Bajo el yugo de las masas

Al comenzar esta columna había pensado acabar con un llamado a todos quienes producimos contenido que consideramos crítico y lo publicamos en Internet, a que nos levantáramos en contra de esas masas de comentaristas furiosos y los castiguemos con el proverbial látigo de la indiferencia. Pero, ¿cómo permanecer indiferente ante una horda de bárbaros? ¡Si es que ya nos han invadido! Que los dioses nos amparen.