Elecciones y movilización social: Para ir más allá de la Colombia Humana

Los 8 millones de votos por Gustavo Petro, venciendo al Uribismo y a todo el establecimiento político en las grandes ciudades y en el Pacífico, son un hito histórico que evidencia la apertura democrática ganada a pulso por las luchas populares. Pero ahora que la coyuntura electoral quedó atrás, es fundamental aclarar que para hacer realidad las reformas que planteó Petro (necesarias pero insuficientes), y para construir una Colombia libre y justa, hay que hacer mucho más que ganar una elección.

¿Por qué tememos tanto a Petro?

Le tememos tanto a Petro porque la democracia liberal aún nos asusta. Nuestra concepción de la democracia liberal es demasiado restringida como para darnos cuenta de que aquello que la amenaza no es el supuesto peligro del “castrochavismo” o del “populismo” sino la manera misma en que ponemos en práctica la discusión pública

La promesa incumplida de la participación política

Ante la desunión y dispersión de estas fuerzas, solo queda apoyar de forma abrumadora alguna de las alternativas que ya están puestas sobre la mesa: tanto aquellas que buscan evitar que gobiernen otra vez “los mismos con las mismas”, como aquellas que impulsan personas decentes. Dado todo lo que está en juego, estas opciones deberían dejar de competir entre sí y buscar apoyo en grupos sociales que no estén convencidos ya de todo esto. Perder el primer tiempo el 11 de marzo sería un error catastrófico.

Republicanismo plebeyo, por una alternativa política latinoamericana

Pensar cómo se construyen esas voluntades plebeyas, cómo desarrollan articulaciones para conformar instituciones y cómo se la juegan en la conformación de nuevas formas de gobierno y de organización será una de las tareas fundamentales de la teoría crítica latinoamericana. Es necesario asumir el terreno de disputa ideológica como parte de una batalla cultural y como escenario crucial para entender mejor esas reverberaciones fantasmagóricas, esas reiteraciones que van configurando lo que somos, pero que a su vez van permitiendo que nos situemos en relación con un futuro por venir.

Circunscripciones de Paz: ¿existirá una vía entre el neoclientelismo y el neoleninismo?

La situación inédita creada por la definición de regiones de atención prioritaria, definidas como circunscripciones de paz, podría ser una oportunidad para la experimentación de nuevos modelos participativos y democráticos de planeación y de gobierno. Sin embargo, el contexto social y político tanto nacional como internacional, que parece oscilar entre neoclientelismo y neoleninismo, no pinta muy favorable a un reforzamiento de la cultura democrática.

¿Para dónde va Colombia?

Nada ni nadie puede asegurar que la transición democrática irá a buen puerto, ni tampoco que todo siga igual como antes de 1991. Sólo la lucha decide, como diría el marxista italiano Antonio Gramsci. Lo que sea que pueda ser, depende de lo que las fuerzas progresistas, democráticas y emancipatorias, puedan realizar y lograr en términos de correlación de fuerzas sociales y políticas a favor del cambio, de un nuevo país.

Revocatoria y democracia: el difícil camino de la participación ciudadana en Colombia

Los defensores del Alcalde manifiestan un rechazo absoluto a la revocatoria con argumentos baladíes, como que Peñalosa es un gran administrador, urbanista y conocedor como ninguno de la ciudad y su problema es que no sabe comunicar o que es mal político. Si todo esto fuera cierto, no habría de que preocuparse porque convocados los ciudadanos en un proceso electoral, con una buena campaña de información, ratificarían su mandato.

Invocar al pueblo para negar derechos

Hacer de las consultas populares una forma de ampliación de la participación y garantía del respeto de los derechos del pueblo, no se basa únicamente en un criterio procedimental según el cual “si lo dice la mayoría que votó, entonces es legítimo y hay que acatarlo”. Esto no quiere decir que los argumentos religiosos, científicos, o históricos de distinta índole no deban hacer parte del debate público, ni desconocer que nuestras ideas estarán siempre mediadas por lo que creemos, pero es necesario pensar en los límites y los alcances de los mecanismos de participación, cuando son usados para poner en juego derechos fundamentales.

¿Y dónde está el Estado colombiano en los tiempos de paz?

Necesitamos un Estado descentralizado, cuyas instituciones gobiernen desde las regiones y sus funcionarios respondan a las dinámicas locales-comunitarias y no al aparato burocrático central. Así podremos ir encontrando al Estado perdido y suplantado, así podremos hacerlo propio y colectivo. El Estado de la vida cotidiana, el de nuestros sueños y el de nuestras esperanzas, el de nuestros cuerpos y territorios.

Por la Bogotá querida, deseada y construida colectivamente*

La cultura debe ser el hilo que entreteja la política pública. Cultura entendida como configuración de sentidos, como significación de las dimensiones éticas, estéticas y afectivas de los individuos y colectivos, como entrecruzamiento de entramados que se configuran en las prácticas sociales de los ciudadanos en sus distintas trayectorias y formas de habitar la ciudad, de apropiarse de ella en su diario transcurrir en medio de complejas luchas de poder y de diversas tentativas por democratizar la ciudad.