* Palabras al Margen

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Desde que nacemos nos involucran en una red de relaciones competitivas que mantienen lazos de dominación y control sobre nuestros cuerpos. Y en particular, las relaciones dominantes que han ejercido alrededor del cuerpo femenino hacen creer en muchas ocasiones que nosotras obtenemos valor sólo por el tipo de relación de pareja que tengamos; si estamos casadas o no, si nos gustaría quedar embarazadas, si nos miran en la calle (aunque a veces nos miremos más entre mujeres), o cuántas personas nos sacan a bailar en una noche de fiesta. A veces creemos que las otras mujeres también son nuestras enemigas naturales y en muchas ocasiones esto se expresa en comportamientos suspicaces, defensivos y competitivos entre nosotras2.

Un ejemplo claro de este comportamiento lo vivimos entre aquellas mujeres ‘feministas’ que se sienten en un estado de superioridad sobre otras mujeres. Me explico, hay ocasiones en las que expresiones feministas, al rechazar el comportamiento de algunas mujeres frente a los hombres, subvaloran sus prácticas y asumen una actitud que sólo responde a una misma dinámica de dominación y de superioridad sobre las demás mujeres. Hace poco tiempo estuvo circulando por las redes sociales una gráfica en la que aparece un cerebro señalado por una frase que afirma lo siguiente “Esto es lo que hace linda” (Ver imagen inicial de este artículo). Esta ilustración fue enviada con mucha seguridad por distintos grupos feministas, organizaciones de mujeres y hombres asumiendo que representaba una expresión clara y un mensaje hacia aquellas que, según su criterio, responden a un patrón de ‘inteligencia’ asociada con la imagen del cerebro o para otros, que deciden aceptar que la ‘belleza física’ no importa y lo que debemos resaltar es un nivel de comprensión e intelectualidad que genera atracción. Sin embargo, este tipo de imágenes se presta para que aquellas mujeres que la asumen, sientan que ellas sí saben y comprenden lo que otras no. ¿Será que con este tipo de imágenes ellas se quieren sentir más lindas? o tal vez que, ¿aquellas mujeres que se quieren sentir lindas por lo que usan en su cuerpo, sus rostros, sus trabajos u otras múltiples maneras de ser, deben ser consideradas inferiores o poco inteligentes?

Considero que son prácticas que el movimiento feminista no puede reproducir. Al contrario, es una tarea urgente reconocer la diversidad de condiciones, gustos y criterios de las mujeres para emprender un movimiento que nos abarque a todas. Y por ello, resalto nuevamente un criterio de ‘hermandad’ que nos permita acabar con prácticas competitivas entre nosotras y, al contrario, abra caminos de conspiración conjunta en medio de escenarios de solidaridad que superen la idea de una opresión común.

No se trata de reconocer que todas nosotras, por el hecho de ser o de reconocernos como mujeres, vivamos las mismas relaciones de dominación y control, o que por esta razón, tengamos que asumir una única posición dentro del movimiento feminista. Para hacer del feminismo una pedagogía para todos y todas, es importante reconocer en la práctica que las mujeres somos diversas y bajo esa misma diferencia existen condiciones que varían las formas de dominación, explotación y discriminación que experimentamos a diario. En palabras de bell hooks diríamos que “las divisiones no se acabarán con una lectura romántica de la opresión compartida. Hay muchas mujeres que explotan y oprimen a otras mujeres” (1984, p. 43). Es decir, no necesariamente por ser mujeres vivimos lo mismo y por lo tanto, tampoco podemos asumirnos como compañeras cuando también existen mujeres que ejercen un papel de dominio sobre otras.

Otro ejemplo de esta situación lo vivimos en varias empresas de flores en donde las mujeres gerentes obligan a otras mujeres trabajadoras a practicarse una prueba de embarazo para obtener el puesto. O lo que sigue siendo un tema recurrente en películas como The Help o en castellano Criadas y señoras (2011) en donde se representa lo que piensan las mujeres afroamericanas que trabajan en las casas de mujeres blancas. En última instancia y citando nuevamente a hooks3 “las mujeres no necesitamos erradicar la diferencia para sentir solidaridad. No necesitamos compartir la misma opresión para pelear igualmente contra ella. No necesitamos tener sentimientos anti-masculinos para juntarnos” (hooks, 1984, p. 67). El reto del movimiento feminista se encuentra entonces en crear mecanismos de acción política que incluyan a todas las mujeres en sus distintos contextos y bajo sus características particulares para desaprender comportamientos sexistas.

Las mujeres en nuestra diferencia podemos llamarnos feministas y para ello es importante perderle el miedo también a la palabra. Sí, f e m i n i s t a s. A muchas de nosotras nos cuesta reconocernos como tal, ya sea porque no nos gustan las etiquetas o porque imaginamos sólo a un grupo de mujeres a la distancia. Sin embargo, la palabra feminista sí sigue siendo usada para referirse a una lucha antipatriarcal y con ello hacemos referencia a estar en contra de la desigualdad, de la permanencia de jerarquías y autoritarismos. Por lo tanto, no es una palabra que haga referencia exclusivamente a las mujeres, por un lado porque es difícil para algunas determinar adecuadamente a qué nos referimos cuando hablamos de ser mujer (u hombre) y para otras, porque sólo hace parte de un reconocimiento a la lucha histórica que han desarrollado muchas mujeres en el mundo. Por ahora sólo tenemos que decir que mientras se mantengan las condiciones de explotación y opresión sobre la mujer, necesitamos seguir usando esta palabra para ejercer la acción, lo que no quiere decir que el feminismo y nuestro ser feminista no deban ampliar la forma en que siguen siendo reconocidos y practicados especialmente entre nosotras.

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1Este es un apartado del artículo Feminismo para las que estamos afuera: http://munduberriak.org/?page_id=267
2Bell hooks (1984). From margin to center. Cambridge: South and Press. P. 48.
3Las citas reiteradas a bell hooks también son intencionales. Es una feminista que debería ser mucho más reconocida y citada por el movimiento feminista a nivel mundial. Ella se reconoce a sí misma como una ‘feminista revolucionaria’.