Circunscripciones de Paz: ¿existirá una vía entre el neoclientelismo y el neoleninismo?

La situación inédita creada por la definición de regiones de atención prioritaria, definidas como circunscripciones de paz, podría ser una oportunidad para la experimentación de nuevos modelos participativos y democráticos de planeación y de gobierno. Sin embargo, el contexto social y político tanto nacional como internacional, que parece oscilar entre neoclientelismo y neoleninismo, no pinta muy favorable a un reforzamiento de la cultura democrática.

¿Para dónde va Colombia?

Nada ni nadie puede asegurar que la transición democrática irá a buen puerto, ni tampoco que todo siga igual como antes de 1991. Sólo la lucha decide, como diría el marxista italiano Antonio Gramsci. Lo que sea que pueda ser, depende de lo que las fuerzas progresistas, democráticas y emancipatorias, puedan realizar y lograr en términos de correlación de fuerzas sociales y políticas a favor del cambio, de un nuevo país.

Revocatoria y democracia: el difícil camino de la participación ciudadana en Colombia

Los defensores del Alcalde manifiestan un rechazo absoluto a la revocatoria con argumentos baladíes, como que Peñalosa es un gran administrador, urbanista y conocedor como ninguno de la ciudad y su problema es que no sabe comunicar o que es mal político. Si todo esto fuera cierto, no habría de que preocuparse porque convocados los ciudadanos en un proceso electoral, con una buena campaña de información, ratificarían su mandato.

Invocar al pueblo para negar derechos

Hacer de las consultas populares una forma de ampliación de la participación y garantía del respeto de los derechos del pueblo, no se basa únicamente en un criterio procedimental según el cual “si lo dice la mayoría que votó, entonces es legítimo y hay que acatarlo”. Esto no quiere decir que los argumentos religiosos, científicos, o históricos de distinta índole no deban hacer parte del debate público, ni desconocer que nuestras ideas estarán siempre mediadas por lo que creemos, pero es necesario pensar en los límites y los alcances de los mecanismos de participación, cuando son usados para poner en juego derechos fundamentales.

¿Y dónde está el Estado colombiano en los tiempos de paz?

Necesitamos un Estado descentralizado, cuyas instituciones gobiernen desde las regiones y sus funcionarios respondan a las dinámicas locales-comunitarias y no al aparato burocrático central. Así podremos ir encontrando al Estado perdido y suplantado, así podremos hacerlo propio y colectivo. El Estado de la vida cotidiana, el de nuestros sueños y el de nuestras esperanzas, el de nuestros cuerpos y territorios.

Por la Bogotá querida, deseada y construida colectivamente*

La cultura debe ser el hilo que entreteja la política pública. Cultura entendida como configuración de sentidos, como significación de las dimensiones éticas, estéticas y afectivas de los individuos y colectivos, como entrecruzamiento de entramados que se configuran en las prácticas sociales de los ciudadanos en sus distintas trayectorias y formas de habitar la ciudad, de apropiarse de ella en su diario transcurrir en medio de complejas luchas de poder y de diversas tentativas por democratizar la ciudad.

La política de la irresponsabilidad y la ética de la revolución

En tiempos caóticos, lo más responsable es ser conscientes de la inestabilidad permanente, de ese largo periodo de transición en el que no sabemos hacia dónde vamos, pero sí sabemos cuáles son los genuinos problemas globales que debemos atacar. A contrapelo del conservadurismo oficial que desea políticas de izquierda signadas por la moderación, para nuestra caótica época la mejor manera de ser responsable es seguir defendiendo las convicciones más radicales.

La lógica del genocidio

Evitar el genocidio político es una necesidad que pasa por garantizar los derechos políticos tanto de los futuros desmovilizados como de todos los ciudadanos colombianos. Por lo tanto, invita a pensar en maneras de desactivar la posibilidad de que se combinen balas, dinero y votos, algo que no parece estar entre las prioridades de las élites que han sacado provecho de ella.

Garantías, seguridad, participación y confianza: Algunos retos para avanzar hacia la paz

Una vez desmovilizadas las insurgencias, ajustar y reacomodar poderes, termina siendo un gran desafío: las comunidades y sus organizaciones políticas han de ganarse un lugar importante y decisorio; las autoridades elegidas tendrán que ver a las comunidades como sujetos de derecho, poder de acción y decisión, pero además, asumir el papel de ejecutoras de mandatos otorgados por la población; las autoridades militares ocupar el lugar limitado y dependiente de la autoridad civil como corresponde, y despojarse de esa súper estructura onerosa que les permitió el establecimiento con la excusa del conflicto armado y bajo la cual tanto abuso han cometido.

La paz y el reto de la participación política

De tener lugar, el plebiscito planteado para la refrendar los acuerdos alcanzados en La Habana no sólo ha de servir para demostrar la legitimidad de la salida negociada al conflicto armado, también ha de ser uno de tantos ejercicios de activación política de la ciudadanía colombiana, quien ha de convertirse en protagonista del arduo proceso de construcción de la paz con justicia social.