* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

Así pues, el nombre de Estanislao Zuleta (Medellín, 3 de febrero de 1935 – Cali, 17 de febrero de 1990) y su aporte intelectual y magisterial se unió a la recordación y divulgación que otros participantes hicieron de Ignacio Torres Giraldo (1893-1968), Germán Arciniegas (1900-1999), Luis Nieto Arteta (1913-1956), Jorge Gaitán Durán (1924-1962), Orlando Fals Borda (1925-2008), Gabriel García Márquez (1927-2014), Camilo Torres (1929-1966), además de algunas prácticas colectivas o instituciones que en nuestro país han promovido el desarrollo cultural. Recordación que no ha de quedarse en la construcción de estatuillas para saludar, sino que ha de ser una de las vías para avanzar hacia esa necesaria conexión entre la historia y la política, porque muchas ideas, ideales y proyectos que se desarrollaron -e incluso aquellos que quedaron truncos- pueden inspirar futuros democráticos para nuestra Colombia de hoy, pues la densidad histórica es una condición para soñar con posibilidades alternativas, mientras que la ingenua idea de que la historia empezó ayer es una de las causas del craso escepticismo. Ahora, nos detendremos en Estanislao Zuleta por el hecho de que en este 2015 que comienza se da curso a una efeméride que conmemora los 80 años de su nacimiento y los 25 de su muerte a causa de un infarto cuando recién llegaba a los 55 años.

Zuleta tiene un lugar en la historia de nuestro país, puesto que su visión y su pensamiento han logrado afectar a varias generaciones, siendo reconocido por muchos como un maestro que sigue generando efectos a través de la obra que ha logrado recuperarse transcribiendo sus innumerables conferencias. Por la vía paterna, Zuleta proviene de una tradicional familia antioqueña cercana al periódico local y conservador, El Colombiano, pero llegó a conformar un pensamiento crítico influenciado por el marxismo y las teorías que marcaron la historia de la modernidad tardía principalmente en Europa: el psicoanálisis freudiano y lacaniano, la novela moderna en la que se destaca el impacto que en él produjo La Montaña Mágica de Thomas Mann y la filosofía crítica con Platón, Kant y Nietzsche a la cabeza, así como figuras intelectuales del momento: Sartre y Althusser, no sin antes haber bebido de producciones filosóficas y artísticas locales como las concretadas por Fernando González o por aquellos autores que reposaban en la biblioteca paterna y que son expresión de lo que contenían las bibliotecas medianamente cultas de la época: Epifanio Mejía, Rafael Pombo, José Asunción Silva, Tomás Carrasquilla, Efe Gómez, Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Cesar Vallejo y los poetas que lo acompañarían toda la vida: León de Greiff y Luis Carlos López.

Esta trayectoria intelectual de Zuleta estuvo marcada por una temprana y radical crítica a la institucionalidad, lo que lo llevó a permanecer por fuera de la academia, siendo fugaz su paso por instancias gubernamentales en las que asesoró diversos gobiernos entre los que se cuenta el del expresidente Belisario Betancurt. Esta condición marca en buena medida su singularidad intelectual, pues tampoco inscribió su labor en una disciplina académica o un campo intelectual específico, haciéndolo foco de críticas diversas, provenientes principalmente de las ortodoxias disciplinares o políticas, pues a lo anterior se suma su distancia crítica con el comunismo soviético y con el Partido Comunista Colombiano, del que fue expulsado en los años sesenta después de una breve experiencia de formación y “concientización” de bases campesinas y obreras en el Supamaz y en la ciudad de Medellín.

Así pues, Zuleta, y otros intelectuales de los que estuvo cerca, podrían ubicarse como parte de la izquierda crítica de nuestro país, siendo oportuno rescatar la fundación del Partido de la Revolución Socialista (PRS) en 1962 -tras el declive del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) fundado por Alfonso López Michelsen como oposición al Frente Nacional- y de su órgano de difusión, la revista Estrategia, que sólo alcanzó tres números entre 1962 y 1964, tiempo de duración de lo que en realidad era un movimiento de estudiantes, profesores y algunos sindicatos distanciados del Partido Comunista pro-soviético que buscaba, antes que nada, avanzar en una formación marxista rigurosa que contribuyera a elevar el nivel cultural de la población y a desarrollar una conciencia social fundamentada, que no circunscribiera sus comprensiones al análisis político económico sino que se sirviera de otros logros de la cultura desde una perspectiva marxista. El fin de esta experiencia estuvo asociado a la atmósfera social que cada vez se hacía más proclive a las lógicas de la lucha armada, postura que públicamente rechazaron los fundadores. De allí en más Zuleta no participaría de otras experiencias partidistas, pero fue siempre un promotor de estudios culturales y políticos y de lecturas compartidas de autores imprescindibles, entre los cuales se contaba El Capital de Marx. Incluso la labor psicoanalítica que a partir de los años setenta desarrollaría más decisivamente en Cali, estuvo relacionada con el inclaudicable ideal de que la transformación hacia una sociedad más democrática era posible y necesaria.

Sin duda se trata de un agudo crítico que se atrevía a priorizar el abordaje de problemas, tomando como herramientas los saberes y las teorías más pertinentes, y que se atrevía a poner en diálogo a pensadores diversos; se trata de un maestro de la lectura -como lo llama William Ospina- porque enunció y desarrolló una teoría de ésta que lo convirtió en un generoso mediador entre los logros de la cultura Occidental y la ciudadanía más general; se trata de un irreverente intelectual que se sostuvo por fuera de la institucionalidad, pecando incluso por falta de compañías intelectuales sostenidas que lo potenciaran; se trata de un pensador que reflexionó la vida cotidiana porque entendió que en ella, y no sólo en la palestra pública, se juega el tipo de sociedad que constituimos; se trata de un “héroe modernizador” que insistió sin reservas en valores como la racionalidad, el diálogo, el pensamiento y la universalidad por considerarlos pilar de la democracia; se trata de un colombiano que pensó a Colombia desde perspectivas históricas, políticas y sobre todo éticas, pues insistió en que la única opción que le quedaba al país era la expansión y la profundización de la democracia que tiene altísimas exigencias: señala hacia un futuro incierto, las conquistas son frágiles porque no necesariamente se sostienen, implica la sincera asunción de una actitud modesta que deje de lado la idea de que se tiene la verdad única y absoluta e implica respeto por el otro, lo que no es tolerancia pasiva sino el esfuerzo por encarar -sin conculcar- la otredad. Por tanto, la conferencia que le ofreció en mayo de 1989 a los guerrilleros del M-19, próximos a desmovilizarse, es actual para el desafío que hoy enfrenta Colombia ante este inminente acuerdo de paz hacia el que avanzamos y los enormes retos que con él tendremos que enfrentar.