* Palabras al Margen

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Unos días después de que tuvieran lugar estas declaraciones, el Ministro de Hacienda controvirtió las manifestaciones de la entonces directora de Colciencias. Aseguró que de parte del gobierno nacional había un compromiso inequívoco con la investigación en el país y que eso se vería reflejado en el presupuesto de Colciencias. A principios de este mes de agosto, el Presidente de la República reafirmó que el presupuesto del ente rector de la investigación en Colombia no sería reducido en 2015. El documento Conpes, que determina finalmente el presupuesto de Colciencias, reflejaría la aseveración de Santos.

Pues bien, el asunto es que incluso si los recursos con los que cuenta Colciencias no se reducen, la situación de la financiación y asignación de recursos para investigación no va por buen camino. Para analizar lo que está sucediendo con esta entidad hay que preguntar dos cosas: por una parte, ¿de dónde proceden los recursos que ingresan al sistema de ciencia, tecnología e innovación del país? y, por otra, ¿cuál es el destino de esos recursos?

En relación con lo primero hay que decir que los recursos de los que dispone el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación no sólo proceden de la asignación presupuestal del gobierno nacional, sino también –y esto es así desde 2012– de una parte de los recursos que recibe el Estado colombiano por concepto de regalías. Como recordaremos, en 2011 se reformó la Ley de Regalías y las consecuencias más notables de tal reforma fueron las siguientes: por un lado, se centralizaron los dineros de las regalías y, por otro, a los recursos procedentes de las regalías se les asignaron unos destinos bien precisos.

Lo importante para la investigación es que de las regalías que le corresponden a cada departamento –según determinó el gobierno nacional– el 10% se habría de destinar a la financiación de actividades de ciencia, tecnología e innovación. Esto sonaba interesante para la investigación. Pues por ejemplo, un departamento como Montería devengaba en ese entonces alrededor de 800 mil millones de pesos anuales por concepto de regalías. El 10% de todos estos recursos llegarían al sistema de ciencia y tecnología del país.

Sin embargo, esa reforma a la Ley de Regalías y su pretensión de dar más dinero a la investigación tiene dos inconvenientes. Por una parte, el modo como está diseñada la asignación de esos recursos para la financiación de proyectos de investigación no evita la politiquería, es decir, la corrupción, el clientelismo, los denominados “favores políticos”, etc., tan notables en las regiones de nuestro país. Veamos.

Los proyectos de investigación que se presenten a fin de que sean financiados por el Sistema General de Regalías deben plantear un problema que no sólo sea de interés para la “ciencia”, sino también para un departamento del país. Es decir, los proyectos que aspiren a obtener recursos no sólo deben desarrollar asuntos científicos, sino también contribuir al mejoramiento visible de algunos problemas de las regiones. Así por ejemplo, asuntos como el del cultivo del cacao en el departamento de Santander o el del café en el eje cafetero no sólo inquietan a los agrónomos, sino también a los departamentos en que se van a desarrollar, de modo que resultan idóneos para que busquen financiación por parte del Sistema General de Regalías. Esto quiere decir, a su vez, que la formulación de los proyectos de investigación debe tener en cuenta los Planes de Desarrollo de los departamentos en los que se quiera desarrollar la investigación.

Ahora bien, quien acepta o rechaza la postulación de un proyecto es un órgano colegiado denominado OCAD, que está compuesto por un representante del Gobierno Nacional, un representante de los gobernadores del país y un representante de las universidades colombianas. Como el propósito es que los proyectos de investigación beneficien al departamento que sea del caso y como la autoridad que en últimas puede determinar si esto es así es el gobernador del departamento en el que se va a ejecutar el proyecto, es decisivo que el gobernador departamental correspondiente se apersone del proyecto y solicite al OCAD la aprobación del mismo. El inconveniente está en el tipo de transacciones y exigencias que el gobernador del departamento en cuestión exija a fin de que éste se apropie del proyecto y requiera del OCAD la aprobación del mismo.

