* Palabras al Margen

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Las preocupaciones en el ámbito político pasan generalmente por la ampliación de niveles de cobertura y por el mejoramiento en la calidad de la educación ofrecida, referentes que son centrales en discusiones sobre educación y que de ser usados como herramientas políticas podrían derivar en grandes beneficios para la sociedad. Ahora bien, vale la pena señalar que mientras la cobertura es un indicador objetivo que puede medirse con base en una lógica cuantitativa, el asunto de la calidad parece ofrecer resistencia a la lógica positivista y demanda un acercamiento de tipo comprensivo a los distintos aspectos que componen el sistema de enseñanza.

Un conocido indicador de calidad es la prueba internacional de educación del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) y el informe sobre los resultados de Colombia en la misma pone al descubierto deficiencias en la calidad de la educación media impartida en el país. En otras palabras, los estudiantes colombianos se encuentran hoy por debajo de los niveles internacionales de competencias en lectura, matemáticas y ciencias, y la misma interpretación sigue siendo válida incluso cuando éstos son comparados con estudiantes pertenecientes a países con características similares de la región. Otras cuestiones importantes resultan del análisis de dichas pruebas: si por un lado los resultados arrojan la existencia de brechas entre el sector público y privado, por el otro quedan también patentes diferencias entre individuos oriundos de estratos sociales menos favorecidos.

Un tema que ha tenido menos alcance mediático respecto a los resultados de la prueba, pero que debería cobrar importancia cuando nos referimos a la calidad de la educación, es la inequidad de género. Según los resultados de PISA, las mujeres en nuestro país se encuentran rezagadas comparativamente frente a los hombres respecto a la adquisición de competencias escolares en matemáticas y ciencias. El promedio de la distancia que existe entre mujeres y hombres que rindieron la prueba en el 2012 es de cerca de 25 puntos, resultados que posicionan a Colombia como el segundo país a nivel mundial con la mayor brecha de género respecto a los logros educativos2 (de entre los 65 países participantes en la prueba, entiéndase).

Si bien no se busca encontrar aquí respuestas de tipo causal, estos resultados podrían interpretarse a la luz de factores socio-culturales y de su vínculo con aspectos formales e informales en el seno de la institución escolar. Así, existe la asunción generalizada de que los hombres tienen una capacidad innata para las matemáticas y las ciencias duras en general; mientras que las mujeres son mejores en tareas de lecto-escritura. Este tipo de creencias y su reproducción en el ámbito de la escuela es capaz de generar un fenómeno conocido como profecía auto-cumplida3, dando lugar a desempeños más bajos por parte de las mujeres en estas áreas. De manera similar, las expectativas de los maestros, en cuanto al rendimiento de sus alumnos, pueden llegar a afectar su real prestación. En este caso, si los profesores llevan al salón de clase expectativas más altas relativamente al desempeño de los hombres, inevitablemente eso tendrá impacto en el desarrollo de habilidades de ambos géneros.

Otro factor que puede contribuir a los resultados desiguales en las pruebas está relacionado con las formas de crianza que, en general, preparan a los hombres para situaciones en las que predomina la competición, mientras que las mujeres son preparadas para labores de carácter más cooperativo, que tienen que ver con el cuidado de los hijos o la dedicación al hogar. Por lo anterior, al momento de presentar una prueba de conocimientos las mujeres pueden sentirse poco cómodas en esa situación de competencia, con una consecuente exacerbación de síntomas de ansiedad y la reducción de su desempeño.

Otros temas adicionales que podrían explicar lo anterior son: la influencia del material didáctico utilizado para enseñar, la existencia de temáticas pedagógicas poco apelativas para la mujer -en donde se excluyen esos “mundos femeninos”- o las características propias del instrumento de medición utilizado en las pruebas PISA.

Ahora bien, se puede decir que una consecuencia de la desigualdad en el logro de resultados en la escuela deriva en la elección desigual de carreras y en el fenómeno bien conocido de las ocupaciones estereotipadas por género, esto es, las mujeres suelen optar por carreras más relacionadas con las ciencias sociales y humanidades (que son en general las peor remuneradas) mientras que los hombres se concentran alrededor de profesiones mejor pagadas como las ingenieras o las áreas de informática. Esto conduce en últimas a la existencia de brechas salariales y a diferencias económicas significativas que colocan a la mujer en una situación más vulnerable.

Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron4 dijeron alguna vez que los sistemas educativos tienen la perversa capacidad de excluir de manera diferenciada y culturalmente arbitraria a los alumnos, con base en su procedencia social y beneficiando a los más favorecidos -entendido como violencia simbólica en la propuesta bourdieuniana-. Una lógica muy parecida podría estar operando en el dominio de las diferencias de género, perpetrando al interior de la institución educativa lo que ocurre en la sociedad. Así como cobra importancia profundizar la discusión sobre la calidad de la educación, también sería deseable comprender su función como un mecanismo útil de integración de la perspectiva de género, bajo la premisa de que el propósito de un sistema educativo es en todo caso la concepción de una sociedad más democrática, incluyente e igualitaria.

Por lo anterior, las políticas deben estar orientadas de tal manera que independientemente del género, hombres y mujeres sean capaces de aprender y desarrollarse en las distintas disciplinas que componen el pensum escolar. En la misma línea de ideas, la perspectiva de género en los análisis sobre la calidad de la educación es necesaria y plantea un campo de reflexión que debe orientar el desarrollo de política pública educativa, así como acciones de planeación vinculantes. Es un anhelo que en Colombia existan mujeres altamente cualificadas, integradas laboralmente y que eso derive necesariamente en mayor autonomía y en su activa participación en lo social y en lo político.

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1Barrera-Osorio, Maldonado y Rodríguez (2012). Calidad de la educación básica y media en Colombia: diagnóstico y propuestas. Serie de documentos de trabajo nro. 126.
2http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7749-la-educaci%25C3%25B3n-en-colombia-aumenta-las-brechas-sociales.html
3Merton, R.K. (1948). The self-fulfilling prophecy. Antioch Review, 8, 193-210.
4Bourdieu, P. & Passeron, J. C. (1981). La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Barcelona: Editorial Laia.