una estigmatización de las posiciones diversas en el espectro político. A mí me parece preocupante las posiciones que uno oye a veces en los debates, no solamente de la prensa —aunque la forma cómo la prensa maneja la información ya es muy preocupante y muy poco democrático, muy poco garantista en términos de una democracia que necesita el control político también de la prensa; la información está muy sesgada—, sino también en los debates de los medios sociales uno ve posiciones realmente preocupantes. ¿cómo hay gente con la que uno vive que piensa ciertas cosas? [Gente] que legitima los falsos positivos o que piensa que la estabilidad macroeconómica justifica que se den ciertas políticas públicas que son evidentemente represivas por no decir dictatoriales. Por ejemplo, eso me ha llamado la atención y me hace ver que es una democracia que no está muy en sintonía con lo que pasa en la experiencia cotidiana, es una democracia muy formal que tampoco garantiza del todo derechos que son fundamentales en las democracias representativas formales, es una democracia que está lejos de ser incorporada como práctica política cotidiana.

 

PaM: ¿Podría plantearnos un breve balance de las principales implicaciones y los escenarios más importantes en caso de que ganara Petro y en caso de que ganara Duque?

LQ: En caso de que ganara Petro, yo tampoco soy ‘petrista’ convencida. Yo le reconocí problemas a su alcaldía, me preocupó que no delegó tan bien y que se mostró mucha improvisación, pese a que vi que había programas muy interesantes —que ya se deshabilitaron— que mostraban una conciencia social que es fundamental en un medio como el nuestro. Si gana Petro, veo que va a haber mucha oposición política y seguramente no lo van a dejar llevar a cabo muchos de los proyectos, pero en todo caso veo que va a haber una rehabilitación de una cierta visión un poco más optimista de lo que puede pasar en Colombia. Va a haber proyectos que van a movilizar seguramente los debates en el país, pero que también pueden tener alguna plausibilidad o, en todo caso, van a abrir la perspectiva a otras opciones que se pueden dar en el país, como opciones económicas y opciones políticas. Entonces es un escenario que para mí es esperanzador, que no va a ser ideal, que va a tener tropiezos y dificultades, pero en el que se pueden abrir opciones interesantes en medio de un país que parece estar condenado a que los mismos de siempre estén en el poder y me parece que es una opción importante para que el poder deje de estar siempre en los mismos con las mismas. Me parece importante  que seguramente pueda visibilizar a otros actores políticos, a otros sectores políticos, a otros problemas. Eso ya es fundamental: que en el país se puedan ver otras cosas, se puedan plantear los problemas de otra manera, y se pueda pensar en otras opciones.

En el caso que gane Duque, mí me parece que para muchos es una visión muy sombría. Realmente, a mí y a mucha gente le produce miedo. Me produce miedo pensar en actores políticos, que conozco en los territorios, y también gente en la ciudad que ve su vida incluso puesta en riesgo. En principio eso me preocupa, la gente en las comunidades que ve que su vida va a estar en riesgo. Y luego, lo que ya señalaba hace un momento, me preocupa mucho que se puede instalar un régimen que es muy parecido a una dictadura, donde no hay independencia de poderes, donde se van a privilegiar intereses económicos de las grandes corporaciones, donde se va a abrir mucho más la brecha de desigualdad que ya existe en el país, donde va a aumentar la corrupción, donde seguramente tendremos a un Uribe por mucho tiempo y donde va a ser muy difícil hacer oposición política. Entonces para mí el escenario se torna muy sombrío cuando pienso en un gobierno de Iván Duque.

 

PaM: ¿Qué papel considera usted debe tener la academia en este proceso electoral? 

LQ: A mí me ha gustado ver que la academia, aunque no en general, sí se ha movilizado. Hay figuras académicas que han mostrado su posición y han intentado hacer ver argumentos que la gente debería considerar en este escenario político electoral. Pero me parece que en Colombia la academia sigue jugando un papel muy poco visibilizado y muy restringido; los académicos no tenemos mucha voz en los debates mediáticos. Hay figuras académicas que sí, ya la tienen, y de una manera un poco consolidada. Hay otras que emergen en las redes sociales y empiezan a tener figuración política y eso me parece muy importante. Pero me parece que la academia, no solo en época electoral, debe asumir una función política más clara, y mostrar un compromiso con lo que pasa, de forma un poco más clara y evidente. A veces la academia misma se desconecta de la realidad porque está muy direccionada a cumplir con los logros académicos de publicación, de investigación, y de investigaciones que a veces no se conectan del todo con la realidad. Es importante asumir un rol político de la academia no solo en época electoral, sino de una manera más extendida en el tiempo, con colaboración con los actores políticos, y dejando de asumir un poco el rol paternalista que a veces los académicos tienen con los sectores sociales. Es clave un trabajo de mayor colaboración entre académicos y sectores sociales para trabajar juntos de una manera un poco más duradera y un poco más extendida en la experiencia cotidiana.