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* Palabras al Margen

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Hijo de Baldomero Sanín Vera y de Juana Francisca Cano –- Prima de Fidel Cano (1854-1919), quien fue periodista y fundador del diario El Espectador -, de cuya unión nacerían en total 10 hijos, siete mujeres y tres hombres. De chico le llamaban “Lelo”, y aprendió a leer por incitación de sus tías, también maestras de escuela. Su madre murió cuando tenía cinco años. Rionegro fue la cuna de este insigne intelectual y el lugar donde se firmó la Constitución de 1863, moderna, progresista, liberal, la que estableció un orden jurídico y político concebido como el régimen del Federalismo que duró hasta 1885 cuando una guerra civil alentada por los conservadores desintegró el proyecto político e impuso la Constitución de 1886, tradicionalista, centralista, autoritaria y presidencialista.

Sanín Cano aprendió el francés a los nueve años y con el tiempo llegó dominar el alemán, el inglés, el danés, el italiano, el ruso y el latín. En su casa se nombraban y leían las ideas de los líderes del “radicalismo liberal”, cuenta Sanín Cano en una entrevista de 1941, y que sus tías al dormirlo mencionaban los nombres de los más destacados dirigentes del Federalismo. En esta entrevista añade además que incluso por los vínculos que en su casa tenían con algunos de los dirigentes del “Olimpo radical” como se les conoció, su abuelo fue fusilado en 1840 por los conservadores.

Vivió las inclemencias del régimen conservador de 1886 conocido como la Regeneración, liderado por Miguel Antonio Caro (1843-1909) y Rafael Núñez (1825-1894). Bajo este sistema político fue también censurado y en ocasiones señalado por su adhesión a las ideas liberales y cuando sacó el periódico La Sanción, del cual sólo apareció un número, el impreso fue clausurado por el gobierno de la Regeneración y algunos de los colaboradores fueron expatriados y se tuvieron que exiliar.

Es de destacar que en una entrevista en el diario El Espectador del 20 de noviembre de 1924, Sanín Cano sostuvo su admiración, adhesión y apego con las ideas socialistas y habla de sus influencias en Colombia, de la impronta que las ideas liberales tienen para comulgar con las nociones socialistas. Días después, el 24 de diciembre de 1924, envía una carta al diario El Espectador con el título “De liberalismo y socialismo en Colombia”, publicada en el Suplemento Literario Ilustrado donde expuso sus simpatías con las ideas socialistas y reiteró cómo el liberalismo en el país ha de encaminarse a resolver los problemas sociales.

No es de extrañar que a su regreso al país ya desde 1931, se le vindicó de comunista por las elites debido a su simpatía con el liberalismo social, en particular por su defensa de la “Revolución en Marcha” (1934-1938) orientada por el dirigente Alfonso López Pumarejo (1886-1959) y por sus simpatías con el liberalismo social, – fue parlamentario por el liberalismo en 1924 y en 1933 – aspecto que ratificó en sus escritos “El partido, su obra, sus ideas, su porvenir” (1946) y en su ensayo ¿Por qué soy Liberal?” (1951).

De modo que en un ambiente de polarización y de rivalidades ideológicas y partidistas se le tildó de “exotista”, “extranjerizante” y “aclimatador de novedades”, por su amplio conocimiento de las corrientes literarias, intelectuales, ideológicas y culturales a nivel mundial. Siguiendo con su trayectoria, Sanín Cano cursó la primaria en su pueblo y luego a los diez y nueve años se graduó en la Escuela Normal de Rionegro y obtuvo su título de Maestro. Se trasladó a Titiribí (1880) donde ejerció su profesión y aprendió alemán porque en esta ciudad estableció vínculos con los ingenieros alemanes que trabajaban en la explotación de las minas de oro -El Zancudo-. En 1881 se desplazó a Medellín, lugar donde se editaba la hoja titulada El Eter, que duró dos números y publicó ahí sus primeros artículos.

