Una academia lenta y sensible

El año nuevo, después del trajín del fin de año, de dar cierre y de correr para acabar, me ha permitido, en la calma de enero, pensar en el año viejo y en las prácticas que quisiera cambiar radicalmente y que han generado malestares en mi cuerpo. En este sentido y siguiendo a Silvia Rivera […]

Sobre Desgracia y la distorsión de la escucha masculina: acoso sexual, amor y violencia encubierta

El acoso no se va a acabar simplemente castigando y señalando en un tribunal. Antes bien, se trata de un arduo trabajo encargado de generar espacios y prácticas de reconocimiento, respeto y cuidado en la vida diaria: videos, charlas, clases, foros, cátedras, posters, películas, artículos, campañas, emisiones televisivas y radiales

Caballero, Perogrullo, la banalidad y la crudeza*

“Proponer un masaje”, “coger una rodilla por debajo de la mesa”, “tratar de dar un beso en la boca sin haber sido invitado”, puede ser algo trivial, cuando no implica un abuso de poder. Pero si el acto es realizado por una persona que aprovecha su posición dominante como jefe, sacerdote, presidente de la república, personaje nacional, productor de una película, profesor de un colegio o de una universidad, o simplemente hombre en una cultura machista, la conducta se convierte en una infamia y en un delito.

El revuelo de una palabra

Lo que se esconde detrás del debate es algo menos fácilmente asible desde la gramática. La mayoría de mujeres nos sentimos incluidas en el plural masculino, y por eso mismo la norma aún no cambia y a muchas mujeres les parece absurda la petición, mientras que la mayoría de los hombres no se sienten incluidos en el plural femenino. Es decir, si se usara solamente el plural femenino para referirme al total de una población compuesta por hombres y mujeres, incluso si las mujeres son mayoría, los hombres se sentirían ofendidos, su hombría se cuestionaría. Ser nombrado en femenino está mal visto y de ahí han salido todas las formas de ridiculizar la orden a la Alcaldía. No se trata entonces de la economía del lenguaje que tantos defienden, se trata de la costumbre.

El lenguaje incluyente: cuestión que no es sólo de género

Queda en evidencia que la preocupación por el lenguaje no es de ninguna manera un asunto menor, y que darle prioridad al lenguaje no opaca ni desdibuja otros elementos de las políticas públicas. Al contrario, la discusión sobre el lenguaje aporta decididamente en esa lucha por avances en la inclusión social y muestra de eso es el debate que la decisión sobre el distrito capital ha generado. Hoy la ciudad está pensando no solo en el lema, sino en cómo es de importante evaluar las políticas sobre mujeres de la Alcaldía Mayor y cómo eso parte incluso de sus acciones comunicativas.

25 de noviembre: violencias y resistencias

Así bien, aun cuando el 25 de Noviembre tiene cada vez más ese carácter institucionalizado, y aun cuando los distintos ejes de opresión nos querrían divididas y de una en una, es importante que sigamos gestando prácticas colectivas donde la apuesta por recuperar el espacio común de lo político sea una forma de resistencia que cuestione las violencias, a la vez que proponga transformaciones de fondo desde voces, miradas y experiencias propias, autónomas y creativas.

La paz incompleta y el re-continuum de las violencias hacia las mujeres

La superación del continuum de las violencias en medio del proceso de paz seguirá representando un enorme desafío que pasa por echar a andar diversas medidas tanto en la implementación de los Acuerdos de Paz como en la transformación de imaginarios militaristas reproducidos socialmente que se traducen en prácticas violentas hacia los cuerpos de las mujeres y que no están solamente ligados a las dinámicas del conflicto armado.

La ideología de género y otros disparates

Por supuesto que considerar que los roles tradicionalmente asignados a mujeres y hombres no son naturales hace que éstos dejen de ser obligatorios y permite que pensemos en otras posibilidades de vida para todas las personas, más aún, para quienes no se sienten identificadas/os en la estrechez del binarismo sexual y de género. Por eso, no es aceptable un discurso que ni siquiera proviene de los textos que dice criticar. Mucho menos cuando ataca nuestras posibilidades de ser y realizarnos como personas. Al contrario, es necesario hallar otras maneras de encontrarnos y de resolver estas situaciones.

Culpa, explotación y apropiación de las mujeres: sobre dos recientes “llamados al orden”

Y si los “llamados al orden” no son acatados, no hay por qué inquietarse, siempre hay formas de restablecer ese orden (insultos, abiertas y soterradas formas de exclusión, violaciones… Una lista ciertamente extensa). Es más, si es necesario, se recurre a la fórmula de “salvar a las mujeres de sí mismas” porque no saben lo que hacen o lo que dicen. Y no hace falta hacer un gran esfuerzo para encontrar ejemplos de esta maniobra que permite que las mujeres sepamos dónde “tenemos” que estar, cuál es nuestro lugar, por si acaso se nos olvida (o decidimos simple y llanamente no ocuparlo).

¿Tiene sentido que exista el feminismo?

Así también, cuando una mujer lastima, hiere o asesina a un hombre se supone que estamos ante la prueba fehaciente de los peligros del feminismo: el feminazismo acecha. Como si cualquiera de esas situaciones fuera efectivamente consecuencia de un sistema histórico con raíces profundas que haya atacado, asesinado, violado, mercantilizado, explotado o que haya negado el acceso a derechos básicos a los hombres o las personas con piel blanca.

El feminismo no mata: a propósito de una columna anti-feminista cuyo autor se pretende defensor de un “feminismo riguroso”

Muy al contrario de lo que el columnista del Espectador afirma, pensadoras feministas han puesto de presente la importancia de incluir la “variable” sexo, y también la de género, en las investigaciones sociales y naturales. Los feminismos han avanzado serias reflexiones sociales, económicas, epistemológicas, ontológicas y políticas. Eso es feminismo riguroso, no estalinista, oscurantista, doctrinario ni obstinado.

El Primero de Mayo y el trabajo invisible

La lucha por el trabajo digno, razón por la que salimos el primero de mayo, no solo es la lucha por la idea abstracta de un único tipo de trabajador hallado en los “espacios convencionales” del trabajo. Es la lucha por unas condiciones de trabajo dignas para las mujeres en su vida cotidiana. Un reconocimiento de los cuerpos dobles que nos rodean y trabajan por nosotros.