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* Palabras al Margen

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La influencia de la filosofía liberal marcó su vida. Su padre, médico educado en Francia, y sus tíos Montaña participaron en la Guerra de los Mil Días (1899-1902), algunos de sus primos murieron en la contienda. Su padre, Eliseo Montaña, de regreso de Francia viajó a Estados Unidos y allí se alistó como médico en la expedición militar que pretendía apoyar al general liberal Benjamín Herrera en Panamá. Expedición a la que se sumó su tío materno Zoilo Cuéllar Durán, también médico y compañero de su padre en la Sorbona. Su abuelo materno Zoilo Cuéllar Sierra, abogado y político fue miembro de la dirección nacional de liberalismo durante la guerra de los Mil Días, época en que cayó preso en el Panóptico de Bogotá.

Su abuela materna era hija del general Liborio Mejía, quien participó por el Tolima en la Convención de Ríonegro que proclamó la constitución liberal de 1863. El compromiso social de su padre en el ejercicio de la medicina se reflejó en propuestas en las que ligaba las condiciones negativas del agua, acueductos y alcantarillados con la salud colectiva y a plantear la necesidad de orientar la asistencia pública como una obligación del Estado a fin de superar la concepción prevaleciente entonces de prestar la asistencia como un ejercicio de la caridad por parte de los particulares. Sumado a lo anterior y con el fin de ofrecer una nueva institución que aplicara y pusiera los avances científicos al servicio de la comunidad, Eliseo Montaña y Zoilo Cuéllar junto con otros profesionales de la medicina crearon la Sociedad de Cirugía de Bogotá, Hospital San José.

Aunado a la influencia de los imperativos liberales aportados por su familia, que se traducían en la defensa de las libertades, la separación de poderes, la fe en la razón y el progreso y, por supuesto, la necesidad de la educación laica, que privilegiaba la formación “cientista y racionalista” sobre la educación religiosa, estuvo la cercanía con la cultura francesa, no solo por la influencia de su padre, sino por su formación que recibió en el bachillerato en el Colegio de La Salle, dirigido por una comunidad religiosa católica, que tenía en su momento un “concepto más amplio de la enseñanza católica” y posibilitaba una “orientación hacia el hallazgo de la realidad por medio de la indagación dela naturaleza y la observación sensible”, allí cursó hasta el quinto bachillerato y culminó el sexto año en el Colegio Ramírez donde dirigió la revista Adolescencia.

En sus memorias señala que la formación recibida en el colegio de La Salle, le permitió la afición a las letras y la vocación y el estudio del pensamiento y de la lengua francesa, señala además que allí se topó con las ideas de la Revolución Francesa y con Voltaire. Las inquietudes políticas de Montaña se manifestaron a temprana edad, siendo aún estudiante de bachillerato acude a las barras del Congreso a presenciar el debate sobre la pena de muerte que había sido abolida en 1910 y que el gobierno conservador pretendía restaurar. Las denuncias que hizo el senador opositor a la restauración de la pena de muerte, Antonio José Restrepo, de las propuestas conservadoras, que distintos momentos de los primeros años del siglo, solicitaban a gobiernos vecinos que colaboraran en la derrota militar y/o electoral del partido liberal, dice Montaña: “produjeron un sacudimiento en nuestro espíritu, y la historia aprendida quedó desahuciada”.

En 1929, ya estudiante de derecho de la Universidad Nacional de Bogotá, se vinculó a las protestas populares en las que se denunciaban los malos manejos de la administración de la ciudad. Ese año, junio de 1929, cae asesinado por balas oficiales el estudiante Gonzalo Bravo Páez, hecho que dinamizó la agitación social en la época y se convirtió en una fecha simbólica en la lucha de los estudiantes colombianos.

En 1928 ingresó, junto con otros estudiantes, apenas estaba terminando la secundaria, al movimiento político que lideró la movilización social, el partido Socialista Revolucionario. Su padre atento a las decisiones políticas del hijo y con el ánimo de fortalecer su formación socialista lo pone en contacto con el pensamiento de la primera figura del socialismo francés de principios de siglo XX, Jean Jaurés, con el obsequio del libro Estudios Socialistas. Las ideas pacifistas del fogoso líder y sus actitud tolerante y repulsión al sectarismo marcaron la vida de Montaña, aún en momentos en los que asumió posiciones radicales de abstencionismo electoral o privilegio de la lucha armada, postulados que con los años dejó atrás.