En este impreso en un escrito de 1883 se menciona por primera vez a Jacob Ibsen y en Medellín entabla relaciones con Fidel Cano – primo segundo de Sanín – y publica entre 1883-1884, muchos otros artículos en el periódico La Consigna de Rafael Uribe Uribe reconocido liberal y pensador socialista. Incluso lee obras originales en italiano, específicamente a Manzoni cuya novela Los Novios, le impactó de modo singular. Profesor de Pedagogía en la Escuela Normal de Señoritas, pasa luego al Instituto Caldas. Dejó el magisterio debido a las consecuencias de la guerra de 1885 por la magnitud de la destrucción del Instituto ocasionado por el ejército conservador y se desplazó a Bogotá ese mismo año. Conoció a José Asunción Silva en 1886 y bajo las condiciones de penuria, dicta clases de español y a su vez se va integrando a los círculos políticos e intelectuales de la capital. Es así que conoce al cubano Rafael María Merchán y le organiza su biblioteca. Su producción no se agota, publica en el diario La Luz, dirigido por este personaje. Leyó igualmente las obras de Paolo Mantegazza y fundó el periódico La Sanción, impreso en el que publica un artículo titulado “Núñez, Poeta” (1888), firmado bajo el seudónimo de Brake, es un escrito de una crítica voraz contra uno de los cabecillas de la Regeneración.

Realiza traducciones de importantes escritores de la época, Friedrich Bodenstedt, Paolo Mantegazza, Omar Khayam, más tarde, de Robert Bontine Cunninghame Graham, Peter Altenberg, James Fitzmaurice-Kelly, Jorge Brandes, entre otros. Escribe una nota en 1893 a propósito de la muerte de Hipolite Taine en el diario El Relator de Bogotá que le dio prestigio y a un mismo tiempo conoció este año a Santiago Pérez Triana (1848-1916), quien será un personaje clave de su estancia en Londres en 1909.

El régimen de la Regeneración se endurece, persigue, censura e impulsa al exilio a connotados liberales que fueron cercanos a Sanín Cano, entre ellos a Pérez Triana. Se reencontrarían en Londres ambos colombianos. Pérez Triana fue fundador de la reconocida y prestigiosa revista Hispania (1912-1916), y junto a otros colombianos, algunos liberales que se habían expatriado por las inclemencias de la Regeneración, se constituyó este proyecto político editorial en la capital inglesa donde escribían importantes políticos, diplomáticos y literatos colombianos; sobresalen los nombres de Enrique Pérez, Cornelio Hispano, Saturnino Restrepo, Rafael Reyes. En esta revista se instituyen redes intelectuales y Sanín Cano a través de sus artículos, madura sus imágenes sobre España y América Latina, en los que analiza la posición del continente y los problemas latinoamericanos, también critica la guerra, el imperialismo y ya percibe el declive de la civilización occidental.

Sanín Cano dirige la sección “Libros Castellanos”, en la que da cuenta de la producción literaria española, europea y principalmente Latinoamericana y postula e incluso defiende la idea de unidad e integración hispanoamericana a partir de la literatura, del escritor, las letras, el comercio y la política. En Hispania Sanín Cano comparte como otros latinoamericanos de la época la ideología antiimperialista y anticolonialista, en una era de “voracidad” de las grandes potencias que afecta a los países Latinoamericanos especialmente. Es un momento de injerencia de los Estados Unidos en el continente americano como imperio, y su intervención en países como México y Nicaragua activó la crítica entre muchos intelectuales.

En ese contorno y en esta época, Sanín Cano se pliega como Paul Groussac, Carlos Pereyra, Cesar Zumeta, Isidro Fabela, Máximo Soto Hall, Luis Araquistáin y otros a la tendencia del “Antiimperialismo hispanófilo”. En Hispania escribe igualmente contra la doctrina Monroe y su utilización oportunista por los Estados Unidos, desvela con diatribas reflexivas las actitudes del político y presidente Theodoro Roosevelt, denuncia la pérdida de Panamá (1903) para los colombianos y entre otros artículos defiende las realizaciones de la que fue partícipe en el gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909).

En Londres de todos modos se enfrenta al tema del armamentismo, el dominio colonial de los imperios mundiales y plantea e impulsa la autonomía y la independencia político cultural de los pueblos latinoamericanos. Incluso en la capital inglesa erige muchas de sus más entrañables amistades a través de las actividades de este impreso y en particular reseña las revistas europeas y latinoamericanas de la época – en particular las argentinas- que le permitieron tejer tratos e intercambios intelectuales con españoles y latinoamericanos de renombre, entre quienes se encontraban Ramón Pérez de Ayala, Unamuno, Luis Araquistáin, Salvador de Madariaga, Ramiro de Maeztu, Juan Ramón Jiménez, Azorín y otros más, con otros asiduos colaboradores de reconocimiento, como fueron Leopoldo Lugones, José Ingenieros, Rufino Blanco Fombona, Francisco y Ventura García Calderón, Luis Bonafoux, Robert Cunninghame Graham, entre otros tantos.

