El oportunismo plebiscitario y la paz

Quienes hoy están en deuda con la paz no son las FARC ni es el Gobierno de Santos, sino los partidarios del No al Acuerdo. Su cuestionamiento, con argumentos falaces pero sonoros y escandalosos, a cualquier iniciativa que contribuya a la paz, evidencia que sólo ellos continúan pensando la política bajo el esquema amigo-enemigo; tanto que ni siquiera han tenido la delicadeza de rechazar con el ahínco que los caracteriza la guerra sucia en contra de los líderes sociales, la misma que pelecha en el ambiente de odio y venganza que su discurso contribuye a crear.

La crisis del orden «natural» y las emergencias organizativas como respuesta

Este orden “natural” neoliberal se ha expresado en Colombia vía despojo de tierras, industria extractiva, exportación de materias primas, desaparición violenta del opositor político, entre otras. Nuestro sistema en construcción -aún bastante frágil- de una mayoría social en torno a la solución negociada, recibe como respuesta la misma recomposición neoconservadora y fascista: la oposición a la restitución de tierras, al sistema de Jurisdicción Especial para la Paz, al esclarecimiento de la verdad, a la supuesta ideología de género, etc.

Cómo nos venció el lenguaje en la campaña por el SÍ

Necesitamos movilizar aquellos afectos que atraviesan a la población colombiana para así poder ver en ellos su potencial de acción política. No digo que juguemos a una manipulación de las emociones como lo hizo la campaña del NO liderada por el Centro Democrático que, gracias a las declaraciones de Juan Carlos Vélez Uribe, probó lo que el miedo, la indignación o el resentimiento pueden hacer. Digo que emprendamos un ejercicio de entendimiento del otro para dar la batalla, y desde allí, en su mismo terreno, desestabilicemos y cuestionemos aquello que hoy se opone a la implementación de los Acuerdos.

¡No contaban con el pueblo! ¡Acuerdo ya!

El Acuerdo de La Habana es políticamente legítimo y jurídicamente viable. El derecho no debería ser obstáculo al clamor de una sociedad que busca refundarse en torno a un ideal de paz y de reconciliación. Si el proceso de paz se estaba saliendo de las manos de los juristas y políticos, el respaldo popular que se está gestando en las calles es un espaldarazo y un llamado a sacarlo adelante.

La primavera de la paz

Esta es la Primavera de la Paz, tuvieron que transcurrir 14 años, miles de asesinatos y millones de pérdidas económicas y materiales para que entendiéramos como país que la guerra no va más. Ya hemos ganado el nobel (que lo merece es el pueblo colombiano por persistir en la paz), ya hemos ganado la extensión del plazo para el cese bilateral (que debe ser definitivo), ya hemos ganado la mesa con el ELN (que pronto debe arrancar), pero esta primavera no puede parar hasta ganar la más hermosa de todas las batallas: la paz, estable, duradera, real, democrática y completa.

Uribismo y acuerdo de paz: propuestas para perpetuar la impunidad y la iniquidad

Las propuestas contenidas en el documento presentado por el uribismo se pueden dividir en tres tipos: unas inocuas, dado que ya están dentro de los Acuerdos; otras aceptables, pues mejoran en cierto sentido el Acuerdo; y otras que rompen de tajo el acuerdo alcanzado, no sólo porque desconocen el contexto y la correlación de fuerzas en una negociación que lleva más de cinco años, sino porque son violatorias de los derechos de las víctimas.

La movilización después del 2-O

Vienen más marchas. Yo no sé cómo serán. Tengo claro, eso sí, que detrás de la plaza llena, las asambleas y los gritos hay esfuerzo de gente real que ya no puede creer en la esperanza ni en que todo saldrá bien porque eso dice el muro del Facebook todas las mañanas. Ahora sólo tenemos el esfuerzo concreto, ganemos o perdamos, para no morir de tristeza. Ese esfuerzo hay que cuidarlo, respetarlo y valorarlo, por supuesto, lo que nos implica una tarea dura pero feliz, de todos los días.

Perder una votación popular es cuestión de método

En la medida en que la élite política no tiene la última palabra en la decisión, se debe orientar el proceso de decisión para que tenga las mayores posibilidades de éxito ante el decisor final: el pueblo en su diversidad. Lo que implica la necesaria búsqueda del más amplio consenso político y social. La práctica del voto popular permite también, por medio de la expresión de las consignas de voto, extender la responsabilidad de las decisiones y de sus consecuencias al conjunto de los actores políticos, y no solo al gobierno.

La elección fue el odio

Los abuelos de quienes hoy ejercen la política en Colombia, a mediados del siglo XX, después de una guerra horrible que su nombre lo sintetiza “La Violencia”, dividieron los pueblos y los campos, crearon divisiones imaginarias en el espacio y en la vida, donde les decían a grupos sociales homogéneos, a quiénes deberían vivir aquí y a quiénes allá, a qué personas debían querer y a quiénes odiar; los valientes que pasaban estos límites muchas veces ponían en peligro su vida.

Ni victoria ni derrota. Esto es una crisis

Así que esta no es ni una victoria ni una derrota. Es una situación de crisis. No conozco ahora mismo las respuestas ni las salidas y también me cuesta pensarlas porque todos estamos elaborando el momento. Sin embargo, en una situación donde estamos ante todos los riesgos y todas las oportunidades, existe la virtud de que la vía militar, incluso para el ELN aún en armas, se ha ido clausurando al punto de impedir al propio uribismo defender cualquier cosa que no esté en el campo de las soluciones políticas.