* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

Justicia es un término ambiguo en este caso, pero lo cierto es que el gobierno de Santos no es un gobierno pasivo ante las causas del inconformismo que va tomando cada vez más fuerza y consistencia en el país. Además, lo que es claro hasta ahora es que el panorama político de los últimos meses ha revelado, por un lado, mayores fisuras en el gobierno en cuanto a su plan de “desarrollo” y, por otro lado, ha hecho emerger nuevas y mayores posibilidades para que algunos asuman esta inconformidad y la lleven a las calles a través de bloqueos, paros, cacerolazos, protestas callejeras y otras formas de expresión. Ahora bien, esta situación -y es en lo que quiero enfatizar- ha repercutido en el magisterio con ciertas variantes.

Para muchos, más allá de sorprender, lo que pasó con el paro de maestros la semana pasada puso en evidencia lo que el mismo presidente dijo al celebrar el acuerdo con los negociadores de Fecode: “Estamos en el mismo bote, navegando en la misma dirección”2. Si fue tal el acuerdo, el paro claramente no tendría fuerza ni duración pues los profesores regresaron rápidamente a las aulas y, a diferencia del paro agrario que se consolidó como uno de los movimientos políticos más relevantes en los últimos años en el país, lo que pasó con el paro de maestros fue una mera “lluvia espantabobos”. Siguiendo con la afirmación de Santos lo que parece más sospechoso es precisamente a quiénes se refiere con ese “estamos” porque de entrada no parece contar con la mayoría de maestros que no se ajustan ni a los objetivos limitados del gobierno, ni a las reducidas demandas de los representantes del sindicato que vendieron sin más -sin descaro y sin vergüenza- el paro de maestros.

La situación de miles de maestros y maestras se encuentra, entonces, en un punto cumbre en el que hay que reconocer varias aristas. Primero, que una cosa es el magisterio y otra muy distinta es la dirigencia del sindicato, lo que quiere decir más concretamente que existe un importante sector del magisterio que cuestiona y que expresa gran apatía a la manera como Fecode ha conducido el sindicato en los últimos años. En este sentido, la crítica de los maestros es legítima pero se puede ampliar mucho más si profundizamos en el debate alrededor del carácter de las organizaciones gremiales del país. Es evidente que en las últimas décadas el sindicalismo en Colombia ha sido blanco de una sistemática política de persecución y exterminio por parte del Estado3. También es cierto que las distintas reformas educativas y laborales han afectado las formas organizativas de los maestros si pensamos por ejemplo en el aumento de colegios por concesión y de convenio que ha impedido que cientos de maestros puedan participar de manera activa en la vida sindical o política. Estas medidas no solo han tenido una manifestación directa en el plano material (mayor pobreza y explotación para la clase trabajadora), sino que también han repercutido en el debilitamiento de las organizaciones sindicales en el sentido en el que han dejado de ser organizaciones para la lucha y han privilegiado de manera consciente (o inconsciente) la política de los acuerdos, el dialogo, la concertación, las prebendas, el clientelismo, la politiquería etc.

Segundo, es también preocupante que en este efímero paro no se hayan puesto en discusión los problemas centrales de la educación básica y secundaria que revelan de manera concentrada los problemas estructurales del sistema educativo colombiano. La mayor mercantilización de la educación y su adecuación para la resolución de las necesidades del capital local y extranjero es más evidente en la formación básica, pues es de ahí de donde emerge gran parte de la mano de obra “no calificada” o “semicalificada” para las grandes empresas. Además se ha puesto en marcha la fórmula de racionalización de los gastos que ha implicado un aumento de cobertura con la misma infraestructura que afecta de manera directa el aprendizaje. Sin lugar a dudas, estas medidas han estado ligadas al modelo de privatización neo-liberal que para el caso de la educación básica y media se ha profundizado, como hemos dicho, mediante la construcción de colegios por concesión y convenio que se ajustan a la lógica de subsidio a la demanda y no a la oferta. Esto ha implicado que la responsabilidad de la educación se traslade del Estado hacia las familias quienes asumen la mayor parte de los gastos.

Lo anterior se conecta con un tercer punto que tiene que ver con el aumento de la deserción escolar. En un reciente artículo publicado en El Colombiano, a propósito de este tema, se afirma que en Colombia el 50% de los jóvenes abandona la educación secundaria4. Este alto índice de deserción, que no es contemplado por las cifras de cobertura del MEN, no puede más que suscitar preguntas: ¿Cuál es la situación actual de los jóvenes en el país? ¿Por qué los jóvenes dejan de estudiar? ¿Cuáles son las respuestas del gobierno y de los sindicatos del magisterio a esta preocupante situación? En efecto, la situación de los jóvenes es uno de los elementos cruciales a la hora de hablar de las diversas y múltiples problemáticas en las que se encuentra el país en términos de educación. El problema en términos generales parece ir más allá de un mero juicio de valor según el cual los jóvenes se la pasan perdiendo el tiempo en las redes sociales5 o con sus amigos en diferentes culturas juveniles; en el fondo el asunto es mucho más complejo que esto si se piensa por ejemplo en ¿por qué los jóvenes ingresan a la vida laboral tan rápidamente? ¿Por qué muchos tienen hijos antes de los 16 años? y peor aún si cuestionamos ¿cuál es la relación entre la deserción de los jóvenes y un innegable aumento del consumo de droga en los barrios? En general este tipo de situaciones despolitizan las vidas los jóvenes en tanto su tiempo no puede estar más que encaminado a la vida laboral, a la familia o a la dependencia de la droga que sostiene un complejo microtráfico, sobre todo en las partes periféricas de la ciudad asociadas con el paramilitarismo y la policía6. Finalmente podemos decir que los problemas de la educación exceden la escuela, el magisterio o el sindicato y es precisamente este exceso el que debe tenerse en cuenta a la hora de pensar en salidas reflexivas y críticas en torno a la situación de la educación en el país.

***

1http://www.elespectador.com/opinion/sera-sigue-columna-444969
2http://www.lanacion.com.co/index.php/actualidad/item/222321-presidente-santos-celebra-acuerdo-con -los-educadores
3Ver: Celis Juan Carlos, Valencia León. Sindicalismo Asesinado. Editorial Debate. Bogotá, 2012.
4http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/E/en_colombia_el_50_por_ciento_de_los_jovenes_abandona_la_ educacion_secundaria/ en_colombia_el_50_por_ciento_de_los_jovenes_abandona_la_educacion_secundaria.asp
5http://www.semana.com/especiales/articulo/asi-jovenes-colombianos/259207-3
6http://www.elespectador.com/noticias/judicial/policias-estarian-involucrados-muerte-del-patrullero-ja-articulo- 445928