Filosofía del miedo y elecciones políticas

Todo demagogo, entonces, sólo tiene que tener los oídos bien abiertos e identificar una amenaza, un peligro, un temor; en pocas palabras, “un chivo expiatorio” que le permita representar todas las calamidades sociales, las inseguridades y los temores de la gente. Una vez identificado o construido, usando la mentira si es necesario, sólo hay que echarlo a andar. En Colombia ese “chivo expiatorio” es la nebulosa idea del castro-chavismo, es lo “Otro”, es el “Mal absoluto”.

La Posverdad en el mundo de la política sentipensante

El problema no radica en que las emociones sean un motor de nuestras acciones políticas, porque siempre lo serán, sino en que nuestras emociones sean producidas por creencias evidentemente falsas (como que los dineros de las pensiones ahora iban a ir a financiar la reintegración de las FARC). Nuestras ideas y nuestros sentires no están separados, nuestra razón y nuestras emociones están esencialmente conectadas, indiferentemente de nuestro nivel educativo. La política no solo la pensamos, sino que la sentimos; la sentipensamos.

La posverdad y el 2018

No afirmo que debamos abandonar la disputa por lo verdadero al impugnar las mentiras de los políticos a través de mecanismos democráticos; esta es una tarea necesaria. Sin embargo, este nivel de confrontación se queda corto al momento de comprender el fenómeno al que se enfrenta. La verdad, en sus estratos, sobrepasa de lejos la correspondencia entre los enunciados y los “hechos”, pues se juega ante todo al nivel de la racionalidad de proyectos políticos para los que lo verdadero pasa por aceptar, utilizar y moldear los enunciados en función de un fin político.