Solo decimos: démosle una oportunidad a la paz

Sabemos, a la luz de la experiencia internacional, que no puede haber salida perfecta para situaciones traumáticas de violencia política; que todo acuerdo exige concesiones de parte de cada uno de sus actores; que ningún compromiso puede dar plena satisfacción, a la vez, a todas las exigencias de justicia y reparación para las víctimas, de castigo para los victimarios, de develamiento exhaustivo de la verdad para la sociedad en su conjunto.

Aclaraciones frente al caso del profesor Beltrán

Si el profesor Sáenz Rovner no estaba de acuerdo con mi tesis, hubiera podido controvertirla en forma argumentada y hubiéramos tenido un debate abierto al respecto, como corresponde en la vida académica. Pero no fue así: como no aprobaba mi planteamiento, prefirió simplemente descalificarlo como “plastilina constitucional” para justificar “echar a un profesor de la universidad nacional”, para luego atacarme como inmoral, maltratador, etc.

A propósito del papel de la Universidad Nacional de Colombia en la construcción de la paz

Otra parte del argumento de los críticos de la decisión del Consejo de Facultad es que la academia, y en particular nuestra Universidad, está siendo capturada por la política. Aflora aquí una visión maniquea de la política como si ésta fuera una actividad moralmente degradada ante una supuesta academia aséptica e incontaminada, ella sí moralmente buena. Nos preguntamos, empero, si temas como la guerra y la paz, las demandas de los movimientos sociales y de las víctimas, los trabajos de la memoria y demás asuntos en los que la Universidad Nacional está participando en el escenario del pos acuerdo, son ajenos a la política. Por supuesto que no lo son: no debemos olvidar que somos parte de una sociedad que se debate hoy entre la guerra y la paz, entre otros asuntos políticos que atañen al ejercicio académico.