* Palabras al Margen

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Su ideología se fundamentó en la figura del “Consenso de Washington”; una serie de acuerdos ente grandes transnacionales, los bancos de Wall Street, la reserva federal y los principales organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, marcando el modelo a seguir principalmente para América Latina –consenso en el que por supuesto no participó ninguna organización latinoamericana-, pero que posteriormente se convertiría en el fundamento económico e ideológico a nivel global.

Nació un orden internacional en el que tres organizaciones, el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), definirían las políticas económicas, comerciales y laborales a implementarse globalmente, desregulando el capital financiero y en control de los demás tipos de capital -comercial, industrial o social. Es tal la desregulación que la especulación ni siquiera paga impuestos, convirtiéndose en un capital líquido, virtual, capaz de colarse en cualquier lugar, en todo momento.

Por otra parte está el concejo de seguridad, donde se le entrega a cinco países el poder de veto para mantener la seguridad y la paz en el sistema internacional. Casualmente los encargados de la paz son también los mayores productores de armamento a nivel mundial.

La Guerra Fría establecía una confrontación entre Este-Oeste por modelos políticos contrarios que chocaban, imponiendo barreras profusamente ilustradas en el muro de Berlín. En la actualidad estas barreras se imponen entre norte y sur. La globalización ha traído la libertad del capital financiero y la estricta restricción de las personas. Son incontables los muertos que intentan cruzar fronteras huyéndole al hambre, la ignorancia y la miseria: los mejicanos buscan cruzar el Río Bravo y el Desierto de Arizona, los birmanos, chinos y camboyanos intentan cruzar la Frontera de Singapur, los refugiados de África del norte intentan llegar a Europa, etc.

La desregulación de los mercados internacionales ha estado acompañada de una creciente desigualdad, donde la “mano invisible”, más que regular, ha concentrado la riqueza y repartido la miseria. Lo que Jean Ziegler llamaría economía de archipiélagos, donde unos islotes sobrepasan con ostentosa riqueza el nivel del agua, mientras el resto del mundo yace sumergido, atrapado en las delimitaciones territoriales que le fueron impartidas por natalicio.

El programa FAO de las Naciones Unidas estima que la agricultura mundial tiene la capacidad de abastecer en alimentos a 12.000 millones de personas, casi el doble de la población mundial, pero por la creciente concentración mueren anualmente más de 100.000 personas al año por desnutrición.

Tenemos hoy más que nunca la capacidad de acabar con la pobreza, aunque pareciera que para luchar contra el hambre habría primero que luchar contra la gula, habría que atacar la concentración, pues mientras 85 individuos sigan teniendo la misma riqueza que la mitad de la población mundial, ningún acto de filantropía servirá decisivamente en atacar las causas que generan la miseria, el hambre, la pobreza, la deuda y la dependencia de la mayor parte de las naciones del mundo a los intereses de unos cuantos entes privados.

Hoy los grandes gremios económicos tienen más poder que los propios Estados. Por las dinámicas globalizadas de desarrollo, se han generado unas lógicas por fuera de los espacios democráticamente constituidos para llevar a cabo los procesos de toma de decisión, donde si bien, por ejemplo, la Organización Mundial del Comercio establece el derecho de votación, ha sido un derecho que ha brillado por su ausencia.

Son los banqueros, empresarios, especuladores e inversionistas quienes toman las decisiones más determinantes en la forma como nos relacionamos socialmente, relegándole al ciudadano un papel pasivo, como domesticado consumidor, alejado de su zóon politikon, es decir, su ser político.

La política en ese sentido responde, cada vez con mayor evidencia, a intereses externos de los que devienen propiamente de la ciudadanía, cayendo en una crisis del sistema tradicional de democracia representativa a nivel global.

La raíz de la democracia se fija sobre la capacidad de conservar la titularidad del poder, es decir, la capacidad por parte de la ciudadanía en poner límites a quien administra. Por tanto, y contrario a populares interpretaciones de lo anterior, la democracia está basada en la capacidad de disenso, no de consenso.

La lógica del mercado capitalista globalizado y la lógica de la democracia tienen vías en rumbo de colisión, pues el mercado global se impone frente a las capacidades reales de la sociedad civil por discernir y decidir sobre la agenda pública. La soberanía está dejando de residir en las personas y empieza a depender de las cosas.

En materia de derechos hay una asimetría en la prevalencia de unos sobre otros. Por ejemplo, el derecho de patente prima sobre derechos fundamentales como lo es el derecho a la salud. Las grandes farmacéuticas se sientan sobre fortunas mientras los más pobres sufren enfermedades que, hoy por hoy, son perfectamente curables. Basta con recordar las declaraciones del concejero delegado de Bayer, Marijn Dekkers, quien en una reciente entrevista a la revista semanal Bloomberg Business Week aseguró:

“Nosotros no desarrollamos este medicamento para los indios, lo hemos desarrollado para los pacientes occidentales que pueden permitírselo”.

¿Quién toma estas decisiones? ¿Serán producto de aquella mano invisible o existe una connivencia entre poder político, económico y militar que desregula mercados pero protege intereses privados?

La democracia ha sido domesticada, incapaz de responder ante las problemáticas actuales, globales, que amenazan sus principios fundamentales. Asistimos pasivamente a un proceso de incremento desvergonzado en materia de desigualdad, no exclusivamente de la riqueza, sino además en el acceso al ejercicio de poder.

El voraz apetito de los ricos del mundo desarrollado en alianza con la corrupción de las oligarquías de los países en vías de desarrollo, constituyen un complot mortífero contra los pueblos más pobres, que constituyen en últimas, la inmensa mayoría de la población mundial.

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Fuentes:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=6avaZow7JV0
http://www.youtube.com/watch?v=vtu3kEQOsdc
http://www.youtube.com/watch?v=bXmuWecIQos
http://mon.uvic.cat/tlc/files/2013/04/85787.pdf
http://red.pucp.edu.pe/ridei/files/2011/10/6.pdf
http://luisemiliorecabarren.cl/files/los_nuevos_amos.pdf
http://www.rebelion.org/docs/3256.pdf