¿Cómo interpretar la estigmatización a Petro por parte de sectores “centristas”?

Es necesario que la izquierda y el “centro” entiendan que deben aliarse para que haya por fin un verdadero cambio democrático en Colombia, tanto en el poder como en la sociedad, y que esto pasa por renunciar a la idea de “pureza”. Parece que la izquierda lo entiende cada vez más, pero por el lado del “centro” hay sectores que obstaculizan tal acercamiento. Estos sectores tendrán que decidir algún día si quieren ser copartícipes del cambio o seguir siendo funcionales al conservadurismo.

La renovada articulación entre género, religión y política y el panorama postelectoral en Colombia

Convertida en una apuesta por restaurar su fracturada hegemonía en relación con el control de la sexualidad, la lucha contra la llamada “ideología de género” ratifica el avance de un “gran frente” conservador en defensa de la “familia tradicional” (léase heterosexual) y de la moral cristiana, que se ha desplegado con fuerza a lo largo del continente a través de diferentes estrategias.

Filosofía del miedo y elecciones políticas

Todo demagogo, entonces, sólo tiene que tener los oídos bien abiertos e identificar una amenaza, un peligro, un temor; en pocas palabras, “un chivo expiatorio” que le permita representar todas las calamidades sociales, las inseguridades y los temores de la gente. Una vez identificado o construido, usando la mentira si es necesario, sólo hay que echarlo a andar. En Colombia ese “chivo expiatorio” es la nebulosa idea del castro-chavismo, es lo “Otro”, es el “Mal absoluto”.

Lo que demuestra la dificultad de construir una coalición de centro izquierda

El resultado de las elecciones al Congreso para la centro izquierda no fue malo, pues se avanzó un poco con relación a las votaciones de hace cuatro años. Sin embargo, este panorama menos peor se ve ensombrecido por la campaña presidencial que arrancó y por la imposibilidad de las fuerzas liberal-progresistas de unirse y, aún más, de conversar y no atacarse

“No más polarización” o las paradojas del miedo a la política

Llamar a no polarizar, en los términos en que se ha venido haciendo, no solo es igual a polarizar, sino que es equivalente a excluir aquellos sujetos y aquellas demandas y necesidades que han sido excluidas del terreno de lo político, implica oponerse a posicionar en la agenda pública temas necesarios para la construcción de la paz y dar continuidad a una estrategia discursiva del “centrismo no civilizador”.

Propuestas en seguridad y justicia penal: de derecha a izquierda

A propósito del ambiente electoral, me he dispuesto entregar al lector un análisis comparado de las propuestas presidenciales en materia de dos ítems que colonizaron la mayor parte del debate público en el país: la seguridad y la justicia. Para lo anterior, analizaré la candidatura a lo largo de tres categorías a las que asignaré un puntaje correspondiente que me permita estimar cuál sería la mejor opción desde mi punto de vista

Gustavo Petro, el Populista maldito.

Ya que el populismo es —si estamos en lo correcto, como creo que lo estamos—una lógica discursiva de equivalencia identitaria —y no una ideología—, sería un error considerar al populismo como (esencialmente) oposición de democracia. Es el proceso mediante el cual un concepto determinado (en la identificación al mismo) adquiere carácter de sentido común, que bien podría oponerse a principios democráticos o potenciar y radicalizar su deber ser.

¿Por qué tememos tanto a Petro?

Le tememos tanto a Petro porque la democracia liberal aún nos asusta. Nuestra concepción de la democracia liberal es demasiado restringida como para darnos cuenta de que aquello que la amenaza no es el supuesto peligro del “castrochavismo” o del “populismo” sino la manera misma en que ponemos en práctica la discusión pública

La promesa incumplida de la participación política

Ante la desunión y dispersión de estas fuerzas, solo queda apoyar de forma abrumadora alguna de las alternativas que ya están puestas sobre la mesa: tanto aquellas que buscan evitar que gobiernen otra vez “los mismos con las mismas”, como aquellas que impulsan personas decentes. Dado todo lo que está en juego, estas opciones deberían dejar de competir entre sí y buscar apoyo en grupos sociales que no estén convencidos ya de todo esto. Perder el primer tiempo el 11 de marzo sería un error catastrófico.