Desde 1889 establece correspondencia con Jorge Brandes y este año es nombrado subgerente del Tranvía de Mulas en la compañía Bogotá City Railway Co, lugar este de trabajo donde perfecciona el inglés con los ingenieros norteamericanos. En 1894 conoce al ministro británico encargado en Bogotá, Jenner con quien constituye amistad y además leen la revista Fortnightly Review en la que aparecen artículos de importantes pensadores socialistas y anarquistas de la época. Del anarquista italiano Malato, se dedica un número completo en su memoria y Sanín Cano se sorprende por este personaje, lo que le enciende su curiosidad por las ideas socialistas, que va difundiendo en sus escritos.

En la capital colombiana adquiere cierto prestigio por sus escritos y por el contacto que erige con personalidades del mundo político e intelectual. Justamente en 1896 conoce a Guillermo Valencia con quien entabló amistad durante 47 años y a finales del siglo publica artículos en revistas de España, por ejemplo es ineludible mencionar su artículo de 1902 titulado: “El papel de la literatura en la fraternidad Hispano-Americana” que fue publicado en la revista Nuestro Tiempo de Madrid donde despuntan sus ideas sobre la integración de los pueblos de habla española. Contribuye en la revista Gris editada en Bogotá y dirigida por Max Grillo.

El año de 1904 es en un doble sentido esencial para Sanín Cano; concluida la “Guerra de los Mil Días” (1899-1902), sube al poder Rafael Reyes quien después de los conflictos bélicos y del último, quizás el más desastroso por los costos y por la desintegración del país, – es de recordar que Colombia pierde a Panamá en 1903-, postula un régimen de reconciliación nacional y de modernización estatal que se le llamó el “Quinquenio Reyes”, régimen político que reanudaba la garantía de los derechos políticos de los liberales que habían sido conculcados por la Regeneración. Sanín Cano es llamado por el general presidente a hacer parte de su obra de gobierno.

De otro lado, este año, aparece la Revista Contemporánea (1904-1905), en la que Sanín Cano funge como Jefe de Redacción, escribe varios artículos, quizás el más incidente el titulado “El porvenir del castellano” (1904), ensayo que critica a Juan Valera por sus intolerables argumentos que van en contra de la renovación de la lengua española y de su innovación, además, postula la defensa de las Academias de la lengua, bajo un tozudo tradicionalismo. Contra esta perspectiva hispanófila de la lengua y contra la aspiración defensiva que la congela como arma político cultural de un mundo español intacto, van las reflexiones de Sanín Cano, quien renueva la tradición intelectual latinoamericana de Andrés Bello, Juan García del Río, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí, Manuel González Prada, en el sentido bolivariano de la Utopía de América.

El ensayo de Sanín Cano además inaugura la Revista Contemporánea. De fondo el ensayo de Sanín Cano confronta el proyecto político cultural de la Regeneración, hispánico medieval y aboga por la introducción de la modernidad en Colombia bajo presupuestos liberales y cosmopolitas. En Contemporánea, Sanín Cano traduce a personalidades intelectuales de renombre de la época en un ambiente de recalcitrante conservadurismo y tradicionalismo en la cultura del país. En la revista aparecen de modo inusitado en el contexto cerrado de Colombia los nombres de Max Nordau, Friedrich Nietzsche, Grant Allen, Gabriele D’Annunzio, Marcel Schwob, Rémy de Gourmont, Sully Prudhomme, Jean Marie Guyau, Stephane Mallarmé, Artur Rimabaud, Emile Zola, Paul Bourget, entre muchos más.

En el año de 1905 se casa con Josefina Piedrahita en Bogotá, después de catorce años de noviazgo. De la unión no hubo descendientes y su esposa murió en 1929, acontecimiento catastrófico para su vida que le afectó de modo profundo. En 1905 igualmente es nombrado Sub-secretario del Ministerio de Hacienda y hace parte de la Asamblea Nacional Constituyente convocada por Reyes para reformar la constitución conservadora de 1886. Pasa a ser Ministro de Hacienda en 1908 y conoce en esencia los objetivos trazados por el gobierno Reyes e incide en las políticas de la época.

Le confiesa a Reyes su cansancio y su renuencia en continuar siendo funcionario del Estado en Colombia, por la adversidad y la intransigencia ideológica política en el país, por lo tanto, Reyes lo envía a Londres en misión diplomática para representar a Colombia en una compañía inglesa de explotación de Esmeraldas y llega a esta capital el 12 de febrero de 1909. Con la caída de Reyes en Julio de 1909 queda cesante y desempleado con su mujer en la capital inglesa, sobrevive dictando clases de español a particulares y estudia de modo ininterrumpido en el Museo Británico.

