Por la Bogotá querida, deseada y construida colectivamente*

La cultura debe ser el hilo que entreteja la política pública. Cultura entendida como configuración de sentidos, como significación de las dimensiones éticas, estéticas y afectivas de los individuos y colectivos, como entrecruzamiento de entramados que se configuran en las prácticas sociales de los ciudadanos en sus distintas trayectorias y formas de habitar la ciudad, de apropiarse de ella en su diario transcurrir en medio de complejas luchas de poder y de diversas tentativas por democratizar la ciudad.

El goce y la mirada del Otro

Esta reflexión fue originalmente presentada en el evento “Jornadas sobre la pregunta en la disyuntiva actual de las sociedad colombiana”, organizado por Analítica. Asociación de Psicoanálisis de Bogotá y la Escuela de Estudios en Psicoanálisis y Cultura de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. En el evento, el público y los invitados discutieron sobre la situación colombiana a partir del cuento “La pregunta” de Stanley Ellin, traducido y publicado en el Archivo Mario Arrubla.

La violencia del fútbol en Colombia

En Colombia (y en América Latina) se ha responsabilizado, particularmente, a las “barras bravas” como los promotores principales de la violencia del fútbol, dejando a un lado a otros actores que pueden incitar e incluso participar de la violencia; por ejemplo, la policía, los directivos de los clubes, el ente organizador de los campeonatos profesionales o los medios de información.

Las mentalidades son prisiones de larga duración

Aquello de la educación para toda la vida, una consigna que se fue imponiendo como desiderátum en las sociedades contemporáneas, nos muestra con claridad que nos debemos mantener en un aprendizaje constante en lo que se refiere a la adquisición de patrones culturales que garanticen que los avances jurídicos en torno a los derechos de las llamadas minorías sean respaldados en los diversos espacios societales.

Agravios Burocráticos

Hay ocasiones en las que la burocracia está justificada por otros problemas que evidencian una crisis más profunda, mientras que en otros, como en el de la legalización de títulos obtenidos en el extranjero -el cual está sustentado en la Convención de Ginebra- se evidencia un círculo vicioso imposible de justificar.

La trampa de ser feliz

De la elevada posición que nuestra sociedad le otorga a la felicidad se desprende el complicado e incómodo lugar donde se encuentra la izquierda hoy en día. La izquierda auténtica no promete felicidad –al contrario casi siempre es crítica y malhumorada. Inclusive te amenaza ¡tres días sin recoger la basura! ¡Estantes sin variedad, quizá vacíos! Los fines a largo plazo, las motivaciones, el contexto, los resultados (países con estantes vacíos donde los niños no mueren de hambre, a diferencia de la Guajira colombiana), el conocimiento, las intenciones, eso no importa. Importa la felicidad.

“Pa que se acabe la vaina”: un comentario

Parece muy tímido un futuro deseado, por no llamarlo una utopía, basado en la afirmación de un liberalismo y una modernidad “verdaderos” en contra de la simulación que de ellos ha hecho la oligarquía. Los retos del mundo contemporáneo, en particular la necesidad de reformular nuestra relación con la otredad y la diversidad, cuestión crucial en un país en guerra como Colombia, así como con la naturaleza, evidencian los límites de ese horizonte normativo.