* Palabras al Margen

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A propósito de las elecciones presidenciales en Colombia, Palabras al Margen decidió entrevistar a algunos integrantes de la academia crítica colombiana, con respecto a su intención de voto en la segunda vuelta.

Estas fueron las respuestas del profesor Oscar Guardiola, quien es Profesor de filosofía política, estudios latinoamericanos y política y derecho internacional en el Birkbeck College, de la Universidad de Londres.

 

PaM: ¿Por quién va a votar en segunda vuelta y cuál es la razón principal de su decisión?

O.G. Como he explicado en la prensa escrita y hablada, y de manera más reciente en una columna publicada este miércoles por el diario El Espectador, votaré por Gustavo Petro y Angela María Robledo. El dilema en la coyuntura presente es claro: o bien la afirmación incondicional de la derecha y la ultra-derecha armadas, o la toma de posición por una creatividad institucional y política en el sentido de la verdad y la justicia social e histórica. Lejos de ser una posición que divide, se trata de multiplicar las posibilidades de existir en este espacio y tiempo que llamamos Colombia.

PaM:  La primera vuelta arrojó un saldo de más de nueve millones de votos a dos candidatos (Gustavo Petro y Sergio Fajardo) que representan fuerzas políticas alternativas ¿Cómo se puede leer esto en términos del estado actual de la democracia en Colombia?

O.G. La lectura de los resultados de la primera vuelta es precisa: la mayoría de quienes votaron, no lo hicieron por Uribe/Duque. Es decir, no eligieron el camino propuesto por quienes, al tiempo que denuncian al menos una de las candidaturas alternativas a la situación corriente como promoviendo el “odio de clases”, son quienes han venido librando de tiempo atrás una verdadera guerra de clases por parte de los ricos que se han beneficiado de la violencia paramilitar y la para-política en contra de los pobres, las poblaciones racializadas y las mujeres y demás posiciones de género. No hablo de “víctimas” porque pienso que ese vocabulario ha sido vaciado de contenido y ha sido cooptado por los beneficiarios de las guerras que históricamente han librado quienes se apropian el poder contra el resto de la población.

PaM: ¿Podría plantearnos un breve balance de las principales implicaciones y los escenarios más importantes en caso de que ganara Petro y en caso de que ganara Duque?

O.G. Las derechas tienen apoyo entre clases medias y medias altas, y en sus zonas de influencia local, entre otras cosas porque se han declarado ellas también “víctimas” de la violencia guerrillera —la real y, con no menos efectos, la fantasía que habla de expropiaciones y Castrochavismo o “ideología de género”— y al hacerlo han hecho equivalentes la lucha por la liberación o la justicia y la auto-defensa fascista. Son fascistas, tanto más en el sentido que dio al termino el psicoanalista caribeño José Francisco Socarrás cuando analizó la personalidad del típico líder autoritario criollo, ya en los años cincuenta, como una pasión baja: el resentimiento. No se trata de una pasión triste y gris, sino colérica y blanca, en el sentido de la supremacía blanca y el machismo agresivo de la ideología de la guerra, cuyas fuentes deberían buscarse en el Falangismo español y su revitalización en las Américas de la hispanidad/colonialidad modernizante. Esa es la personalidad de Uribe Vélez y quienes le acompañan. Lo sé, le he visto espetar de manera colérica a un joven estudiante adolescente por atreverse a hablar de paramilitares y parapolítica en Sucre y Córdoba. Humilló a ese joven en público y eso tiene un efecto público muy preciso: en unos genera veneración por el hombre fuerte e incondicional (“liderazgo”, como malentienden muchos), identificación e imitación, y en la otra parte del público genera miedo. Pienso que ello explica su poderío electoral tanto como el hecho de que le apoyan los “barones’ (los que antes le odiaban, como Valencia Cossio en Antioquia, y que ahora le temen, como Cesár Gaviria, o una combinación de ambas como los Blel y La Gata en Bolívar). En Duque ha encontrado la manera de enmascararse una vez más: joven, fresco, conservador en lo social pero liberal en lo económico. Así lo ven quienes votarán por ellos en Junio. Lo cierto es que los fascistas siempre fueron “centristas” o neutros frente a los intereses de los capitalistas industriales, cuyos intereses defendían como bien observaron en su época críticos alemanes como Marcuse y Neumann. Un gobierno de Uribe/Duque —resentido, con ganas de revancha— haría operativa esa “neutralidad”: reformar la Constitución del 91 para destruirla aparentando no hacerlo (fusión de Cortes, domesticar o paralizar la JEP, frenar la tutela), crear un parque nacional aquí al tiempo que se hace inoperante la consulta previa y las regulaciones ambientales para las multinacionales extractivas allá, tolerancia con los “no heterosexuales” y promoción de la familia como célula pre-política de la sociedad, y sobre todo sacralización de la (gran) propiedad (al capitalismo no le importa la pequeña propiedad). En el peor de los casos apoyar una intervención militar y para-militar si no en suelo patrio (aquí en ciertos casos) entonces en el vecindario con el pretexto de salvar a los mismos venezolanos a los que ya se discrimina como “refugiados” de este lado de la frontera. Geopolíticamente hablando, alinearse con Trump. A propósito, la filósofa Linda Martin-Alcoff ha observado que es Uribe la inspiración de Trump.

PaM: ¿Qué papel considera usted debe tener la academia en este proceso electoral?

O.G. El papel de la academia critica es no solo imaginar sino apuntalar los posibles escenarios de un gobierno de Petro. De un lado la creatividad política, y como prioridad la seguridad alimentaria y el acercamiento de los centros urbanos a las realidades y las inmensas posibilidades de lo rural, y de las poblaciones que mejor han entendido como puede vivirse en alterglobalidad sin ceder del todo frente a la globalización: por ejemplo, la experiencia de comunidades como San José de Apartado y el cacao (en vez de la coca y de la Coca-Cola). Un tema clave: aprovechar la legalización de las drogas en Canadá y varios Estados de la unión Americana (tanto como los ejemplos boliviano y uruguayo) para cambiar de rumbo la geo-política de la “guerra contra las drogas”, lo que de una vez apuntala una política contra la racialización y el empobrecimiento del campo. En lo urbano, profundizar en los aciertos y corregir los errores de la experiencia en la administración de Bogotá (por ejemplo, la excelente experiencia en la creación de medios alternativos, el metro subterráneo). En lo geopolítico, Méjico bajo ALMO y la oposición que encarnan Lula, el PT y el PSOL en Brasil, pueden ser excelentes aliados de un frente anti-fascista continental contra el gobierno supremacista blanco de Trump. Y por supuesto, defender y profundizar con la pasión más alta, el realizar la paz de los acuerdos y, más allá, la de la deferida justicia social en Colombia.