Viaja a Ginebra y se encuentra con Reyes, ambos elaboran un balance de la obra de gobierno del “Quinquenio” y Sanín Cano publica sus resultados con el libro titulado Administración Reyes (1904-1909), cuya objetivo es reflexionar sobre el papel que tuvo este régimen de gobierno en Colombia, sus alcances y sus realizaciones, así mismo, da cuenta de los pormenores que llevaron a las dificultades y a las frustraciones de este proyecto político debido a los enconados odios bipartidistas aún prevalecientes en el país. El libro de Sanín Cano sobre Reyes constituye un referente esencial para comprender la transición política de la nación hacia el siglo XX.

Escribe bajo el seudónimo de Lévine un libro sobre Colombia con el título de Colombia; physical features, natural resources, means of communication, manufactures and industrial development y es nombrado cónsul en Londres. En 1914 elabora el prólogo del libro El Río de la Plata de Robert Bontine Cunninghame Graham, recorre Europa y visita a Jorge Brandes en Dinamarca, hablan en inglés aunque Sanín Cano ya sabía el danés. En 1913 le llama por teléfono Leopoldo Lugones y se ven en Londres, se crea un lazo y un estrecho ámbito de intercambios con los argentinos. En la casa de Pérez Triana conoce a James Fitzmaurice Kelly, y a muchos otros intelectuales, artistas, periodistas, diplomáticos, políticos de la época, provenientes de diversas latitudes, pero específicamente entabla relaciones con los españoles y latinoamericanos, con singular asiento.

En 1917 traduce el libro Miguel de Cervantes Saavedra de James Fitzmaurice-Kelly, publicado en 1944 por la editorial Babel de Buenos Aires. Es catedrático de español en Edimburgo y dicta conferencias en Oxford y Cambridge, sobre historia y literatura española e hispanoamericana que le dio un gran reconocimiento. En 1918 se convierte en corresponsal del diario argentino La Nación en Londres y junto a Ramiro de Maeztu cubre la Primera Guerra Mundial, escribe destacados artículos sobre el conflicto bélico sus causas e incidencias. En el diario bonaerense se publican la mayoría de sus escritos que serán luego editados en libro por sus amigos en Argentina y Colombia.

Experimenta de modo decisivo una gran simpatía por las ideas socialistas, y elabora una crítica severa al capitalismo, a la sociedad y cultura de masas que quedan consignados en sus artículos; se destaca el escrito titulado “Cadenas de …Estuco” (1918), entre los demás porque hace una severa inspección de la sociedad de masas y la cultura del capitalismo, su entretenimiento y la explotación del obrero. Además asiste a las conferencias de Bertrand Russel de quien adquiere muchas de sus ideas y lee el libro de Bernard Shaw El sentido común y la Guerra (1915), que contiene un prólogo de Luis Araquistáin.

En este periplo es ineludible decir que con anterioridad había reseñado los libros de Santiago Pérez Triana titulado Aspectos de la Guerra (1914-15) y el de Luis Araquistáin Polémica de la Guerra 1914-1915, en Hispania, de quienes recibe muchas suscitaciones para sus reflexiones y análisis. En esta instancia publica un diccionario de 342 páginas An elementary Spanish gramar en 1918 y firma sus artículos en La Nación como B. Sanín Cano, con lo cual, en Argentina se creía que su nombre era Benjamin, Benigno o Bartolomé, evento que consiga como recuerdo en su escrito publicado en la Revista de las Indias dirigida por Germán Arciniégas titulado “Las memorias de los otros” (1939).

Recorre Europa y es un intelectual viajero, caminante, peregrino y transeúnte, su periodismo en esta época es la de un observador agudo de la crisis y el declive de la civilización europea, es un crítico severo de la tragedia del capitalismo y la modernidad sin derivar en un conservadurismo rancio o romántico. En 1919 por conducto de James Fitzmaurice Kelly es nombrado profesor de lengua y literatura española en la Universidad de Edimburgo. Se traslada a Madrid en 1922, con ocasión de ser nombrado allí director de la agencia de La Nación de Buenos Aires y brinda una entrevista en el año de 1924, para el diario El Sol de Madrid en la que elogia la labor y la dirección de los Mitre – Bartolomé y sus hijos – frente al diario bonaerense que según reitera Sanín Cano, este impreso argentino era el vehículo de comunicación más incidente de la prensa hispanoamericana del momento.

