Sintiendo y viviendo el terrorismo de Estado: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza

La maquinaria del ministerio de Guerra (policía, fiscalía) como en el cuento de Orwell aceleró su funcionamiento y en el nombre de la estabilidad social enviaron a la cárcel a los(as) 13 presuntos responsables. ¿De qué delito? Hasta ahora nadie lo sabe. ¡El gran hermano te vigila pero también te castiga!

¿Es posible un Estado democrático? Pensemos en las detenciones masivas a periodistas, estudiantes y defensoras de derechos humanos

La gran mentira del Estado consiste en decir “Soy democrático” cuando se acoge más a lo que dice la ley que al clamor creativo y potente de una comunidad que se mueve y que se moviliza. Imaginemos una comunidad que comprende esta simple, radical y cautivadora apuesta que llevan a cabo estos presos políticos y con ellos una multiplicidad de voces que se unen a su defensa… como esta.

¿Cuál mundo común después de los atentados de París y de Túnez?

En este contexto marcado por el terrorismo y a pesar de la fractura social de la sociedad francesa y de la polarización de la sociedad tunecina, la cuestión que debe seguirse planteando es la siguiente: ¿cuáles son las condiciones de posibilidad de un mundo común que permita el vivir-juntos? ¿Cómo hacer posible el diálogo, el encuentro con el Otro y la circulación de la palabra entre las diferentes facciones de la sociedad y entre los países?

Amenazas e intimidaciones en las universidades públicas

Las amenazas crean un escenario inverso al que pretendían implantar los amenazadores, es decir, crean en nosotras y nosotros la voluntad de acompañar de la forma más fraterna y abierta a quienes sienten la angustia de ser señalados por quienes no han comprendido que un lenguaje que pretende acallar, deja de ser lenguaje, deja de cumplir la labor crítica que tiene todo ser humano.

Asesinato a líderes sociales y falta de garantías

Si desde el año pasado se vienen multiplicando las amenazas de muerte contra comunicadores, líderes sociales y campesinos; y si esta estructura represiva no parece cambiar ni disminuir a pesar de estar en medio de un proceso de paz, debemos buscar otros caminos intransitados para resistir estas formas de violencia estructural, debemos resistirnos al olvido inmediato y veloz de estas voces que retumban, resistirnos al silencio y a la ausencia y habrá que tomarnos en serio el Daño Político -con mayúscula- que este tipo de asesinatos causa a los movimientos sociales, a la búsqueda de la democracia en el país y a la construcción de la paz.

La asfixia, el estado racista y la movilización social en defensa de las vidas negras

¿Cómo existir para los otros cuando el aire por el que circula la voz está contaminado con gas lacrimógeno? El movimiento social y la protesta popular constituyen una respuesta, se trata de multiplicar la singularidad de la voz rechazada por el estado racista en la pluralidad de todas esas gargantas congregadas en las calles. Se grita “¡no puedo respirar!” para transformar la asfixia del estado racista, para limpiar el aire contaminado ya no con el aire acondicionado del capital corporativo sino con el que circula, impropio, por las gargantas en común de la protesta popular.

¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Nuevamente los actos de represión e intimidación en contra de la población, de la educación popular rural y del movimiento estudiantil, volvieron a resurgir. Sin embargo la generalización del miedo y las campañas de desinformación mediática no pudieron evitar el desarrollo y gestación de un proceso que comenzó a evidenciar un estado de agotamiento social, de desesperación colectiva ante un sistema político que respondía ante cualquier demanda social con el uso “legítimo” de la violencia.

El artificio paramilitar

Las prácticas paramilitares están al nivel de deseos e intereses propios. Ante nuestras desgracias, no podemos seguir culpando a los grandes universales de religión, patria y familia; el problema paramilitar radica en que miles de colombianos estamos a la merced de un juicio que está a medida del delirio de “unos”, que no perciben el mundo fuera sus deseos de apropiación territorial.

La masacre de las bananeras y la ontología política de la fotografía de Juan Carlos Henao: Gabriel García Márquez y Ariella Azoulay

La ontología política de la serie de 12 fotografías de Juan Carlos Henao sobre la masacre de las bananeras, consiste en producir un enunciado que reconstruye el evento sin estetizar su violencia, es decir, que presenta la masacre no como una experiencia de goce estético, sino de reflexión crítica.

50 años de vigencia de la política de terror

En Colombia han cambiado las cosas en 50 años, pero persisten los problemas que mantienen vigentes los conflictos y también se mantienen casi intactas las estructuras de la política de terror y, mientras eso ocurra, no será posible hablar de posconflicto. Hemos cambiado la forma de ser humanos, pero también afirmado las técnicas de la muerte y las posibilidades de la esperanza.