En la adhesión al socialismo mantuvo presente lo señalado por Jaurés y que él mismo cita: “La dominación de una clase es un atentado a la humanidad. El socialismo que abolirá todo privilegio de clases es, pues, una restitución de la humanidad. Por tanto, es para todos un deber de justicia ser socialista.” Otra de las influencias que soportaron las inquietudes intelectuales de Montaña fue el indigenismo, lee a Mariátegui y a los indigenistas mexicanos. Pero fue Mariátegui quien más lo entusiasmó con su propuesta reivindicatoria de los pueblos y la cultura indígena; es a través del conocimiento de la obra del peruano que se acerca a la valoración justa del indígena.

Además del indigenismo, recibió la influencia del político, escritor y pensador mexicano, José de Vasconcelos quien lo marcó significativamente con la concepción de la raza cósmica. Su actividad como líder estudiantil en la Universidad Nacional lo llevó a integrar la Federación de Estudiantes Colombianos. Por invitación de esta organización, en mayo de 1930, José de Vasconcelos (1882-1959) estuvo en Bogotá. En la preparación de la visita de Vasconcelos, Montaña se esmeró, su nombre aparece en la comisión de la Universidad Nacional que salió a recibirlo a una Facatativá, población cercana a Bogotá.

A las actividades desarrolladas con Vasconcelos involucra a su prima Isabel Montaña Camacho, presidenta del Centro Departamental de Estudiantes y a su hermana Manuelita Montaña Cuéllar, como lo reseñó la prensa de la época. Formó parte de la Sociedad Jurídica de la Universidad Nacional, en esta época fue director de la Revista Jurídica. En una carta al Consejo Directivo de la Facultad denuncia la instrumentalización partidista que un sector de los estudiantes pretende de la revista al desviar el objetivo: ser una publicación académica que aportra a la formación intelectual y política del estudiantado. Participó en el movimiento denominado “Revolución del Sapolín” que reclamaba la reforma académica de la carrera con el cambio del currículo imperante, de carácter conservador y atrasado, para dar paso una propuesta modernizante y liberal del estudio del derecho.

El triunfo de la huelga estudiantil permitió remozar al profesorado con la presencia de destacados juristas de corte liberal como Darío Echandía, Jorge Soto del Corral y Luis Eduardo Gacharná. En julio de 1934, culminó sus estudios con la presentación de la tesis “Posibilidades de que Colombia sirva de marco a una cultura”, en ella plasmó su preocupación por la cultura chibcha, retomando postulados de Mariátegui y de los indigenistas mexicanos. La tesis obtuvo una calificación de cinco, equivalente a sobresaliente. Desde la época de estudiante participó en las filas del Partido Liberal, con un corto intervalo en el que adhirió al Partido Socialista Revolucionario.

En 1934, como integrante del Centro Liberal Doctrinario, firmó una resolución de respaldo al presidente Alfonso López Pumarejo quien en su primer gobierno (1934-1938) pretendió impulsar reformas de carácter político y social. Montaña explicó su liberalismo: “siempre fui miembro de la izquierda del Partido Liberal, que era un ala socialista. Luchamos por ideas que después constituyeron el idearium del socialismo en Colombia: (…) lucha por la tierra (…) escuela para todos los niños (…) lucha por la vivienda (…) lucha por la independencia nacional, especialmente en el campo económico”. Este mismo año es elegido al Concejo de Bogotá en las listas del Partido Liberal, allí lideró debates exigiendo la expulsión de los jesuitas del país argumentando que la Universidad Javeriana, dirigida por la Compañía de Jesús, torpedeaba la política educativa del gobierno nacional. El Concejo aprobó una resolución de coautoría de Montaña donde se denunciaban tales hechos. La prensa conservadora y alguna liberal, reaccionó duramente en su contra.