Dicta cursos y conferencias, la más resonante fue la que tituló “Las Revoluciones Hispano-americanas”, en el salón de la Unión Iberoamericana, el día 10 de abril de 1924, a la que asistieron distinguidas personalidades del mundo político, diplomático, artístico e intelectual del momento. En esa conferencia son notables sus críticas a los europeos en sus prejuicios sobre Latinoamérica como un mundo incivilizado, bárbaro e incluso, un territorio de pura naturaleza y sin historia como era común de la imagen de América en esta parte del mundo. Y bajo el contenido de la conferencia defiende los ideales bolivarianos de la Utopía de América.

En Madrid publica con frecuencia en diarios y revistas de la península ibérica y estrecha con mayor vigor sus lazos con el periodista socialista Luis Araquistáin, director de la revista España donde Sanín Cano publicó escritos espléndidos sobre las tragedias y las catástrofes del mundo europeo occidental. En el año 1924 regresa a Colombia para instalarse como Representante a la Cámara por el partido liberal, es un adepto de la influencia de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, y bajo esa perspectiva publica variados artículos en la revista Universidad (1921-1931) con escritos sentidos y de profundo calado antiimperialista; sobresalen los que tienen relación con la literatura latinoamericana, o los de personajes argentinos, sus escritos “Está bien que se discuta” (1928), ensayo que polemiza a propósito de una conferencia expuesta por Laureano Gómez en el Teatro Municipal de Bogotá y en el número 96 de la revista dedicado a León Tolstoi, es notable su conferencia sobre “Nicaragua” (1928), enfocada a la defensa de Latinoamérica y encaminada a criticar la invasión norteamericana en este país.

Viaja a Buenos Aires en 1925 donde se radica como periodista y editor de la sección de Política Internacional de La Nación, le escribe una carta a su amigo el expresidente Carlos E. Restrepo desde Buenos Aires y mantiene comunicación con el líder político antioqueño. Consolida su amistad con Samuel Glusberg – Enrique Espinoza – con quien traba un intercambio epistolar amplio y generoso. En esta capital se le publica su primer libro en la editorial Babel, titulado La Civilización Manual y otros ensayos (1925), que está dedicado a Jorge Mitre y que por iniciativa, insistencia e incluso obstinación de Glusberg, recoge algunos de los artículos más representativos de esta época en el diario porteño.

Es un libro que contiene diversas reflexiones sobre temas contrastantes, pero mantiene una unidad, el de la crítica voraz a la civilización técnica, a la racionalidad instrumental y a la cultura de masas de la sociedad capitalista. De hecho en el libro se hace una defensa del intelectual crítico e irónico, de la polémica como base del pensamiento del siglo XX, llama la atención sus ensayos “Shakespeare amenazado”, que reprocha la desaparición del teatro por obra del cinematógrafo; y “Bajo el signo de Marte”, un examen de la guerra, el heroísmo patriótico, del fanatismo nacionalista y del mesianismo que empiezan a conmover los resortes de la política europea, acaso es un escrito premonitorio del advenimiento de los regímenes totalitarios.

Hay en este libro agudas reflexiones sobre la cuantificación del ser humano, el problema de la igualdad de género, la injerencia cada vez más inaceptable del Estado frente al individuo, la catástrofe del avance tecnológico en los ciudadanos, la exacerbación del militarismo y el armamentismo, el crecimiento de las ciudades como esporas y su injerencia frente al mundo rural y campesino. El libro como su título lo indica es una reivindicación del hombre y una restitución del ser humano, frente a la arrolladora e inclemente dominación de la máquina, la técnica y la masificación capitalista.

A su llegada en 1925 a Buenos Aires, es saludado con un banquete por los directores Alfredo Bianchi y Roberto Giusti de la revista Nosotros, con quienes estableció Sanín Cano duraderas comunicaciones desde Londres y contribuyó en esta revista con artículos ampliamente reseñados en Argentina y Colombia. Al año siguiente por iniciativa de Germán Arciniégas se publica su libro Indagaciones e Imágenes, en la editorial Colombia, que reúne algunos ensayos publicados en la prensa entre 1912 y 1926. Confiesa en este terreno en sucesivas entrevistas que nunca ha sido interés suyo, propiamente, publicar libros, más aún con unidad o carácter íntegro. A lo que agrega, que han sido sus más cercanos amigos quienes han tenido la iniciativa y que el único libro en este sentido asumido orgánicamente fue Letras Colombianas, publicado por el Fondo de Cultura Económica en México en 1944.

