El oportunismo plebiscitario y la paz

Quienes hoy están en deuda con la paz no son las FARC ni es el Gobierno de Santos, sino los partidarios del No al Acuerdo. Su cuestionamiento, con argumentos falaces pero sonoros y escandalosos, a cualquier iniciativa que contribuya a la paz, evidencia que sólo ellos continúan pensando la política bajo el esquema amigo-enemigo; tanto que ni siquiera han tenido la delicadeza de rechazar con el ahínco que los caracteriza la guerra sucia en contra de los líderes sociales, la misma que pelecha en el ambiente de odio y venganza que su discurso contribuye a crear.

Incoherencia moral y consistencia programática de los negacionistas

Los negacionistas siempre se opusieron a la negociación del gobierno de Santos con las FARC, porque consideraron que tras 8 años de confrontación abierta durante Uribe, la guerrilla estaba debilitada y los intereses que representaba el gobierno se habían fortalecido en el campo económico y político. Ya no había que negociar, mejor era continuar con la confrontación abierta, hasta forzar la renuncia de la causa insurgente, sin ceder nada a cambio.

¿Es Álvaro un hablamierda?

La relación de Álvaro con la verdad es problemática. Su discurso es incongruente y ventajoso. Le han dicho mentiroso, embustero y mezquino. Daniel Coronell le dice oportunista e hipócrita. Santiago Gamboa lo acusa de ser el precursor en Colombia de la política de la “post-verdad”. Sin embargo, no todo discurso deshonesto es mentiroso. El discurso deshonesto, sobre todo en política, puede llevarse a cabo mediante mecanismos sutiles de desubicación, manipulación y engaño. Conocerlos será útil para contrarrestarlos.

Uribismo y acuerdo de paz: propuestas para perpetuar la impunidad y la iniquidad

Las propuestas contenidas en el documento presentado por el uribismo se pueden dividir en tres tipos: unas inocuas, dado que ya están dentro de los Acuerdos; otras aceptables, pues mejoran en cierto sentido el Acuerdo; y otras que rompen de tajo el acuerdo alcanzado, no sólo porque desconocen el contexto y la correlación de fuerzas en una negociación que lleva más de cinco años, sino porque son violatorias de los derechos de las víctimas.

¿De verdad hay razones para votar “No”?

Cuando los uribistas afirman que el Acuerdo conduce al ascenso inmediato de las Farc al poder, gracias a los recursos políticos (curules) y comunicativos que tendrán las Farc, nos dicen por debajo de cuerda que no hay nadie en sus filas que tenga la capacidad intelectual y política para detenerlos democráticamente o vencerlos en debate. En esto hay que conceder que al menos hacen un diagnóstico honesto –aunque inconsciente- de sus propias capacidades.

El Uribismo y su doble moral: del favorecimiento a la impunidad de las AUC a la “resistencia civil” contra el proceso con las FARC-EP

El uribismo fue reiterativo en impulsar distintos proyectos de ley que desconocían los derechos de las víctimas y otorgaban amplios beneficios a los grupos paramilitares. La normativa finalmente aprobada incluía muchas de estas medidas, por lo que la Corte Constitucional debió declarar inconstitucional varias de éstas y condicionar otras más. Es, entonces, moralmente reprochable que esta fuerza política utilice el discurso de los derechos humanos para oponerse al proceso de paz, cuando en su momento fue clara la voluntad de desconocerlos en el caso de las víctimas de los grupos paramilitares.

Para estar en contra de la paz

En la medida en que el paramilitarismo y la ultraderecha siguen (desafortunadamente) siendo un actor importante en el país, la recolección de firmas debería preocuparnos más de lo que creemos. Por eso el apoyo al proceso de paz –uno crítico y propositivo, en aras de un modelo de paz distinto– debe pensar también, prontamente, qué hacer con el gran disparate de un movimiento en contra de la paz.

La impostura de la “resistencia civil” uribista

En la Colombia contemporánea, la resistencia civil es la que ensayan y ensayaron las comunidades barriales de las ciudades, los campesinos de pueblos y veredas del país proverbialmente olvidados por los gobiernos bipartidistas, las comunidades afro-descendientes del Pacífico y los pueblos indígenas del Cauca, contra la guerra y los efectos perversos de exclusión y de pobreza propios del modelo neoliberal extractivista y reprimarizador.

Santiago, mi hermano

No es que desconozcamos que la Fiscalía tiene suficientes problemas en materia de corrupción y en la forma en que se relacionan con la vida política del país, ni tampoco que Montealegre haya logrado articular esos problemas de una manera muy peculiar. Se trata de que Uribe y sus hermanos menores han querido siempre hacer política por encima de la ley y que conseguir impunidad para tal práctica es más fácil cuando se es gobierno y más enredado cuando se es “oposición”.