En enero de 1935, al ausentarse el Alcalde titular, y por recomendación del presidente López Pumarejo, fue encargado de la Alcaldía de Bogotá, circunstancia que aprovechó para decretar la municipalización de los servicios y empresas públicas, por tal razón fue inmediatamente destituido. La prensa registró profusamente las medidas del joven alcalde y no sin cierta ironía señaló: “Ya se ve que tiene arrestos de dominador (…) El muchacho vale. Su contagiosa simpatía lo libra hasta del ridículo…”Ese mismo año es nombrado director de la Empresa de Energía municipal cargo al que regresa en 1939 y 1941. En 1936 llegó por primera vez a la Cámara de Representantes como suplente del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Este fue el Congreso que impulsó la reforma constitucional que despertó la inquietud de un sector del partido liberal y la férrea oposición del partido conservador y de la iglesia.

En enero de 1938 en el tercer congreso sindical de la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, fue nombrado asesor de su directiva junto con dirigentes de izquierda como Gilberto Viera, Rafael Baquero y Antonio García. Al poco tiempo es designadopor el gobierno de López Pumarejo en los cargos de secretario de la legación colombiana y cónsul general en Chile, los diplomáticos colombianos tenían la tarea de buscar acercamientos con los distintos países latinoamericanos y llegar a acuerdos que permitieran que la idea panamericana y la Doctrina Monroe quedará enmarcada dentro del principio de igualdad de todas las naciones”, idea que no se pudo concretar. En su estancia en Chile conoció a Pablo Neruda, a Salvador Allende, estableció contactos con dirigentes exiliados de la República Española y con muchos dirigentes comunistas y socialistas chilenos.

En 1939 termina la experiencia diplomática y regresa a Colombia y se vincula al periódico El Liberal, organizado por Alberto Lleras para impulsar el segundo gobierno de López Pumarejo. Desde el inició de la guerra civil española participó en el comité de apoyo a la República Española y en las actividades del Ateneo Español Republicano que canalizaba el apoyo a la República. Participó en movilizaciones, conferencias, difusión de noticias sobre la contienda española.

En 1945 era el secretario general del Comité Colombiano de ayuda al pueblo español, en esta época dirigió una revista que luego cambió a boletín quincenal titulado España Combatiente que daba cuenta de la resistencia de los vencidos frente a la dictadura de Franco. El 19 de septiembre de 1944 rompió oficialmente con el Partido Liberal dado el fortalecimiento de la tendencia conservadora en su seno, e ingresó al Partido Socialista Democrático (nombre que había tomado el Partido Comunista Colombiano). El ingreso al partido de izquierda le significó la renuncia a la curul de la Cámara de Representantes y a la presidencia del Concejo de Bogotá, además la crítica y la oposición de sectores liberales y de algunos familiares que opinaban que con esta decisión se truncaba un promisorio futuro en la política liberal. En cambió el apoyo de su esposa Carlota Cuéllar Ucrós. Continúo como concejal y orientó su tarea al impulso de reformas de carácter social como la extensión y mejoramiento de los servicios públicos. Promovió, con el apoyo del partido de izquierda, la universidad obrera que buscaba el fortalecimiento teórico de los trabajadores.

En 1946, por invitación del dirigente comunista y líder de los trabajadores petroleros, Rafael Godoy, asumió la asesoría jurídica de los trabajadores petroleros. Para la época, las condiciones ideológicas del Partido Socialista Democrático eran ambivalentes, Montaña señala: “Yo regresé al Socialismo Democrático en que se había convertido el Partido Comunista, con tal mala suerte que, en ese momento, el Partido Comunista se había vuelto liberal.”En la campaña electoral de 1946 el liberalismo se presentó dividido, uno de los candidatos era Jorge Eliécer Gaitán que contaba con con un amplio apoyo de masas y al que Montaña seguía. El Partido Socialista Democrático le negó el apoyo a Gaitán, Montaña inconforme con esta decisión se retiró del partido de izquierda en marzo de 1947, con un grupo de compañeros que había tomado la misma decisión y con el ánimo de dar el debate, fundó el Movimiento de Restauración del Comunismo. Esta fue la primera salida del Partido Comunista.

