* Palabras al Margen

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Seloua Luste Boulbina (SLB): filósofa, investigadora asociada al CSPRP (Universidad Denis Diderot Paris7).
Fathi Triki (FT): filósofa, titular de la cátedra de la Unesco de filosofía del mundo árabe.
Rachida Triki (RT): crítica de arte y curadora de exposición.

SLB: Bajo el régimen de Ben Ali, la palabra política y el conjunto de las formas de expresión culturales fueron amordazadas. Era significativo constatar hasta qué punto ciertos nombres y ciertas palabras no podían pronunciarse, incluso en un marco privado. La “revolución tunecina” no puede reducirse a la destitución de un dictador. Ella no significa necesariamente el fin de la censura. Lo que podemos llamar la cultura es a la vez un campo de acción y de lucha en el cual las mujeres están muy presentes. Es además el título de una exposición organizada el 13 de agosto del 2012 para la fiesta de la mujer, “presentes”. ¿Cuál es la situación de la cultura y de la acción política en Túnez a partir de enero del 2011?

RT: Hubo, sobre todo en teatro con los grafiteros clandestinos, los raperos,  menos, sin duda, en la literatura, acciones subversivas de contracultura y rebelión que, directamente o indirectamente, desafiaban la censura y hablaban de la dictadura. La novedad en ese momento fue la creación de redes. A través Facebook e Internet los artistas crearon una dinámica de protesta. Hubo detenciones de “slameros” y raperos. Hubo censuras al teatro. A partir de enero 2011 sentimos, a través de estos procesos de creación, que los jóvenes osaban y tenían cada vez menos miedo. Sus acciones estaban en sintonía con los movimientos sociales de protesta. Esto tomó una gran dimensión en internet. Al mismo tiempo, el 404 (en todas las páginas censuradas aparecía esta cifra), la censura trabajaba mucho. Había una guerra fría entre la censura e internet. El descontento era general pero la creación daba visibilidad a la contestación.

SLB: En poco tiempo, la “escena política” tunecina o el “espacio público” en Túnez han cambiado considerablemente. ¿Cómo pasaron estas cosas  exactamente?  ¿La libertad no ha sido parcialmente ganada, parcialmente confiscada? Numerosas acciones culturales (exposiciones o representaciones) son consideradas como contrarias a los valores de la sociedad tunecina, o del Islam. Así, el marabout1 de Sidi Bou Said (al norte de Túnez) fue destruido. El patrimonio arquitectural y religioso tunecino es considerado por algunos como algo que no tiene cabida en la sociedad. Al mismo tiempo, “los reencauchados”, una emisión satírica de televisión, se burló de los miembros del gobierno. Uno de sus personajes se llamaba Hassan Samantha, en referencia a la serie americana “Mi mujer es una bruja”. Los islamistas también llevan vestidos largos y palos…

FT: Tenemos que distinguir desde el 2010 tres grandes periodos de la intervención cultural en Túnez.

La primera puso en marcha, desde el año 2000, algo que iba poco a poco desestabilizar la ideología del partido en el poder, que funcionaba como partido único. Luego la diversidad se impuso: en los modos de expresión, en los enfoques, en las intervenciones en todos los niveles, sobre todo a nivel intelectual. Los intelectuales empezaron decir lo que pensaban sobre la situación social, la situación económica y en especial sobre la unicidad de la acción y de la política. Es una fase en la cual las acciones estaban dirigidas contra la canalización, que el ministerio de la cultura hizo, en contra de la oficialización de la cultura.

