Tumaco: Una masacre que nos interpela

Esclarecer la verdad de lo acontecido es una exigencia de la familia de Aldemar y de la comunidad en Tumaco, así como la de precisar los responsables. La masacre en Tumaco también exige el cumplimiento efectivo del punto cuatro del Acuerdo Final, lo cual implica, además del cumplimiento de las medidas de atención inmediata allí en donde se han suscrito acuerdos de sustitución, no perder de vista la relación entre el punto cuatro de solución al problema de drogas de uso ilícito y el punto uno sobre reforma rural integral, así como la primacía de la sustitución voluntaria sobre la erradicación forzada.

¿A quién le sirve la erradicación violenta de la coca?

En este contexto, la masacre de Tumaco es una desgarradora historia de un conflicto que viene gestándose desde el inicio de la implementación del Acuerdo y que tiene al menos dos bases: en primer lugar, la política contradictoria que traslapa erradicación forzada con sustitución concertada y, en segundo lugar, la grave estrategia histórica del Estado colombiano de “firmar lo exigido, para incumplir lo pactado”. Esta estrategia se ha decantado desde hace más de un siglo en un ciclo vicioso de violencia-negociación-acuerdo-incumplimiento-violencia.