El 9 de abril de 1948 cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán, Montaña se sumó a los dirigentes de izquierda que se tomaron la Radio Nacional y fue uno de los habló por la radio buscando orientar a las masas. Ante la represión se refugió en la casa del recién nombrado ministro de Gobierno, Darío Echandía. Allí llegó la petición del Ministro de Guerra para que Montaña se trasladara al puerto petrolero de Barrancabermeja a calmar a los trabajadores petroleros, se negó porque dudaba del compromiso del gobierno de no reprimir a los trabajadores y a la población que se había levantado y constituido una junta revolucionaria. Efectivamente los militares arremetieron contra la población y condujeron a prisión a los dirigentes de la revuelta. El partido comunista difundió la idea de que Montaña se había plegado al gobierno y había ayudado a desmovilizar el movimiento de los trabajadores. Actúo por primera vez como asesor de una huelga petrolera en la que se inició el 28 de octubre de 1946 que cubrió la Tropical, Shell, Andian y Colombia PatroleumCompany. La huelga se aprovechó para manifestar la preocupación porque el Estado administrara las empresas petroleras cuando vencieran las concesiones. La intención de la Tropical de extender el contrato de la concesión, y el despido de un alto número de trabajadores, propició una nueva huelga que inició el 7 de enero de 1948, la huelga duró dos meses y contó con la asesoría jurídica de Montaña.

En nombre de la Unión Sindical Obrera, USO, actúo en el comité de arbitraje para buscar salida al movimiento huelguístico cuyo resultado favoreció a los asalariados y dio origen a un movimiento de opinión nacional que desembocó en la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol). Siempre uniendo la reflexión a la práctica, en sus escritos planteó la huelga como fuente del derecho obrero, de los derechos sociales. La prensa conservadora lo fustigó señalando que se había convertido en un problema de orden público y que sus acciones dejaban de ser simples contravenciones para pasar a ser acciones delictivas y problema de orden penal. Sus actividades como asesor y educador de los trabajadores petroleros se extendieron hasta los años setenta.

Hacia el año 1952, al poco tiempo de creado el Movimiento por la Paz Mundial, fue invitado por Jorge Regueros Peralta dirigente del Partido Comunista a participar en la Conferencia de Paz de Montevideo, allí presidió la delegación colombiana. El encuentro fue desarrollado en la semiclandestinidad. De regreso a Colombia y de paso por la Argentina fue apresado junto con la escritora de esa nacionalidad, María Rosa Oliver. Igualmente ya en el país, en Cali, fue nuevamente detenido cuando en una reunión privada informaba sobre los acuerdos tomados en Montevideo.

En octubre de 1952 y en desarrollo de las actividades de paz mundial, asistió a una reunión de los países de Asia y del Pacífico, realizado en Pekín. Igualmente presidió la delegación colombiana, en la que participaron personalidades de la cultura y algunos políticos de izquierda. En su intervención expresó la protesta del pueblo colombiano por la participación del país en la guerra de Corea, fruto del pacto del gobierno de Estados Unidos y el gobierno conservador de Laureano Gómez.

En diciembre de 1952 asistió en Viena al Congreso Mundial de los Pueblos por la Paz, también presidió la delegación colombiana de la que hacía parte el escritor Jorge Zalamea y compartió con Jean Paul Sartre, Joliot-Curie e IlyaEhrenbourg, Jorge Amado y Nicolás Guillén entre muchos intelectuales, científicos y representantes de asociaciones profesionales, sindicales, religiosas y políticas. La lucha por la paz se orientó hacia la posibilidad de lograr la coexistencia pacífica entre el bloque socialista y el mundo capitalista, evitando así un enfrentamiento nuclear.

