Algunas reflexiones a propósito de la nueva Ley de Protección Animal

Por ahora es necesario superar dos simplismos: por un lado, el sentimentalismo que nos lleva, a lo mucho, a ser “amigo de los animales” y a defender “mascotas”, condenando fuertemente el maltrato animal contra unas especies, pero legitimando el maltrato contra otras. Y por el otro, no podemos reducir la lucha por la liberación animal y los derechos de los animales a una cruzada moral e individualista sin trascendencia social y política.

Con consulta o sin consulta las corridas de toros se tienen que acabar

El movimiento animalista convenció al país, con argumentos, acerca de la necesidad de prohibir las corridas de toros. A pesar de los ataques mediáticos se posicionó en el debate público y logró articular su discurso con el tema de paz. Por ahora, no ha logrado conquistar el instrumento que había proyectado alcanzar para que se prohíban las corridas de toros en Bogotá, pero se ha ido abriendo un camino importante.

La parábola de Pepe y Pablo

Pienso que hay cierto tipo de impulso prometéico en todos los seres humanos. Ciertamente existe uno en el caso de los micos de Patarroyo, como también había uno en el sueño de Pablo Escobar de crear un “jardín del Edén en el que ninguna fiera se comiera a otra especie”. Un impulso similar fue el que llevó a sus verdugos –y a aquellos de Pepe el hipopótamo- a inmortalizar ese momento en que fueron más grandes que la vida.