* Palabras al Margen

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Recordemos algunos de los elementos básicos del problema, que si bien son fáciles de entender, casi siempre están ocultos en detalles insignificantes y erróneos, transmitidos por los escépticos del clima y quienes se permiten denunciar un complot contra la “ciencia”. Nuestro planeta está iluminado por una estrella, el Sol, y sus rayos atraviesan la atmosfera. Lo esencial de esta energía llega en una longitud de onda que es visible al ojo humano; razón por la cual el día es claro y la noche oscura. Cuando los rayos y la energía que ellos contienen llegan a la superficie terrestre, esta absorbe una parte y los devuelve en forma de rayos infra rojos invisibles a simple vista. Es por esta razón que en verano la noche sigue siendo oscura a pesar de que el asfalto o las rocas, que han sido calentados abundantemente por el sol, devuelven la energía al espacio al mismo tiempo que se enfrían.

Frente a este flujo de energía, que pasa de lo visible a lo invisible, la atmósfera presenta un comportamiento asimétrico. Ella está compuesta por diferentes gases, siendo los principales el nitrógeno (78,1) y el oxígeno (20,9 %), completamente transparentes a la radiación visible. El Flujo solar pasa a través de ellos sin perder velocidad y sin ser degradado. Por otro lado, hay varios gases, en los que se incluye los llamados gases de “efecto invernadero”, que constituyen un poco menos del 1% restante. Estos tienen una propiedad importante: son parcialmente opacos a la radiación infrarroja. Cuando la energía absorbida por el suelo trata de transmitirse al exterior, especialmente en la noche, estos gases actúan como una manta, sin producir calor pero retardando la dispersión de la energía emitida. Es por esta razón, al igual que una manta, que estos gases nos mantienen calientes.

Las emisiones de gases de efecto invernadero son principalmente de origen natural. El principal gas de este tipo es el vapor de agua, que representa alrededor del 55 % de la media de calentamiento. Luego vienen las nubes que también son vapor de agua pero con una forma particular, que por su opacidad tiene un efecto considerado generalmente como distinto. Y finalmente los gases de los que tanto se hablan; principalmente el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4). Juntos, provocan un aumento en la media de la temperatura terrestre de 33ºC, este calentamiento es esencial para la vida en la Tierra, ya que sin él la temperatura media sería de -18°C. Sin estas condiciones el agua no estaría presente en forma líquida y toda forma de vida conocida, no puede prescindir de esta característica. En otras palabras, una muy pequeña cantidad de gas en la atmósfera, menos del 1 % del volumen total, es suficiente para provocar de una manera natural un fuerte aumento de las temperaturas que nadie contradice.

El efecto invernadero es entonces vital y su existencia no tiene que ver con la problemática del “cambio climático”. Es un fenómeno natural provocado por causas naturales, en las que la biósfera interviene masivamente. El efecto invernadero no es provocado por los gases que residen de forma estable en la atmósfera. Él es activamente conservado por la actividad de la vida. La Biosfera emite cada año alrededor de 150 mil millones de toneladas de carbono que luego reabsorbe, conservando así el equilibrio químico de la atmosfera. Este equilibrio no ha existido eternamente. Las concentraciones de gas de “efecto invernadero”, eran, por ejemplo, mucho más elevadas en la época de los dinosaurios y mucho más aun al comienzo de la vida en la tierra. A la inversa, ellas eran mucho más bajas al momento de las glaciaciones. No es una sorpresa que la tasa de gas de efecto invernadero presente en la atmosfera varíe con la temperatura terrestre. Este no es el único factor, por supuesto. La actividad solar, aunque variable en el tiempo, es un factor de gran magnitud.