En 1955, en Bogotá, nuevamente es apresado por la policía secreta junto con los asistentes a otra reunión sobre la Paz Mundial. En 1959 se niega a apoyar a Alfonso López Michelsen que inició la oposición al Frente Nacional a través del Movimiento Revolucionario Liberal, argumentando que en el fondo era una división entre liberales y conservadores y que estaba lejos de darle un contenido de clase. En ese mismo año se unió al movimiento Unión Popular Nacional, fundado por Gerardo Molina, Alfonso Barberena y Juan de la Cruz Varela entre otros miembros socialistas y de la izquierda liberal. Explicaba que no era un partido sino un movimiento al que podían acceder todos los que quisieran comprometerse en torno a reivindicaciones concretas como la vivienda para los sectores populares, la reforma agraria y por el mejoramiento de las condiciones de vida de los asalariados. A principios de los años sesenta nuevamente ingresa al Partido Comunista.

A finales de 1964, como miembro del Comité Ejecutivo del PCC, participa en el Frente Unido, movimiento fundado por el sacerdote Camilo Torres. En escritos de la época publicados en Voz Proletaria, órgano del Partido Comunista, señala los puntos de acuerdo a los que llegaron los distintos grupos que se unieron al Frente Unido: antiimperialismo, relaciones económicas y culturales con todos los países (…) y defensa de la Revolución Cubana. Señala que es necesario dotar al Frente Unido de una sólida organización para asegurar su continuidad, lo plantea no sólo por su formación marxista sino porque aún estaba fresco el recuerdo de lo sucedido con Gaitán, pues ante la carencia de una organización fuerte, a su muerte fue fácil suprimir el movimiento popular que lo apoyaba. Igualmente en la misma publicación y en otras posteriores señalaba los obstáculos que impidieron al final la unidad de las fuerzas revolucionarias.

En febrero de 1966, a la muerte del Camilo Torres en la guerrilla del ELN, escribe un texto exaltando la vida y el sacrificio del sacerdote. En una entrevista que le hizo El Espectador destacó, además del compromiso cristiano de Camilo y la aproximación de muchos católicos comprometidos a la lucha revolucionaria. En junio de 1966, y dejando atrás las antiguas rencillas con el clero y la intransigencia propia de la izquierda, participó junto con un sacerdote jesuita, en un evento académico donde disertó sobre el materialismo dialéctico y sacerdote Jaime Vélez Correa sobre la posición de la Iglesia ante los cambios sociales. Entre el 3 y 15 de enero de 1966 asistió, junto con una amplia delegación colombiana, a la primera Conferencia Tricontinental de La Habana, en la que participaron más de 500 delegados de 82 países. La Conferencia se planteó como objetivo crear una red de solidaridad política, social y económica entre los continentes del Tercer Mundo. Un escrito producido por una organización denominada Asociación Jurídica Colombiana dirigida por el abogado José Galat, calificó a la delegación colombiana presidida por Diego Montaña Cuéllar, Jorge Zalamea y Luis Carlos Pérez entre otros como “terroristas, no campesinos ni obreros”.

En 1996 dirigió Documentos Políticos, Revista del Partido Comunista. En el primer semestre de 1967, como integrante de la delegación colombiana y en representación del Partido Comunista, asistió a la II Conferencia de la Tricontinenal, también en La Habana. En esta reunión se expuso, a través de Régis Debray, la idea de que las condiciones para hacer la revolución estaban dadas en América Latina y que solo se necesitaba crear un foco revolucionario en cada país para que ésta estallara. En noviembre de 1967, entusiasmado con la propuesta difundida en Cuba, publicó un documento denominado “Tesis sobre los problemas estratégicos y tácticos de la revolución colombiana (tesis en discusión sometidas al Comité Ejecutivo del P.C. de Colombia). Esta propuesta que contemplaba 9 puntos, desató una fuerte confrontación con la dirección del Partido Comunista dado que estaba en contravía de la línea oficial del P.C. que no solamente contemplaba la lucha armada sino la participación electoral, entre varios aspectos. En un amplio documento la dirección del partido controvirtió cada uno de las tesis propuestas por Montaña y como consecuencia de la conflictiva situación nuevamente se retiró del Partido Comunista. Los periódicos reseñaron el hecho con titulares como: “Comunistas rompen con Montaña”, “Dramática división comunista. Diego Montaña Cuéllar pide cambio de estrategia”, “Derechismo en el comunismo revela Diego Montaña Cuéllar”. A pesar de las contradicciones con el Partido Comunista, Montaña solía calificar la relación con este partido “como una historia de amores y desamores”.