En esta instancia colabora con ensayos en las revistas argentinas La Vida Literaria, Babel bajo la anuencia y el respaldo de Samuel Glusberg. En 1931 viaja a Madrid y a Ginebra una vez más y se le nombra miembro de la Comisión de Cooperación Intelectual, representando a América Latina. Publica dos ensayos que siguen sus huellas y convicciones de la idea de integridad y unión de los pueblos de habla española, “¿Existe una literatura hispanoamericana?” (1927) y “Acerca de la literatura hispanoamericana” (1927), en la revista Universidad dirigida por Germán Arciniégas, además empieza a publicar una serie de artículos con el título de “Kodak” sobre personalidades que conoció y con quienes tuvo trato del mundo intelectual argentino en La Nación de Buenos Aires, reproducidos igualmente en impresos de Colombia.

Una vez más aparece otro libro, esta vez por iniciativa de su amigo Abel Botero en Bogotá en 1932, con el título Crítica y Arte. Un año antes en cartas a Samuel Glusberg y a Mario Santacruz les revela su sensación de amargura de retornar al país, y les confiesa su deseo de retirarse al campo y vivir fuera de las comidillas del mundo urbano, en particular el bogotano. En este interregno de su abrupto regreso, es nombrado en 1933 Representante a la Cámara por el partido liberal, sin embargo a finales de este año regresa a Buenos Aires como Ministro Plenipotenciario de Colombia en la capital argentina, siendo suplantado en el senado por el conocido intelectual socialista Gerardo Molina.

Al año siguiente Antonio García – pensador de izquierda – publica su libro Divagaciones filológicas y apólogos literarios, bajo la editorial de Arturo Zapata en Manizales. En este vaivén, la nostalgia y el alejamiento con los círculos y la vida porteña de Buenos Aires se hacen más frecuentes para Sanín Cano, asunto que le transmite con determinación a Samuel Glusberg en su correspondencia. Es invitado por conducto de Antonio Aita al XIV Congreso Internacional de los Pen Clubs en Buenos Aires y con motivo de este encuentro se realiza la Séptima Conversación de la Organización de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, que reunió a destacados escritores de Europa y América Latina. Sanín Cano condujo esta reunión como presidente y expuso su intervención con el título “Influencias de Europa sobre la Cultura de la América Española”, que aparece en el libro Europa-América Latina, en la que intervinieron personalidades intelectuales sobresalientes del mundo literario y cultural de ambos continentes.

El carácter de errante y la movilidad que no fueron de su propia voluntad, le dirigen de nuevo a regresar a Colombia, con una oscilación que va de los años de 1931 a 1936. Se asienta en definitiva en el país y en esa instancia participa asiduamente en eventos literarios y culturales. En 1937, prologa el libro de Alberto Miramón sobre José Asunción Silva editado por la revista de las Indias. Asiste a la VIII Conferencia Panamericana en Lima y una vez más viaja a Santiago de Chile a la Comisión de Cooperación Intelectual. Desde el año de 1927 es perseverante colaborador del diario El Tiempo, escribe sobre los problemas del país, la cultura y sobre las relaciones internacionales de Latinoamérica frente al mundo, así también, son notables sus análisis sobre los conflictos, los regímenes autoritarios y las guerras que han azotado la cultura occidental.

Como se había indicado esta intensa movilidad y esta característica del humanista y el transeúnte, lo agota y se retira a la provincia, a Popayán donde las elites de esta región le ofrecen y casi le ruegan ser Rector de la Universidad del Cauca, aceptando este compromiso, de modo que rige la institución desde 1942. Se aproximan las fechas de los homenajes y se le reconoce como “Maestro de América”, lo que ya había sido expresado en 1925, por conducto de Roberto Giusti y Alfredo Bianchi, de la revista Nosotros, en el banquete de bienvenida en Buenos Aires.

En el año de 1939, por interés de la revista Iberoamericana de México y el impulso de Manuel Pedro González se le envió una carta al presidente de entonces Eduardo Santos con el objetivo de homenajear y colaborar en la edición de las obras completas de Sanín Cano. La respuesta del solio presidencial y de sus allegados fue de absoluto silencio. No obstante, la revista Iberoamericana publicada en México, convoca y realiza el homenaje que consta en su número 26 de 15 de febrero de 1948. No se hizo esperar la réplica en otras revistas latinoamericanas, que como un eco retoman de Iberoamericana el merecido reconocimiento a la vasta producción del colombiano en impresos de toda América Latina, Europa y Estados Unidos.

