* Palabras al Margen

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Se trata de una fiesta con un fuerte componente comunicativo que se expresa en las ilustraciones, las fotografías, los discursos, muchos de los cuales logran un sentido estético interesante y con los que se presenta el evento transmitiendo mensajes a la ciudadanía, y sobre todo es una fiesta con una importante presencia en los medios, a lo que ayuda que esté asociada a figuras que suenen en nuestra sociedad de la industria cultural. Uno de los mensajes que el evento transmite es que cada año La Fiesta es más ordenada, un orden que va definiendo jerarquías, prioridades y cada vez mayores procedimientos, y así ella entra a formar parte de lo que es agradable a la vista en esta tacita de plata que a muchos extranjeros atrae porque no hay basuras, porque el Metro es pulcro, porque se habla pasito como pasito hablan las damas…

Así, la Fiesta del libro y la cultura se va posicionando año a año a lo largo de estas ocho versiones de existencia que vienen desde el 2007 y en ese posicionamiento va avanzando, como el Rey Midas que transformaba en oro lo que tocaba, convirtiendo a los lenguajes institucionales que rezan “ciudad innovadora” parte de la movida cultural espontánea que se da en la ciudad o que llega a la ciudad. La estructura, la institucionalidad y el presupuesto garantizado contribuyen muy exitosamente a la estabilidad de los procesos, hacen historia desplegándose en el tiempo y por eso es una apuesta política propender por el desarrollo e implementación de políticas públicas relativas a la cultura. La cultura y sus diversas expresiones se desenvuelve en los carriles del modo de producción que habitamos, que nos correspondió en nuestro presente, por más que se trate de uno que a muchos no nos gusta por inequitativo y despiadado.

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Fuente: Titus Neijens

Pero la cultura, por lo menos aquella que buscamos que contribuya a la democracia, es una que se produce de forma más espontánea y para la cual el ingrediente de la libertad y la solidaridad son indispensables: “La conquista de la democracia supone la organización del pueblo en muchos niveles. Se puede hacer en los barrios, en una junta de acción comunal, en las comunidades indígenas (…) Y esta organización es esencial porque es la manera que tiene el pueblo de producir su propia cultura, no sólo de recibirla”3. Esa cultura que se produce, que emerge, que se da a conocer por las grietas, que penetra como un duende por un intersticio, es una que también tuvo presencia en esta Fiesta. Así que …en al margen estuvo la exposición de un holandés que hace unos días se pasea por las calles de nuestra ciudad para decirnos con sorna y con irreverencia cuánta impostura hay en la humanidad. Fue una exposición situada en el paso de las escaleras que llevaban al Salón Humboldt haciéndole un guiño al transeúnte desprevenido que osaba detenerse para dejarse afectar por la genialidad que se expresa en lo aparentemente simple de unos trazos precisos y las representaciones de una cotidianidad en la que de repente nos sentimos reflejados. Era la exposición de algunos de los dibujos que ilustraron los primeros 25 números de la Revista Al Margen dirigida por Mario Arrubla, Bernardo Correa y Guillermo Mina.

Paradójicamente, también un poco… en al margen, estuvo la Cooperativa Financiera Confiar, aliada incondicional de esa cultura espontánea que se da en Medellín y que desde las entrañas del evento del libro estelar de la ciudad innovadora se le pidió que no levantara demasiado la voz, ni dejara sonar por mucho tiempo las guitarras, ni se excediera en las lecturas de poemas porque en aras de garantizar la convivencia era menester reglamentar –y por ende, limitar- la participación que en años anteriores contó con mayores aperturas. Pero a pesar de las presiones financieras que tienen que enfrentar a diario y que les exige inscripciones en ese “mundo real” que es el capital, Confiar también sabe moverse en los márgenes y se llevó su Seminario de Literatura para el campo abierto que el Jardín Botánico posibilitaba, y a modo de protesta pacífica dio curso a la lectura y a la compartición en el tiempo y en la forma que lo consideró más propio de su naturaleza.

Así pues, esta valiosa fiesta que seguiremos defendiendo de los grilletes de la excesiva mercantilización de la cadena del libro, es una clara experiencia que muestra que las sociedades y sus prácticas no son más que la resultante de la constante tensión de fuerzas entre concepciones y poderes diversos; fuerzas que son diferenciales y, por ende, difícilmente esa resultante deja bien ubicados los movimientos sociales, el pensamiento crítico o las comunidades, pero fuerzas en tensión al fin y al cabo. Y por eso está siempre la posibilidad de que esa “organización del pueblo” que se motive y se concrete –en contravía del individualismo que tan útil le es al statuo quo– pueda abrir cada vez más fisuras a ese orden para que los vientos que por allí penetren favorezcan el arte y la creación.

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1http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/T/the_rolling_stones_en_colombia_y_un_escenario_de_humo_medellin/the_rolling_stones _en_colombia_y_un_escenario_de_humo_medellin.asp
2http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/la_cultura_ya_tiene_cifra_para_trabajar/la_cultura_ya_tiene_cifra_para_trabajar.asp
3Estanislao Zuleta. 1991. La participación democrática. En: Colombia: violencia, democracia y derechos humanos. Ediciones Altamir. Bogotá.