En septiembre de 1969 junto con dirigentes sindicales participó en la fundación del Movimiento Obrero Revolucionario (Moir), allí dirigió el primer periódico de la nueva organización denominado Frente de Liberación, en él explicaba el carácter del Moir, señalaba que era una organización de trabajadores que sin renunciar a la acción política no se identificaba como partido político. Montaña califica esta etapa en los grupos de izquierda: era el momento en que en los distintos grupos políticos se daba la discusión en torno a la manera de acercarse a las masas, de impulsarlas la lucha cotidiana sin perder el objetivo final revolucionaria. Era una etapa de florecimiento de muchas agrupaciones de izquierda sin mayor impacto en la sociedad colombiana.

Para 1978 muchos de estos grupos habían optado por la participación en lucha electoral y Montaña había evolucionado en su concepción de las vías de la revolución, así que participó en la fundación de Firmes liderado por el dirigente socialista Gerardo Molina. El nuevo movimiento buscaba la unidad de la izquierda, la unidad en la lucha por una sociedad socialista que ampliara y enriqueciera todas las libertades, sin embargo el nuevo movimiento no fue más allá de unos pocos años. Posteriormente Montaña señaló los escollos con los que se encontró Firmes: incapacidad para crear una estructura organizativa, ambigüedad en el contenido programático, se ocultó la orientación marxista que debía tener, no se luchaba de manera clara por las libertades políticas y económicas, no había la convicción en todos los miembros de la construcción de un movimiento socialista que abarcara a organizaciones políticas, a las masas, a las organizaciones obreras y campesinas, a los intelectuales y al movimiento estudiantil.

Participó como columnista en la Revista Alternativa, una publicación donde confluían sectores de izquierda, y grupos de tendencias democráticas liberales y sin partido. Fue fundada en 1973 y se publicó hasta principios de 1980. Los escritos de Montaña se ubican con mayor frecuencia en 1977 y en ellos reflexiona sobre la clase obrera, las divergencias internacionales de la izquierda y la necesaria y urgente unidad. En vísperas del paro cívico nacional de 1977 convoca al sindicato de la USO a no desgastarse en la lucha aislada y vincularse a la protesta social generalizada que estaban preparando las centrales obreras. Insiste en la unidad de las fuerzas sociales colombianas y en la pluralidad de clases. Considera válida la discusión en torno a las diferentes concepciones de la lucha social pero llama a que éstas se den la luz delos principios del marxismo- leninismo.

Entre el 30 de marzo al 1° de abril de 1979 participa, en nombre del Movimiento Firmes, en el Foro por los Derechos Humanos, evento organizado por diversos sectores de la sociedad como respuesta a la profundización de las medidas represivas tomadas por el gobierno de Turbay Ayala. El 30 de octubre de 1979 participa por el Movimiento Firmes, junto con representantes de diversos partidos y movimientos de izquierda, en un encuentro convocado con el propósito de organizarse en un solo movimiento de oposición que trabajara por la defensa de los derechos humanos, la derogación de medidas represivas y la realización de organización coordinadora de las luchas democráticas.

En diciembre de 1979 participó en Medellín, junto con dirigentes de diversas organizaciones de izquierda, en el lanzamiento de este nuevo movimiento y en la explicación de sus objetivos. A pesar de estar caminando juntos con el Partido Comunista en la nueva organización, no rehuía la discusión acerca de apreciaciones sobre el carácter de los partidos y movimiento de izquierda como lo reseñó la Revista Trópicos. A principios de los años ochenta se retiró por algo más de cinco años a la población de Paipa a fin de recuperarse de los quebrantos de salud, en ese tiempo atendió pequeño negocios jurídicos.