El problema con el cambio climático, y lo que lo ha convertido en un problema (geo) político, es que las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano se suman a los gases que ya están presentes de forma natural, de allí el aumento de la concentración en la atmosfera. Los gases señalados principalmente son el CO2 y el CH4, a los que se suman diversos gases emitidos en cantidades más pequeñas. Si el vapor de agua se menciona raramente, es simplemente porque la actividad humana no tiene ningún efecto perceptible en su concentración en la atmósfera. Por el contrario, las fuentes del carbono son identificadas: se trata de los combustibles fósiles que quedaron atrapados bajo tierra y de las diversas actividades que tienen en común la destrucción de vegetales, lo que lleva a liberar el carbono que estos contienen. Las contribuciones humanas son pequeñas en comparación a las cantidades naturales: cerca de 7 mil millones de toneladas por año. Pero lo decisivo, es que las naturales son completamente reabsorbidas por la biósfera. En cambio sólo la mitad de las humanas lo es. El resto se acumulará en la atmósfera, de esto resulta un aumento en la concentración de gases. En 1850 había 0.3 % de CO2 en la atmósfera, en la actualidad el porcentaje es de 0.4 %, es decir casi 40 % de aumento.

¿Cuáles son las consecuencias? Esta es la gran pregunta. Y ninguna disciplina científica puede responder por sí sola. El sistema climático es muy complejo, está hecho de múltiples causalidades y determinismos. Las consecuencias del cambio climático son sociales, económicas, políticas, ecológicas, etc. La pregunta que se hace entonces no es sólo de orden científico. Es un problema político, la cuestión es conocer el riesgo que corren las sociedades si continúan a emitir gases de efecto invernadero. Lo realmente importante es saber cuáles son los riesgos. No es suficiente saber que los gases de efecto invernadero están aumentando la temperatura media de la Tierra, también hay que tratar de saber lo que pasaría si la concentración de este tipo de gases en la atmósfera se duplicara o triplicara en comparación con los niveles preindustriales. Esto es, justamente, una parte del trabajo realizado por el primer grupo de trabajo del GIEC, quien con el uso de potentes computadoras, que tratan de simular la reacción del planeta luego de una inyección masiva de gases de “efecto invernadero”. Estos modelos son muy cuestionables y deben ser criticados. Sin embargo lo que ellos indican no puede ser puesto totalmente en duda, ya que son uno de los modelos más eficaces para asociar las múltiples variables que están en juego en el cambio climático.

Una objeción común formulada por los escépticos es que no tenemos certeza sobre los efectos de una inyección masiva en la atmósfera de gases de efecto invernadero. Esto es cierto, pero tampoco se puede deducir que podamos seguir bajo las mismas condiciones. Tal actitud oculta la inercia del problema y la irreversibilidad resultante. Las emisiones de gases de efecto invernadero permanecen activos en la atmósfera entre 15 años para el metano y miles de años para el gas de cloro. El dióxido de carbono permanece en promedio 150 años, antes de ser absorbido. Pero como la máquina para bombear las emisiones de gases de efecto invernadero no existe y si se elige vía de emisiones sin límite, ya no habrá vuela atrás. Esperar a ver cuáles serán los efectos del cambio climático, es estar dispuesto a tomar el riesgo de alterar, de manera irreversible, la estabilidad climática. Esta decisión no es la única ni la más razonable. Por lo menos podemos entender que no se trata solamente de ciencia.

Trabajando en un tema muy sensible, el GIEC ha sido a menudo criticado. El filósofo liberal francés Luc Ferry, por ejemplo, lo ha descrito recientemente como un grupo constituido por patrones de organizaciones ambientales2. Científicos hablaron en público para explicar que el GIEC estarían en error, que el habría olvidado tal o cual aspecto de la regulación climática, aspectos que explicarían el recalentamiento, que persona no pode más en duda. Estas críticas deben ser presentadas en su contexto que es la problemática del clima. El GIEC no es un órgano científico en sí, en el sentido que él no publica en revistas científicas como lo haría un instituto como el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. Él es un órgano de expertos, creado conjuntamente en 1988, por varias agencias de la ONU. Su misión es la de ” evaluar, de una manera imparcial, metódica, clara y objetiva, la información de orden científico, técnico y socio-económico que son necesarias para comprender mejor los fundamentos científicos de los riesgos ligados al cambio climático de origen humano, discernir con mayor precisión las posibles consecuencias de ese cambio y planificar las eventuales estrategias de adaptación y de atenuación. No tienen por exigencia comenzar trabajos de investigación ni de hacer un seguimiento de las variables climatológicas o de otros parámetros pertinentes. Sus evaluaciones se fundamentan principalmente en publicaciones científicas y técnicas reconocidas por su alto valor científico”3.