En efecto, ya se han hecho sentir las quejas de algunos investigadores que han recibido presiones por parte de los gobiernos departamentales, quienes presuntamente condicionan su apoyo al proyecto al hecho de que se los deje participar de los recursos que le sean asignados a la investigación. La procedencia de algunos de los recursos para la investigación parece, pues, estar de antemano viciada por la corrupción de los políticos regionales.

A esto se suma el hecho de que incluso la dirección de Colciencias es designada por el gobierno de turno. Es sabido que durante los últimos cuatro años esta entidad ha sido la “cuota política” del partido verde y que en otro tiempo fue el botín político de otros partidos. Es tanta la presencia de la politiquería en el sistema de investigación del país que, como lo muestra el caso de la exdirectora de Colciencias Marcela Pulgarín, en el momento en que las declaraciones de la dirección de la entidad y las del gobierno de turno no vayan en consonancia, este último puede disponer del cargo de la dirección de Colciencias a su antojo.

El otro asunto importante es el del destino de los recursos del Sistema General de Regalías o, mejor, las áreas de conocimiento a las que se les asignan esos dineros. Claramente, la “ciencia” que conduce a soluciones inmediatas de los problemas de los distintos departamentos del país no es la ciencia en su conjunto. En últimas, la “ciencia” a la que van dirigidos los recursos de las regalías es la denominada “ciencia aplicada”. Los grupos de investigación que buscan beneficiarse de estos recursos proceden casi en su totalidad de las siguientes áreas de conocimiento: ciencias de la salud, ingenierías y agroforestales. De ahí que las ciencias de la naturaleza (física, matemáticas, química), las artes, la filosofía, y muchas de las investigaciones adelantadas en las ciencias sociales o no hayan sido beneficiadas por estos recursos o lo hayan sido de manera sólo tangencial.

Ahora bien, no sólo los recursos procedentes del Sistema General de Regalías, sino también las convocatorias que se están abriendo en Colciencias, benefician casi exclusivamente a las ciencias de la salud, las ingenierías y las agroforestales. Si se consideran las convocatorias de investigación que en este momento tiene abiertas esa entidad, se llega rápidamente a la conclusión de que son prácticamente inexistentes las oportunidades de financiación para las artes, la filosofía, las ciencias humanas y las ciencias sociales.

Creo que la comunidad académica del país debe dejar a un lado el silencio que la ha caracterizado en relación con las políticas de Colciencias. Es necesario exigir que la designación de la dirección de esta entidad y la asignación de los recursos ofrecidos para la investigación sean excluidas de los juegos de la politiquería. Dicho de otra manera, hay que exigir que Colciencias se convierta en una entidad autónoma de las políticas de los gobiernos centrales y regionales.

A su vez, es necesario diseñar políticas más equitativas para las áreas de conocimiento. Convocatorias que no beneficien a unas áreas más que otras, sino que les asigne presupuesto indistintamente a todas las disciplinas y de acuerdo con sus requerimientos. Creo que ello sólo se puede lograr en la medida en que la dirección de Colciencias no esté a cargo de un único director, sino de una junta académica compuesta por representantes de todas las áreas del conocimiento. Tal junta garantizaría a la entidad una visión del todo de la ciencia y le permitiría diseñar políticas diferenciadas que representen los intereses de todas las áreas del conocimiento.

El panorama de la investigación y de las ciencias humanas no es por lo pronto alentador, más si se tiene en cuenta algo en relación con el nuevo decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. La Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional puede jugar un papel determinante en la redirección de las políticas de Colciencias: sólo considérese el hecho de que es la Facultad más grande del país. Pues bien, algunas de las afirmaciones que he escuchado del nuevo decano de la Facultad de Ciencias Humanas sobre las políticas de Colciencias, han hecho evidentes tanto su desconocimiento de lo que está pasando en esta entidad como su indiferencia ante qué pueda pasar en ella. Esperemos que como decano de la Facultad lo haga mejor que como director de los posgrados del departamento de Historia: un departamento que en 2013 perdió la oportunidad de aspirar a las becas para estudiantes de doctorado de Colciencias, porque el programa no se presentó a la convocatoria.