Sanín Cano ya constituía una presencia continental, lo han admirado José Carlos Mariátegui, Gabriela Mistral, Waldo Frank, Luis Araquistáin, Pablo Neruda, José Enrique Rodó, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Mariano Picón Salas, Francisco Romero, entre muchos más. Su nombre es significativo y sus escritos conocidos por los letrados siguiendo con ello una tradición a la usanza de los “Arquitectos de América”, como refiere Roberto Giusti, al decir de Sanín Cano, quien fue un intelectual bajo la horma de la estatura de Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí, Eugenio María de Hostos, Enrique José Varona, entre muchos más. Se le había rendido homenaje en el diario El Tiempo, en sus Lecturas Dominicales en el año de 1932, en la revista Nosotros en el año de 1940, en la revista Babel de Samuel Glusberg en 1951, en ese mismo año se organiza un Congreso en la Habana donde es igualmente homenajeado por Juan Marinello y en la revista Repertorio Americano de Costa Rica dirigida por Joaquín García Monge, en 1952, entre otras.

En este marco, los vínculos de Sanín Cano con grupos u organizaciones socialistas o comunistas fue muy fuerte, por lo anterior, no es de extrañar que como en muchos países latinoamericanos se formaron comités antifazistas, defensores de la democracia; en Colombia el de mayor trascendencia fue el Comité Nacional Antifazista conformado por quince filiales en el país, impulsado por el Partido Comunista Colombiano, organismo que tuvo a Rafael Baquero como secretario general y entre sus dirigentes participaban los socialistas Gerardo Molina y Diego Luis Córdoba, y el liberal Baldomero Sanín Cano.

Es de notar incluso que Sanín Cano, pese a su renuencia a la militancia abierta o voluntarista en cualquier partido, hizo parte de otras organizaciones, como las que tuvieron en Colombia que ver con el apoyo a la República Española, entre 1940-1943. Dos años más tarde cobró un mayor impulso el Comité Colombiano de Ayuda al pueblo Español con una mesa directiva que congregaba a intelectuales de diversas tendencias, defensores de la democracia y opositores a los regímenes totalitarios y fascistas.

Entre los personajes de la época en el Comité Colombiano de Ayuda sobresalen los nombres de Diego Montaña Cuéllar – corazón de dicha organización – y se nombró a Baldomero Sanín Cano como Presidente Honorario, no solamente por su injerencia intelectual en las ideas de defensa de la unidad latinoamericana, sino por ser un opositor de los regímenes autoritarios en el mundo y el continente. Esta movilidad político intelectual le fue posteriormente reconocida a Sanín Cano, – quien se consideraba y por lo que se puede colegir de sus divergentes funciones y actividades que realizó – un intelectual errante y transeúnte, demócrata y defensor de la justicia, la libertad y la igualdad social, un maestro de América.

No por casualidad, la revista Iberoamericana convoca la realización del III Congreso Internacional de Catedráticos de literatura Iberoamericana para ser realizado entre el 21 al 24 de diciembre en Tulane, New Orleans, con el objetivo de celebrar el aniversario cuatrocientos cincuenta del Descubrimiento de América, 1492-1942, con el tema central de “El nuevo mundo en busca de su expresión”. Para este Congreso al que no pudo asistir Sanín Cano, presentó su escrito titulado “Americanismo y Americanidad”, en el que disecciona los dos términos pero entre ellos mantiene su ideal de unidad y de autonomía político cultural de los pueblos de América.

Se presentan en esta ocasión importantes textos, ya clásicos del pensamiento latinoamericano, tales como “Posición de América” de Alfonso Reyes o “La democracia en América” de Alberto Zum Felde y “La expresión literaria de América” por Antonio Aita. Desde otro ángulo, en estos años en su intercambio epistolar con Glusberg le confiesa lo amargo de la política Colombiana, le envía una comunicación narrándole el horror del 9 de abril de 1948, cuando es asesinado Jorge Eliecer Gaitán y ya nota la derechización del país con el papel que va adquiriendo Laureano Gómez a quien tilda de político Energúmeno.