Aunque su nombre no lo menciona el GIEC es un órgano de expertos. Sin embargo, los criterios utilizados en la evaluación de la experiencia de calidad son muy diferentes de los movilizados en el caso de una investigación científica. Esta última es evaluada por los pares, miembros de una misma comunidad epistémica, que muestran que el conocimiento producido por un investigador cumples con las normas en vigor en la disciplina o campo en el que él o ella publica sus resultados. Y en la medida que la ciencia siempre está en evolución, lo que se considera aceptable en un momento dado, puede ser cuestionado posteriormente por nuevos conocimientos que afinan o, incluso, que ponen radicalmente en duda lo que hasta entonces había sido considerado como un conocimiento confiable. A la inversa de este proceso, que puede tener un vínculo aparentemente muy ligero con temas políticos y sociales, los científicos que trabajan a su propio ritmo movilizan la experiencia para responder a una pregunta y a un reto planteado por el la sociedad y, a menudo, por las autoridades. Cuando un experto en siquiatría es convocado a un proceso para certificar la responsabilidad del acusado, no se le pide informar a la Corte y al Jurado de todos los conocimientos adquiridos en su disciplina así que de todos los aspectos aun inciertos, exigiendo hacer investigaciones complementarias. Lo que se le pide, teniendo en cuenta los conocimientos disponibles, las contribuciones y también los defectos, es dar una opinión, aquí y ahora, pues el veredicto será dado y eso no puede espera. Lo mismo sucede con el GIEC. En los años 80 los Estados se dieron cuenta que el problema era muy complejo y que ninguna disciplina científica podía, sin ayuda de otras disciplinas, responder de manera exhaustiva. Los cambios climáticos implican cuestiones de orden económico, sociológico, climático, geológico, entre otros, que contienen diversas variables e incertitudes. Fue entonces necesario crear un organismo dedicado a la ardua tarea de tener en cuenta todo lo que pueda aclarar uno u otro aspecto del problema

La calidad de un órgano de expertos no se evalúa en términos de la calidad de sus resultados científicos, ya que no hay ninguno. La situación es exactamente la misma en áreas como la nutrición, la salud o la seguridad vial. La calidad del saber especializado depende del procedimiento de la experticia en varios aspectos, en particular, de la pluralidad de las disciplinas y de los intereses representados. Si el experto en siquiatría, para retomar el ejemplo anteriormente dado, no tiene en cuenta ciertos datos, o si resulta ser un amigo del acusado o de las víctimas, él puede ser rechazado. Lo mismo sucede al interior del GIEC.

En los comienzos del GIEC, los países en desarrollo se indignaron por estar tan mal representados y porque no se hablaba lo suficiente de la diferencia del impacto de los cambios climáticos, ni de la desigualdad en las responsabilidades. Los especialistas del clima y de la tierra, que eran mayoría en el primer grupo de trabajo, asumían implícitamente que las emisiones de gas a efecto invernadero eran en general de origen “humano”. Para los países en desarrollo era importante precisar que las emisiones provenían principalmente de los Estados Unidos y de Europa. Dicho de otra manera, “la humanidad” no era responsable del problema de la misma manera. Con el tiempo, otros dos grupos de trabajo fueron creados, para trabajar sobre los impactos y las maneras de hacer frente, así que sobre las medidas que permitirían mitigar el cambio climático, es decir, o bien reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o bien aumentar los diversos medios para absorberlas. El nombramiento del actual presidente del GIEC, R.K. Pachauri, científico indio, se hace con el interés de provocar un reequilibrio en beneficio de los países en vía de desarrollo, quienes en ocasiones no tienen simplemente los medios para “pagarse” los científicos de las disciplinas requeridas, para participar en los trabajos y se ven obligados a practicar la política de la silla vacía.

