* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

Algunas de las temáticas –que se han hecho usuales en los noticieros de Colombia– son: mantener o suspender los diálogos de paz en La Habana, los procesos disciplinarios abiertos por el señor Procurador contra sus adversarios religiosos y políticos, la amenaza del “Castro-Chavismo”, el incremento de las violencias urbanas, los problemas de Transmilenio, entre otros asuntos. Incluso, fue noticia la deportación, desde Venezuela, de cientos de colombianos; situación que provocó la movilización de dirigentes de algunos partidos políticos y de funcionarios públicos a la frontera. Esos dirigentes y esos funcionarios señalaron que la “dictadura” venezolana estaba atacando la dignidad nacional, afirmación alimentada, incendiariamente, por el poder de los oligopolios en los medios de información. Aunque su propósito inicial fue revelado rápidamente: obtener capital politiquero en época electoral.

Por lo tanto, esos dirigentes y esos funcionarios no permanecieron mucho tiempo en la frontera, pues fue un momento coyuntural que, posiblemente, no contribuyó lo suficiente a sus intereses electorales. Ellos regresaron a sus cargos y desde ese lugar privilegiado continuaron sus ataques usuales a todo aquello que sea diferente a sus posturas ideológicas o a sus intereses políticos. Y los deportados, aquellos que fueron desplazados por la violencia colombiana hacia Venezuela, quedaron en igual situación, desprotegidos; con promesas del gobierno colombiano y sin la mirada de sus redentores pues a ellos ya no les servían para sus propósitos, es decir, los desplazados-deportados fueron nuevamente olvidados.

Y en el último mes, las campañas políticas por, particularmente, la Alcaldía Mayor de Bogotá y las investigaciones contra el expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, se han convertido en hechos centrales, noticias que han provocado, en un sector de la opinión pública, recalcar las amplias distancias entre las diferencias ideológicas. Desde la denominada izquierda, pasando por la tradicional derecha hasta la ultra derecha, auto proclamada salvadora, se ha manifestado el sectarismo de cada posición. En otras palabras, las posturas políticas, acompañadas del arraigado espíritu religioso, se radicalizan en épocas electorales.

En el caso de la carrera por la Alcaldía Mayor de Bogotá se destapan diferentes estrategias de los partidos políticos para lograr aumentar la cantidad de votos el 25 de octubre y así cumplir el propósito de llegar al Palacio de Liévano. Por ejemplo, uno de los candidatos, quien fue ya fue alcalde entre 1998 y el 2000, ha recurrido a la estrategia de crear un enemigo interno y ese enemigo es el responsable de los problemas de Bogotá. Incluso, él ha llegado a afirmar que los problemas, que él mismo provocó en su administración, son responsabilidad de ese enemigo.

Su campaña electoral ha recibido la financiación de ‘Dónde adquirir vivienda SAS’, ‘Inversiones Jaipur’, ‘Urbanizadora Santafé de Bogotá’ (Urbansa), ‘Textiles Lafayette’, ‘José Luis Aponte Gómez’, ‘Dascia SAS’, ‘Laminados y Blindados’, entre otros. Y su lema de campaña es “Juntos recuperemos Bogotá”. Así surge una pregunta: ¿para quién quiere recuperar Bogotá? Quizá sea para aquellos inversionistas. Además, el ex alcalde y candidato recibió en 2011 el apoyo de Álvaro Uribe Vélez. Posiblemente, ese respaldo convenció a Enrique Peñalosa que él es el único salvador que puede liberar a Bogotá de las administraciones anteriores. Por supuesto, la liberación no incluye a la administración que va desde 1998 a 2000.

Y en el caso de Álvaro Uribe Vélez, calificado por sus seguidores como “el mejor presidente” de Colombia, a pesar de no explicar o clarificar por qué es él el mejor gobernante de la historia de nuestro país, y consagrado, por History Channel, como el “Gran colombiano”, aunque se ha revelado que ese canal de historia realizó varios negocios con la Presidencia de la República durante el gobierno de Uribe Vélez y ese premio fue, de una u otra forma, una especie de agradecimiento. De esa manera, el calificativo y la consagración han permitido que el expresidente y actual senador sea un ser superior intocable, pues no le pueden solicitar la declaración de renta a él o a sus hijos y tampoco es posible considerar que él sea investigado por alguna entidad nacional.

En 2015, la Fiscalía General de la Nación le ha solicitado a la Corte Suprema de Justicia que investigue a Álvaro Uribe Vélez por lo sucedido en el corregimiento de El Aro en 1997. La usual respuesta de Uribe fue la auto-victimización: estableció que se ha creado el eje “Fiscal-Santos-Maduro-Timochenko-Don Berna” para atacarlo a él. Además, el Procurador General salió en su defensa y señaló que esa investigación es una exigencia de la guerrilla de las FARC para continuar con los acuerdos en La Habana. Por eso, María Claudia Montoya creó la etiqueta #LoQueEsConUribeEsConmigo, hashtag que se convirtió en tendencia y un grupo de sus seguidores han mostrado su apoyo incondicional, al declarase como “unos combatientes por los intereses superiores de la patria”. Ese patriotismo es semejante al expresado en el Pacto de Ralito, manifiesto secreto que proponía refundar la patria.

La relación de Álvaro Uribe Vélez con la masacre de El Aro no es reciente. En 2008, Francisco Villalba, ex paramilitar, lo vinculó a esta tragedia. En 2009, Villalba fue asesinado. En 2013, los magistrados Rubén Darío Pinilla Cogollo y María Consuelo Rincón fueron amenazados, justamente después de solicitar una investigación por un posible vínculo de Uribe con el paramilitarismo. Y en 2015, en la investigación contra el paramilitar Ramiro Vanoy, alías Cuco Vanoy, es mencionado, nuevamente, el nombre de Uribe. Sin embargo, ante estas acusaciones, el expresidente y actual senador ha afirmado que “la vida de los hombres no se puede manchar por presunciones que no reposan en el conocimiento de la verdad”. Esa aseveración es bastante curiosa pues entre 2002 y 2010, todo ciudadano que abiertamente se opusiera al presidente Álvaro Uribe Vélez era calificado, por él, como aliado del terrorismo y bajo esa premisa se llevaron a cabo persecuciones políticas, “chuzadas”, montajes judiciales y “falsos positivos”.

En ese contexto de radicalismos -especialmente desde la ultra derecha- se disputaron las dos primeras fechas de las eliminatorias para definir los clasificados por América del Sur a la Copa Mundial de Fútbol de 2018 en Rusia. Ojalá los partidos de la Selección Colombia Masculina de Mayores ante los seleccionados de Perú y Uruguay puedan aliviar la tensión nacional en época electoral. Además, los medios de información están atentos al antes, al durante y al después de cada uno de los partidos ya que el fútbol es una mercancía mundial. Sin embargo, al pasar los dos encuentros futbolísticos, la atención recaerá nuevamente en el período electoral y en la certeza ultra conservadora –divulgada y maximizada por los oligopolios nacionales en los medios de la información– que los enemigos internos y las amenazas externas sí existen ya que “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”, decía Joseph Goebbels.