* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

Estas múltiples organizaciones han estado construyendo un movimiento por la paz que no se reduce a las negociaciones en La Habana, pero que exige para seguir avanzando un cese al fuego bilateral. Quisiera entonces alejarme de la polarización que han hecho los grandes medios entre Farc-ep y gobierno, y también tomar distancia de estas concepciones reduccionistas entre paz y guerra que llaman a hacer un balance ya de por sí bastante limitado. A mi modo de ver si se trata de hacer un balance sobre la paz en los últimos dos años diré que ganan por mucho los movimientos sociales en Colombia.

Ganan porque exigen una transformación en las condiciones de vida de las comunidades que habitan los territorios del país. Esta transformación y búsqueda de condiciones de vida digna ha puesto en marcha una defensa contundente de los territorios en contra de la explotación de recursos naturales por parte de las multinacionales. Un ejemplo de esta defensa, entre muchos, fueron las “Jornadas por la vida, la autonomía y la permanencia en el territorio” llevadas a cabo por comunidades indígenas Wayúu, afrocolombianas y campesinas realizadas en el sur de la Guajira el pasado 7 de agosto. En palabras del profesor Mauricio Archila “aunque este evento no tuvo la debida difusión mediática, fue determinante en la resistencia de esas comunidades al extractivismo minero”1.

Como es sabido, la Guajira enfrenta varios problemas: escasez de agua potable, desnutrición, continuos cortes de energía, pero sobre todo, destrucción ambiental, territorial y cultural que ha causado la presencia de multinacionales en El Cerrejón. Pese a estas condiciones que el Estado no ha querido resolver, las comunidades del sur de la Guajira se opusieron al proyecto de las multinacionales que pretendía desviar el Río Ranchería con el fin de acceder a nuevos yacimientos de carbón. En medio de estas formas concretas de resistencia las comunidades denunciaron con contundencia “que el extractivismo minero solo les ha traído la pérdida de territorios, destrucción de las bases de su subsistencia para depender exclusivamente del mercado, agotamiento de las fuentes de agua (…) pérdida de valores culturales y la solidaridad comunitaria que les garantizaba el “buen vivir”2.

Por supuesto el verbo “ganar” es una contradicción si tenemos en cuenta los múltiples daños, muchos de ellos irreparables, que han causado las multinacionales en este territorio y en gran parte del país. Sin embargo, podría decir que los movimientos sociales ganan en el sentido en el que se fortalecen los procesos de resistencia y organización en contra del extractivismo y ganan al generar escenarios de socialización que les permite discutir, construir y exigir no sólo el cumplimiento de sus derechos comunes sino formas otras e inusuales de habitar sus propios territorios, escenarios en los que se reúnen a discutir y espacios que les permiten desestabilizar sus modos tradicionales de ser para descubrir alternativas de acción organizativas y comunes en el marco de problemáticas concretas. Los movimientos sociales ganan porque sus apuestas transforman las formas de vida de los habitantes de estas comunidades que ahora se cuestionan seriamente y de manera colectiva sobre los planes de desarrollo de un gobierno que prefiere verlos callados, sumisos, obedientes. No es el silencio ahora su forma de acción, es el ruido que molesta al gobierno, son los rostros pintados y los cuerpos que se movilizan, que gritan y cantan por la defensa de sus territorios.

También ganan los movimientos sociales en Colombia porque en los dos últimos años han hecho un llamado a la unidad. Unidad digámoslo de una vez, no significa una instancia normativa y consensual que elimina las diferencias; unidad quiere decir que en un mismo escenario polémico y disensual confluye un llamado a la construcción de la paz desde las múltiples organizaciones de pueblos indígenas, afrodescendientes, jóvenes, estudiantes, mujeres, víctimas, etc. Así pues, lo que se ha consolidado como el Frente Amplio por la Paz se constituye en una gran fuerza política que hace un llamado a la unidad pero que reconoce distintos ecos, destellos, formas, y caminos de construcción de la paz. Este Frente Amplio por la Paz (FAP) se ha venido configurando como una gran fuerza política que reúne esfuerzos de distintas organizaciones, entre ellas el Congreso de los Pueblos, Marcha patriótica, Colombianas y colombianos por la paz, CONPAZ, Presentes por el Socialismo, Progresistas, FECODE, USO, Polo Al Sur, Alberta Frente, Poder Ciudadano, Vamos por los Derechos, Sectores Alianza Verde, entre otros. Además se suman a estas organizaciones gran cantidad de iniciativas que en los barrios, colegios, pueblos y otros espacios se congregan para pensar y construir otro país posible.

Las organizaciones sociales ganan si asumimos que esta fuerza política expresa un movimiento por la paz que le apuesta a la transformación social y a una paz duradera, fuerza política quiere decir también que hay una esperanza en este dinamismo histórico que se revitaliza en las calles, en las redes, en las discusiones y que exige un cese al fuego bilateral porque reconoce que el conflicto armado afecta a la población civil y afecta directamente el desarrollo de estos procesos de organización. En el marco de este conflicto es necesario comprender que así como los diálogos de paz entre Farc-ep y gobierno limitan la negociación de la paz a dos actores en conflicto, de la misma manera esta comprensión polariza la guerra e invisibiliza un escenario complejo de construcción de la paz. Este escenario que está en juego en las distintas comunidades del país y que se caracteriza por esta fuerza y vitalidad se ve seriamente afectado por un conflicto al que se suman diariamente nuevas víctimas, por esto exige al gobierno la no suspensión de los diálogos y reclama con fuerza un cese al fuego bilateral que durante años ha frenado con violencia su dinamismo y su potencial de trasformación.

Finalmente esta fuerza de los movimientos sociales me hace recordar un cuento de Kafka que se llama “El escudo de la ciudad”3. Kafka describe el proceso de construcción de la Torre de Babel con su organización, interpretes y alojamientos para los obreros y en medio de esta construcción insiste en que “En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre”. La fuerza política de los movimientos sociales se halla justamente en la construcción de unos cimientos que le dan solidez y una base resistente a un proceso de paz que se asienta en los distintos territorios del país y es por esta fuerza y vitalidad que podemos decir que si se trata de hacer un balance sobre la paz en los últimos dos años ganan por mucho los movimientos sociales en Colombia.

***

1http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/resistencia-a-la-mineria-en-el-sur-de-la-guajira
2http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/resistencia-a-la-mineria-en-el-sur-de-la-guajira
3http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/el_escudo_de_la_ciudad.htm