Luego del examen del proceso puesto en marcha en el GIEC podemos considerar que los resultados producidos son poco alarmistas. Los informes reflejan las opiniones más moderadas, puesto que el peso de los países ricos es todavía muy importante, y siendo estos los principales responsables del problema, no les interesa ser señalados como tales. Contrario, a esto, el análisis de los argumentos de aquellos que son con frecuencia considerados como “escépticos del clima”, pueden ser fácilmente derrotados. Sus perfiles sociológicos son diversos. Pueden ser científicos costeados por compañías que tienen intereses en desacreditar el GIEC, como ha sido el caso de la industria el tabaco o la del asbesto, quienes durante década y para no afectar sus negocios sembraron la duda sobre los efectos nocivos de estos productos. Puede tratarse también de científicos inocentes que confunden ciencia y experticia y que creen que la experticia que ellos poseen en una disciplina limitada, por ejemplo la climatología, o la economía, son suficientes para dar conclusiones que atañen la aplicación de políticas públicas. Pueden ser personas que niegan, o que como Gerorge Bush, no quieren cuestionar su estilo de vida. Pero las opiniones de estas personas los representa solamente a ellos mismos, y no pueden pretender tener un peso más importante que la opinión de otro ciudadano. La dimensión representativa del GIEC (todos los países, todas las disciplinas) tiene justamente por vocación reducir este sesgo. Sin embargo, con frecuencia, los escépticos creen lograr poner en evidencia una debilidad que evitaría tener que plantearse el problema del cambio climático. Pueden decir, por ejemplo, que el GIEC habría “omitido” la actividad solar, critican esta “omisión” bajo el pretexto de que algunos científicos estiman la actividad solar es más importante de lo que deja pensar la literatura existente sobre el tema. Ellos manipulan la presentación de su posición de tal manera que los argumentos pasan por un consenso “científico”. En este sentido el GIEC estaría solamente haciendo aproximaciones y no sería confiable. El problema es que toda ciencia proviene de aproximaciones e interpretaciones… Las objeciones son con frecuencia muy generales pero ellas son expuestas con fuerza y en bata blanca, lo que les da credibilidad. Ellas responden a un deseo muy humano: creer que el problema no existe y que se puede continuar a utilizar tranquilamente las tan convenientes energías fósiles.

Las conclusiones del grupo de trabajo del GIEC que se presentaron el 27 de septiembre vienen nuevamente a confirmar los resultados anteriores. La tasa de CO2 es un 40% más alta que en 1850, situándose en el nivel más alto registrado en los últimos 800 000 años. En consecuencia, la acidez del océano ha aumentado ya que ella depende de la tasa de CO2 (entre más alto es el porcentaje de CO2 más alta es la absorción del océano, en forma disuelta). El problema es que entre más ácido es el océano, él es menos propicio a la vida, y esta última es una gran “pozo ” de carbono (las plantas absorben el CO2). Desde 1850, la temperatura media del planeta ha tenido un aumento de casi medio grado, sabiendo que nos encontramos en un periodo dicho “caliente” entre dos glaciaciones, en un futuro más o menos lejano, digamos decenas de miles de años, deberíamos avanzar hacia el enfriamiento. El 90% del exceso de calor se almaceno en el océano, que tuvo un recalentamiento de 0.45°C en los 75 primeros metros. La influencia de la actividad solar, en lo que insisten con frecuencia los escépticos, es tomada en cuenta pero considerada como secundaria, frente a la emisión de gases de efecto invernadero de origen humano. Entre las diferentes variables que tienen una influencia en la temperatura, (“polvo” en suspensión en la atmosfera) solo el efecto de los aerosoles, es considerado con mucha incertitud, pero con la certeza de que ayudan a enfriar el planeta y no a recalentarlo. Esta influencia se da en una proporción que no pone en duda la contribución del gas de efecto invernadero. El hielo funde por todo lado, en las montañas y en los polos el promedio es de 1 a 4% cada década, lo que combinado a la dilatación de los océanos da una elevación del nivel del mar de aproximadamente 20cm. En resumen, todos los indicadores posibles van en una misma dirección. “La influencia humana en el sistema climático es clara. Esto es evidente en el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, en un refuerzo radiactivo positivo, en el calentamiento observado, y en la comprensión del sistema climático”. Y “es muy probable que la influencia humana haya sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo 20″.