La segunda fase vio el despuntar de la cultura, como una rosa que intenta abrirse. La revolución le dio belleza y perfume. Esto se tradujo por una actividad muy libre con respecto a la palabra, a la canción, a la música, a las artes visuales, al teatro… Eso duró casi dos años. Tanto así, que algunos intelectuales se preguntaron si no debían orientar esta actividad estética. Es una fase muy interesante, única en su género. En efecto, ese momento se acompañó de un movimiento de pensamiento inédito, que Túnez nunca había conocido. La gente escribió mucho, sobre todos los temas. Nació, en especial, un nuevo género literario: la literatura de las cárceles. Periódicos de presos fueron publicados así que relatos sobre la tortura, con descripciones de todos los tipos de torturas vividas por los opositores. La novela, incluso la poesía, empezó a integrar esta literatura de cárceles. El cine también empezó a tratar el tema…

La tercera fase fue la del desencanto: Había una lucha clara contra la dictadura y seguía la libertad. Hoy, la cultura trata con un poder que “se islamiza” intentando islamizar la sociedad. Pero la cultura es una expresión social. No puede perder su esencia. Por esto la lucha a muerte contra el poder. ¿Cómo se lleva esta lucha? En realidad, el poder no quiere afrontarse directamente a las actividades culturales ni atacar directamente a los intelectuales. Sabe que eso puede provocar la reacción popular. El poder entonces ha puesto en marcha, a nivel social, grandes y pequeñas organizaciones que socavan las actividades culturales en  nombre de la moral del Islam y a veces, inclusive, en nombre de la tradición social. Así en Kef (al norte de Túnez) un grupo de teatro puso en escena hombres semi-desnudos, como en la Meca para la peregrinación. Entonces, a comienzos de julio del 2013, grupos islamistas ligados al poder incendiaron el teatro. Resistencia, revolución, lucha a  muerte.

SLB: Hay entonces actualmente una fachada oficial y una fachada oculta de la política cultural en Túnez. Ennahda, que significa “movimiento para el renacimiento”, es la principal  fuerza política del país. Muy recientemente, un “Nahdaoui”, diputado de la asamblea nacional constituyente (ANC), propuso modificar la bandera nacional tunecina, que actualmente es roja y tiene en su centro una media luna y una estrella blanca. Este diputado quería añadir la profesión de la fe islámica: “no hay Dios otro que Dios”. Esto es simbólicamente significativo. ¿En qué situación concreta nos encontramos ahora?

FT: Hay que comprender que hay dos velocidades: la velocidad política y la velocidad social. La primera es democrática: hay partidos políticos que luchan, manifiestan y toman la palabra. La expresión de la libertad política es muy importante. Es la velocidad palpable y visible. Pero hay una velocidad oculta: es la velocidad social que tiende ir hacia la tradición, en el sentido inverso. El partido en poder quiere que la velocidad social retorne a la tradición. Políticamente se dan subvenciones pero socialmente se socava lo que se apoya financieramente. La censura se ejerce socialmente movilizando las milicias. Hay predicadores que vienen de Arabia Saudita y que pronuncian fatwas2 para “masacrar” a las mujeres. Políticamente se está por las mujeres, socialmente no.

SLB: Hace algunos años, la mayoría de tunecinas no utilizaban el velo. Este hecho es muy conocido. La situación de las mujeres  en Tunes era más favorable que en la mayoría de los países del mundo árabe. Hoy en día muchos hombres se han dejado crecer la barba y una gran parte de las mujeres  utiliza vestidos largos que cubren bien sus cuerpos así que un pañuelo que esconde completamente sus cabellos. En la playa los “burkinis”, especie de enterizos de baño en colores oscuros, se multiplicaron. Las mujeres van a la playa vestidas así y con la cabeza cubierta por un velo. Esto se estandarizó, especialmente en ciertas capas sociales de la población. Habría que preguntarse si se trata de una “elección obligada”. En todo caso se trata de signos sociales claros.

RT: El análisis de Fathi es válido también para el movimiento de defensa de las libertades de la mujer. Al igual que la liga de los derechos humanos, la asociación de mujeres demócratas es una asociación militante y vigilante en cuanto a las modificaciones del estatus de la mujer, esta asociación es una de las mejores del mundo árabe. Ella siempre ha estado atenta,  militando por ejemplo por el derecho a la herencia3. Luego de la revolución, el número de miembros de la asociación ha aumentado. Hay una verdadera confrontación entre las mujeres demócratas, las mujeres laicas y las mujeres de la antigua generación (las de Bourguiba) quienes salen con frecuencia a manifestar. La fiesta de la mujer es espectacular.

