Incoherencia moral y consistencia programática de los negacionistas

Los negacionistas siempre se opusieron a la negociación del gobierno de Santos con las FARC, porque consideraron que tras 8 años de confrontación abierta durante Uribe, la guerrilla estaba debilitada y los intereses que representaba el gobierno se habían fortalecido en el campo económico y político. Ya no había que negociar, mejor era continuar con la confrontación abierta, hasta forzar la renuncia de la causa insurgente, sin ceder nada a cambio.

¿Es Álvaro un hablamierda?

La relación de Álvaro con la verdad es problemática. Su discurso es incongruente y ventajoso. Le han dicho mentiroso, embustero y mezquino. Daniel Coronell le dice oportunista e hipócrita. Santiago Gamboa lo acusa de ser el precursor en Colombia de la política de la “post-verdad”. Sin embargo, no todo discurso deshonesto es mentiroso. El discurso deshonesto, sobre todo en política, puede llevarse a cabo mediante mecanismos sutiles de desubicación, manipulación y engaño. Conocerlos será útil para contrarrestarlos.

Redefiniendo los adversarios ante los desafíos del posacuerdo

Creo que las FARC, antes o después, terminarán haciendo parte de una amplia coalición de Izquierda, Polo-Progresistas-Verdes. Posiblemente, antes de 12 años, sin la disculpa de la guerra y en un clima de reconciliación, tendremos el primer gobierno de centro-izquierda en nuestro país que permitirá disputar la hegemonía elitista-bicéfala, y finalmente, iniciar el avance decidido hacia la materialización de las reformas democráticas aplazadas por décadas.

La primavera de la paz

Esta es la Primavera de la Paz, tuvieron que transcurrir 14 años, miles de asesinatos y millones de pérdidas económicas y materiales para que entendiéramos como país que la guerra no va más. Ya hemos ganado el nobel (que lo merece es el pueblo colombiano por persistir en la paz), ya hemos ganado la extensión del plazo para el cese bilateral (que debe ser definitivo), ya hemos ganado la mesa con el ELN (que pronto debe arrancar), pero esta primavera no puede parar hasta ganar la más hermosa de todas las batallas: la paz, estable, duradera, real, democrática y completa.

El derecho a la paz

Creo que es necesario que los promotores de la campaña por el “Sí”, por fuera del liderazgo que ojalá sepa emprender Gaviria, planteemos la discusión sobre nuestra mirada y nuestras verdades simples; aquellas con las que podremos enfrentar las mentiras fáciles frente a las que no se puede luchar solo con las verdades complejas de pedagogía profunda. Porque para los éxitos electorales, según me han enseñado los propios publicistas, antes que diseños creativos con grandes recursos, se necesitan convicciones claras y capacidad de síntesis.

El regreso del autoritarismo en política: ¿de Erdogan a Ordóñez?

Hace falta una verdadera política de despliegue institucional en las regiones que apunte a una reconstrucción del Estado y de lo público. Los inevitables problemas que ocurrirán en el proceso de implementación de los acuerdos de paz podrán ser aprovechados políticamente por los opositores sociales, económicos y políticos a los acuerdos firmados. En este sentido, la próxima elección presidencial será un momento clave para el país y su futuro democrático. Desde ya se puede vislumbrar la construcción de un proyecto político católico-conservador para encarar las elecciones presidenciales de 2018.

¿Es conveniente buscar el respaldo de Uribe a la paz?

Una paz completa y duradera no pasa por la adhesión de Uribe al proceso de paz, es por el contrario el fortalecimiento de la paz lo que podría generar el debilitamiento progresivo del uribismo y de su discurso. De la misma manera que el fracaso de las negociaciones del Caguán permitió la creación del “personaje” Uribe, el éxito de las negociaciones de La Habana podría significar su “muerte política” a mediano plazo.

Para estar en contra de la paz

En la medida en que el paramilitarismo y la ultraderecha siguen (desafortunadamente) siendo un actor importante en el país, la recolección de firmas debería preocuparnos más de lo que creemos. Por eso el apoyo al proceso de paz –uno crítico y propositivo, en aras de un modelo de paz distinto– debe pensar también, prontamente, qué hacer con el gran disparate de un movimiento en contra de la paz.