En octubre de 1987, a los setenta y siete años de edad, regresa a Bogotá luego del asesinato del presidente de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal, y se vincula a esta organización. En el sexto pleno de la Unión Patriótica, realizado el 25 de octubre, es nombrado vicepresidente de la misma. Es designado para hacer la lectura de la declaración política del pleno y allí explica las razones que motivaron su ingreso a la UP: “He venido trabajando en diferentes grupos buscando la unidad de las fuerzas populares y de la izquierda como condición indispensable para la formación de una nueva sociedad en Colombia. Hoy he llegado a la conclusión de que esa unidad es imposible sino se respalda la acción heroica de la Unión Patriótica«. Ante las temporales ausencia por la persecución y amenazas de muerte contra Bernardo Jaramillo, presidente de la UP, ejerció la presidencia de 1988 a 1990, la última etapa en propiedad. En 1989, atento al acontecer mundial, en 1989 escribió un artículo sobre el fusilamiento de los jóvenes chinos en la plaza de Tian’anmen, finalizó señalando que lo que sucedía en China no era sólo una desviación política y económica, sino especialmente, una desviación de la concepción humanista del socialismo.

En el séptimo Pleno de la UP, junto con otros miembros del movimiento, impulsaron la idea de que sólo por las vías civilistas y legales se lograría detener la ola criminal que arreciaba contra la UP y asegurar la participación política. Como dirigente de la organización reclamó de manera permanente al gobierno por la seguridad de los miembros de la UP. Entendía que considerar que la UP debía transitar el camino de la paz. A nombre de la UP estableció contactos con lainsurgencia y el gobierno a fin de buscar acercamiento entre las partes. En esa tarea se reunió con el consejero de paz Rafael Pardo, viajó a conversar con las organizaciones alzadas en armas. En 1990 fue convocado por el gobierno a integrar la Comisión de Notables conformada por el cardenal arzobispo de Bogotá, Mario Revollo Bravo, y varios expresidentes con el fin de mediar frente a los extraditables dirigidos por Pablo Escobar para liberar a los periodistas secuestrados.

En marzo de 1990 fue elegido a la Cámara de Representantes por la UP. Desde 1989 se presentó un fuerte debate en la UP en torno a profundizar el carácter civilista del movimiento y generar un claro deslinde de la tesis de la combinación de las formas de lucha, propuesta mantenida por el Partido Comunista, la organización más fuerte dentro de la UP. La confrontación se dio por una parte por el grupo de dirigentes liderado por Bernardo Jaramillo y el grupo de socialistas liderado por Montaña y por la otra, el Partido Comunista. El asesinato de Bernardo Jaramillo precipitó la crisis de la UP y luego de un pleno de la organización donde se profundizaron las divergencias entre los grupos, en abril de 1990 se oficializó el retiro de Montaña y de otros dirigentes de la UP. En el segundo semestre participó en la creación de los Círculos Bernardo Jaramillo en el que aparece junto a Angelino Garzón como dirigente. Preparó un documento para la instalación del seminario sobre Antonio Gramsci a realizarse entre el 4 y 5 de mayo de 1991, pero su muerte, acaecida el 27 de abril, impidió su asistencia. En el documento destacaba el pensamiento unitario, humanista y antidogmático de Gramsci e insistía en la búsqueda de un partido donde participaran sectores de todas las capas y grupos sociales. Los Círculos buscaron un acercamiento con la Alianza Democrática M-19, partido creado por el antiguo M-19 luego de su desmovilización. Montaña se vinculó a este movimiento buscando hacer aportes de claro socialismo humanista en contraposición al socialismo autoritario que había hecho crisis en Europa del Este.

La muerte lo encontró apoyando a los miembros de la Alianza M-19 que habían sido elegidos a la Asamblea Nacional Constituyente en 1991. Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Magdalena frente a Barrancabermeja centro de las luchas de los obreros petroleros. Contrajo matrimonio en dos ocasiones la primera con una prima suya Carlota Cuéllar Ucrós con quien tuvo tres hijos y la segunda con Inés Pinto con quien tuvo otro hijo.

Fuentes: María Teresa Cifuentes Traslaviña, Diego Montaña Cuéllar: un luchador del siglo XX. La Carreta Política. La Carreta Editores, Espacio Crítico Ediciones, Medellín, 2010.