En el plan político, la paridad ha sido un tema importante. Ennahda, el partido islamista, ha jugado la carta de la paridad. Es el partido que más mujeres presentó. Hay muchas mujeres en Ennahda que hablan cubiertas con el velo. ¿Qué van hacer ellas luego? ¿Podrán callarse? Algunas se convirtieron en estrellas. Es un aprendizaje político.  En cuanto a los partidos de izquierda, estos eran mayoritariamente masculinos, probablemente ellos jugaron menos con la carta de la paridad. Claro está que se trata de una operación de fachada. En la práctica, de un lado está el discurso oficial, del otro, en las prácticas sociales, la mujer es el “enemigo privilegiado”. Hay una focalización sobre la mujer: una batalla moralizadora, un trabajo de cercanía para que la mujer utilice el velo. La calle ha cambiado: la población se viste de una manera diferente, las escuelas, liceos y jardines infantiles también: ha habido una profusión de escuelas coránicas, se pone el velo a las niñas en las ceremonias donde el velo es obligatorio. Hay todo un trabajo subterráneo de educación y de intimidación y se ha llegado, en los barrios populares, a la agresión. Contra esto hubo una movilización de mujeres, especialmente  en el 2012, cuando en la ANC se quiso adoptar un artículo en donde se definía a la mujer como “complemento” del hombre. Hubo una movilización nacional e internacional que lo hizo retroceder. Las mujeres que trabajan son constantemente objeto de intimidaciones  y de coerción con el fin de obligarlas a  renunciar.

Los predicadores han pedido practicar la ablación sexual sobre la mujer en vista de su pureza. Un miembro de la Ennahda lo pidió argumentando que es más “estético”. El cuerpo de la mujer está en el centro de la vida política. Es una expresión del odio hacia la mujer. Sus discursos sostienen que las mujeres toman el lugar de los hombres en el trabajo, que las mujeres no tienen necesidad de ir a la escuela, por ejemplo la batalla de la burka tuvo lugar en la universidad. Lo peor pasó con la guerra civil en Siria, que ha sido la ocasión para conformar una red de prostitución al servicio de los “moudjahidines”. Muchas mujeres jóvenes han  sido motivadas, por el partido en el poder, para ir a Siria y convertirse en el “descanso del guerrero”. Ha habido muchas desapariciones. Un hombre ha llegado hasta a dar a su esposa al djihad. Ella logro escaparse de Turquía, que es el lugar de pasaje hacia Siria.

La mujer es el blanco privilegiado del poder y de los islamistas. Ahora, cuando las jóvenes solteras salen del país para viajar, se les pide la firma del padre y de la madre, a pesar de no ser menores de edad. La situación de estas mujeres es dramática.

SLB: Una última pregunta sobre la universidad. Hubo provocaciones. El rector fue injustamente acusado de violencia por jóvenes estudiantes que usan el velo. Finalmente fue absuelto. ¿Qué pasa con los estudiantes universitarios?

FT: La universidad no ha cambiado de política. Ella siempre ha resistido: en los tiempos de Bourguiba y luego en los tiempos de Ben Ali. Ella sigue resistiendo. Ella defiende la autonomía académica y protege las conquistas de la modernidad y de la revolución. El movimiento de la universidad de la Manouba, cuando los integristas quisieron tomar el poder, fue muy fuerte: profesores, estudiantes, obreros, resistieron ferozmente. Cuando los integristas descolgaron la bandera de Túnez para remplazarla con  la bandera negra de los integristas, una joven tuvo la valentía de quitar la bandera negra, a sabiendas que sus adversarios estaban armados. La universidad, la sociedad civil y las mujeres luchan por una democracia ciudadana contra la ciudadanía de fachada del partido Ennahda.

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1Tumba sagrada.
2Pronunciamiento dado por un especialista de la ley islámica, sobre una cuestión en particular.
3Actualmente el derecho a la herencia es desigual. Los hermanos, con respecto a sus hermanas, heredan más de la mitad de los bienes.