¡Acuerdo ya! El fin de la guerra está próximo

No parecen convenientes, ni ágiles, las propuestas bien intencionadas de realizar consultas populares o convocar a un nuevo plebiscito; tampoco buscar la solución en audaces figuras jurídicas que se realicen en el seno del Congreso o en sentencias o autos de la Corte Constitucional. La solución está en las calles y en la movilización popular: el deber jurídico y la responsabilidad política de dar validez al Acuerdo corresponde al Gobierno Nacional y principalmente al Presidente de la República, quien conserva todas las facultades jurídicas que le permiten implementarlo. La decisión es política, tiene un contexto favorable para tomarla y es urgente que lo haga cuanto antes. Debemos exigírselo.

¿De verdad hay razones para votar “No”?

Cuando los uribistas afirman que el Acuerdo conduce al ascenso inmediato de las Farc al poder, gracias a los recursos políticos (curules) y comunicativos que tendrán las Farc, nos dicen por debajo de cuerda que no hay nadie en sus filas que tenga la capacidad intelectual y política para detenerlos democráticamente o vencerlos en debate. En esto hay que conceder que al menos hacen un diagnóstico honesto –aunque inconsciente- de sus propias capacidades.

Menos opiniones, más explicaciones: Polarización, psicología cognitiva y el plebiscito por la paz

Antes de tratar de convencer a alguien de votar Sí o No en el plebiscito, trate de llegar a consensos sobre lo que sí dicen y lo que no dicen los textos de La Habana. En otras palabras: trate de intercambiar explicaciones antes de debatir argumentos a favor y en contra. Este ejercicio resultará tan útil para usted como para su interlocutor a la hora de establecer qué tan bien comprenden lo pactado en La Habana, ayudando a reducir polarizaciones y actitudes extremas basadas en la desinformación.

Respuesta al amigo que pensaba votar No

Tú dices: ¿qué ejemplo le vamos a dar a las nuevas generaciones? Bueno, tanto tú como yo tenemos hijos. Hermano, ¿qué ejemplo le vamos a dejar? Yo te digo, démosles un ejemplo de grandeza, de generosidad, de perdón. Posiblemente, no seremos ni tú ni yo los que veamos este país en paz. Porque cuando este proceso termine, y si termina bien, y si el plebiscito se aprueba, va a haber muchos odios detrás. Ojalá no, pero es muy posible que muchos líderes políticos de las FARC reciban atentados, en otras palabras: todavía nos falta un camino de dolor (¡ojalá me equivoque!).

Posiciones y riesgos para la paz en Colombia

No es una cuestión secundaria para Colombia el plebiscito del próximo 2 de octubre. La heterogeneidad de posiciones, ambigüedades y contradicciones en relación al discurso de quienes defienden votar por la paz se expresarían en nuevos escenarios. Mientras tanto, la extrema derecha busca cómo incentivar la guerra y romper la nueva forma como se busca tramitar los conflictos que hay y que vendrán.

Solo decimos: démosle una oportunidad a la paz

Sabemos, a la luz de la experiencia internacional, que no puede haber salida perfecta para situaciones traumáticas de violencia política; que todo acuerdo exige concesiones de parte de cada uno de sus actores; que ningún compromiso puede dar plena satisfacción, a la vez, a todas las exigencias de justicia y reparación para las víctimas, de castigo para los victimarios, de develamiento exhaustivo de la verdad para la sociedad en su conjunto.

El enfoque de género en los acuerdos de La Habana: Perspectivas y desafíos para el Movimiento Social

Muchas mujeres colombianas, como las lideresas sociales del suroccidente con las que tuvimos la invaluable oportunidad de hablar, tenemos la convicción de que los acuerdos en La Habana, de ser refrendados, constituyen una posibilidad única en tanto facilitarían la formación de un nuevo escenario político propicio para el avance y el fortalecimiento de las acciones colectivas y para las luchas del movimiento social, de las organizaciones populares, de mujeres, feministas, LGBTI.

La voz que instituye

La cuestión es entonces en qué medida esta lógica a la que Jaramillo se refiere todavía está presente en el modo como se conciben las decisiones asociadas al territorio y a los recursos, y cómo las exigencias del presente tienen que ver, más bien, con hacer valer decisiones autónomas que en todo caso a muchos nos conciernen y que se juegan en el ámbito de lo político.

¿A quién le sirve la expulsión de Ordóñez?

Lo que significa para la Paz es ambiguo y dependerá mucho de la manera en que lo capitalicen quienes le están apostando hoy a la Paz en el país. Por un lado, puede implicar un obstáculo si de ello solo saca provecho la ultraderecha en los términos ya dichos. Pero, por otro, puede implicar que se agite un descontento significativamente amplio con el procurador de parte de distintos sectores sociales.

La paz: tiempo histórico, tiempo de la política

Son estos los tiempos históricos de la política. Son estos los “cuartos de hora” de los pueblos para dirimir futuros históricos. En tiempos de política, de la grande y no de la pequeña que se resuelve en los conciliábulos y recintos del poder, no hay nada preestablecido, todas las bifurcaciones son posibles; sólo deciden las correlaciones de fuerzas, no sólo en términos de antagonismos, sino también de articulación y de cooperación.

Un nuevo comienzo: ¿democratización o tecnocracia?

El voto por el “Sí” al que nos volcamos con un entusiasmo quizás inédito en la historia de nuestro país, será un entramado complejo de visiones contrastantes del futuro del país, de quiénes están llamados a labrarlo y de lo que ese “nuevo comienzo” implica en términos del afianzamiento, o la transformación, de aspectos constitutivos del orden social imperante en nuestra sociedad.

El derecho a la paz

Creo que es necesario que los promotores de la campaña por el “Sí”, por fuera del liderazgo que ojalá sepa emprender Gaviria, planteemos la discusión sobre nuestra mirada y nuestras verdades simples; aquellas con las que podremos enfrentar las mentiras fáciles frente a las que no se puede luchar solo con las verdades complejas de pedagogía profunda. Porque para los éxitos electorales, según me han enseñado los propios publicistas, antes que diseños creativos con grandes recursos, se necesitan convicciones claras y capacidad de síntesis.