El informe propone también una serie de escenarios, denominados « representative concentration pathways ” (RCP) que se pueden traducir como “vías de concentración representativas”. Estos se refieren a los posibles cambios en nuestro mundo, considerados coherentes y consistentes, pero también posibles. Son cuatro escenarios. Los dos más extremos proyectan un calentamiento máximo de 2.6°C y de 8.5 °C. Sólo el primero permite no superar, de aquí al año 2100, los 2°C de calentamiento, meta considerada como la única “segura”, de acuerdo con los compromisos de la Unión Europea. Si se supera esta cifra, el calentamiento sería tal que el objetivo que surgió en la Convención Marco sobre el Cambio Climático, no podría alcanzarse. En virtud de este acuerdo, todos los países del mundo se comprometieron a reducir sus emisiones de manera que el sistema climático no sea desestabilizado4.

Enumeremos algunas de las consecuencias esperadas : la intensificación del fenómeno de ” El Niño “, que ya ha causado una destrucción considerable en el costado occidental de América del Sur ; el debilitamiento de los vientos monzones indispensables a la supervivencia del sudeste de Asía; el muy probable aumento de lluvias extremas en las latitudes medias, que se refleja , en particular, en el aumento de la frecuencia y la fuerza de los huracanes en el Atlántico Norte, reforzados por el aumento de la temperatura media de la superficie de los océanos; debilitamiento progresivo de la gran corriente oceánica global, que incluye la Corriente del Golfo que calienta a Europa; el deshielo casi completo de la Antártida y de todo el hielo existente en el escenario a 8,5 ° C , lo que explica en parte el aumento del nivel de los mares que iría hasta los 7 metros en el año 2200 o 2300. Los mapas también muestran que los cambios varían de una zona del mundo a otra.

A estos efectos locales progresivos, pero no carentes de brutalidad a nivel local, se suma la posibilidad de violentas e irreversibles rupturas a una escala global del clima. Las causas pueden ser: la fusión del hielo de metano presente en los océanos, especialmente en el Triángulo de las Bermudas, lo que podría acelerar el calentamiento global ya que es un potente gas de efecto invernadero; el bloqueo de la corriente oceánica global; la muerte súbita de los bosques tropicales o los bosques boreales, debido a un cambio climático muy rápido, y la desaparición total de la banquisa en el Ártico; los períodos de sequía prolongada. Los fenómenos son propensos a agravar la situación, sin ser brutales, como el deshielo del permahielo siberiano, rico en metano.

La cuestión del cambio climático es sin duda uno de los grandes negocios del siglo 21. Ella pone en tela de juicio la forma de vida de los países “desarrollados”, y prohíbe que este sea tomado como modelo por el resto del mundo. Los países industrializados deben rápidamente tomar otra vía, al mismo tiempo que los países en desarrollo. El desarrollo excesivo de unos y el subdesarrollo de los otros, no son los caminos que pueden conducir a lo que a veces se llama en Latinoamérica el buen vivir.

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1Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático
2http://www.lefigaro.fr/debats/2008/07/08/01005-20080708ARTFIG00008-kosciusko-morizet-ferry-quelle-ecologie-pour-aujourd-hui-.php
3http://www.ipcc.ch
4http://unfccc.int