Carta abierta al Departamento de Sociología – UNAL

En Colombia hay más de cien mil presos y mientras universidades como los Andes y la Gran Colombia tienen programas carcelarios, la Universidad Nacional ni siquiera los vislumbra. Más bien, de forma muy innovadora y “emprenderista” permite que los sectores más pobres de la sociedad entren tan sólo a lavar baños o cuidar edificios, limpiando todo eso que contamina una ciudad universitaria blanca

“Una medida de aseguramiento no se le niega a nadie”

Más allá del posible desliz terminológico en la forma en que los medios presentaron la noticia al confundir la captura con la imposición de una medida de aseguramiento (esto partiendo de la buena fe de quien advirtió el peligro que representa esta iniciativa), lo cierto es que esta manifestación pone en evidencia una forma particular de interpretar el papel de la prisión en la sociedad y una noción de seguridad separada de las realidades sociales e institucionales de nuestro contexto y del respeto por los Derechos Humanos.

Llover sobre lo mojado: la demanda de prisión luego de la experiencia de la Ley de Justicia y Paz

En el marco de la justicia transicional, la pena debe cumplir, antes que nada, unos fines restaurativos frente a las víctimas, y otros orientados a la reincorporación a la comunidad. Sin embargo, una lectura de la experiencia de resocialización de los postulados de Justicia y Paz mostró la incapacidad de generar escenarios materiales de restauración y condiciones óptimas para la reconstrucción del tejido social y comunitario con víctimas y comunidades, así como una respuesta inoportuna en términos de tratamiento penitenciario.

Cárceles, participación y transformaciones para la paz

El momento exige la confluencia de todos los procesos, de todas las agendas y de todas las esperanzas del conjunto de la sociedad. Para esto la participación de la población privada de la libertad y sus familias es fundamental y necesaria, no solo como un ejercicio de defensa de los derechos humanos, sino como una garantía para una verdadera democracia, base fundamental para la superación del conflicto y la edificación de una paz con justicia social.

Privatizar el castigo: la historia de un ladrón de queso

¿Y si echáramos una mirada al interior de las prisiones de tanto en tanto? ¿Y si reconociéramos que las sociedades desiguales agrupan a la vez que excluyen? ¿Y si reconociéramos la contingencia de ser quienes somos y no ladrones, asesinos o indigentes? Ya lo advertía Dostoievski hace más de un siglo: “las normas de la civilización de un país pueden juzgarse al abrir las puertas de sus prisiones”.

Por el reconocimiento de todos los presos políticos en Colombia

Si bien los presos políticos de guerra se benefician de un estatuto jurídico particular, a través del delito político, cuya reactivación con ocasión del proceso de paz podría resolver favorablemente su situación, la cosa es muy distinta para los demás presos políticos, que podemos calificar como “civiles”. En efecto, estos últimos no se benefician de un estatuto propio, pues el Estado niega su existencia, y podrían crecer en número en el “posconflicto”.

Y entre tanto debate de justicia transicional, ¿por qué centramos el debate en la cárcel?

Para el Procurador pareciera que los derechos de las personas (a que no las maten en la guerra o a que no las fumiguen aun sabiendo los impactos en salud, alimentación y ambiente) no debieran ser el objetivo final del sistema jurídico, sino simples herramientas para impedir cambios políticos que beneficien a la sociedad. Mejor dicho, un verdadero exponente del conservadurismo colombiano.

Movimiento Nacional Carcelario: un nuevo escenario de organización y lucha por la dignidad

Si el Sistema de Prisiones no cumple los objetivos que formalmente se le han asignado, y no puede brindar condiciones de vida aceptables a las personas, debe disminuirse drásticamente su población tomando como criterios el daño social ocasionado por las conductas y las situaciones de vulnerabilidad social en que se encuentran muchas personas actualmente confinadas.

¿Superar el hacinamiento?

Lo que se puede afirmar es que existiendo una política que privilegia la criminalización como respuesta a las situaciones de marginación, resulta prácticamente imposible esperar un cambio significativo en lo cuantitativo, y menos en lo cualitativo, en términos de superar el hacinamiento y que la prisión tenga un impacto positivo en las personas que la llegan a habitar.