Con relación a Jorge Eliecer Gaitán, le envía una corta carta al diario El Tiempo, con fecha de viernes 26 de diciembre de 1924, donde le da su felicitación por su tesis libro Las Ideas Socialistas en Colombia y celebra que dicha ideología que según advierte es patrimonio de la inteligencia del continente, se estudie en Colombia. Años atrás en 1945 la Universidad de Antioquia, le otorgó el título de Doctor Honoris Causa a Sanín Cano y en 1948 lo hace la Universidad del Cauca igualmente. No obstante, Sanín aunque reconocido en el exterior, es menospreciado por los círculos tradicionalistas y de derecha en Colombia. Hay que agregar junto a este “desprecio”, no existe un archivo completo que permita una biografía consistente de Sanín Cano, ya que el epistolario, su biblioteca, sus libros, sus notas, en fin, su producción entera se haya dispersa y en manos privadas, o en archivos personales.

Sin embargo, el antioqueño dejó un registro autobiográfico en el año de 1949 donde da dos indicaciones muy sugerentes; la primera que fue a través de los demás que podía constituir y dejar un rastro de su biografía, por tal motivo se publicó su “autobiografía”, bajo el lente de las personalidades y hechos que selecciona con minuciosidad, valga decir que inicialmente se concibió con el título “la memoria de los otros” y apareció como De mi vida y otras vidas, publicada en Bogotá ; y explicó una vez más por qué no fue de su talante recopilar su obra en volúmenes.

En este mismo año – 1949 – aparece un libro más publicado en Buenos Aires bajo la editorial Peuser, esta vez con una selección hecha de la propia mano de Sanín Cano, que es de reiterar, fueron sus artículos publicados en la prensa, con el título, Tipos, Obras, Ideas. En una carta enviada a Glusberg de 10 de septiembre de 1953 le expresa que se encuentra enfermo y le confiesa su preocupación con la situación política de la Argentina. Efectivamente su fatiga y cansancio, unida a la enfermedad, le incitan a retirarse del diario El Tiempo en 1954.

Un libro más aparece editado por Losada en Buenos Aires en 1955 con el título El Humanismo y el Progreso del Hombre, dedicado a importantes personajes del pensamiento Occidental, Nietzsche, Goethe, Worsdworth, Ruskin, Shaw, Gidé, Ludwig, Eliot y a temas o problemas referidos a España y América Latina y justamente este mismo año recibe el Premio Lenin de la Paz auspiciado e impulsado por Pablo Neruda. Funda los Colombos-Soviéticos en Colombia, centros culturales con la colaboración de Jorge Zalamea.

Brinda su último reportaje para el diario El Colombiano de Medellín, que apareció el día 26 de mayo de 1957, y aunque fue nombrado rector de la Universidad de América, muere el 12 de Mayo de 1957 en Bogotá, dos meses antes de la firma pacto del acuerdo del Frente Nacional que ponía fin a la violencia civil bipartidista y abría una nueva forma de violencia en Colombia, la de los convenios de sucesión en el poder de los dos partidos dominantes y la exclusión de cualquier otra opción y alternativa política en el país.

En su concurrido sepelio, hablaron algunos líderes políticos y algunos personajes de renombre, con sentidas palabras de pesar por el infortunado acontecimiento. Lo cierto fue que algunos otros aprovecharon con el más reprochable oportunismo por el contexto político de la época, la tribuna y el escenario público, sin pudor. Rindieron discursos ante la muerte de Sanín Cano: Jaime Posada, Rector de la Fundación Universidad de América; Carlos Sanz de Santamaría, entonces Ministro de Relaciones Exteriores (encargado por el gobierno para otorgarle a Sanín Cano de manera póstuma, la Cruz de Boyacá); Guillermo León Valencia, candidato liberal a la presidencia; El expresidente Alberto Lleras Camargo, director en ese momento del Partido Liberal; Gerardo Molina, exrector de la Universidad Nacional y de la Universidad Libre; Jaime Tobón Villegas, Presidente de Fenalco; Fernando Hinestroza Daza representando a la familia de Sanín Cano y a la Universidad Externado de Colombia; el estudiante Jaime Valencia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de América; el estudiante Jorge Mario Eastman, por el Comité del Paro Cívico y vocero de la juventud de la Universidad Libre.

Algunos de ellos, de modo irresponsable y contrario a las ideas de Sanín Cano, a su pensamiento, utilizaron la tribuna pública para acicalar el ambiente de pugnacidad bipartidista y de paso “enlodaron” o mejor “deformaron” la figura del “maestro” y en su actitud, posicionaron a Sanín Cano como a un intelectual neutro y conciliador, lo que fue incompatible con sus anhelos, expectativas e ideales.