* Palabras al Margen

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Pero desde noviembre, el consenso sobre la validez del estado de emergencia como principal (sino única) propuesta para luchar contra el terrorismo ha estado fisurándose, tanto en la clase política como en la sociedad. Las críticas son múltiples, unas más bien pragmáticas y otras más jurídicas. Entre las primeras se destaca la falta de eficacia en la lucha contra el terrorismo, puesto que, entre todas las personas objeto de investigación o asignadas a residencia, sin mayor claridad sobre el motivo o el cargo acusatorio5, solo cinco son objeto de sospechas por actividades de índole terrorista o apología al terrorismo, y una sola persona sigue detenida por este motivo. El grueso de las personas arrestadas o investigadas lo fueron por delitos sin vínculo con el terrorismo. Además, el efecto sorpresa se desvaneció y los arrestos son cada vez menos efectivos. La prórroga del estado de emergencia en este sentido no se justifica. Pero además pierde su legitimidad pues ha conllevado un sinfín de violaciones a los derechos humanos, por lo que el estado de emergencia ya es objeto de sendas críticas por diferentes organizaciones de derechos humanos francesas, pero también de Amnistía Internacional, la Unión Europea y la ONU.

Así mismo, existe una fuerte preocupación sobre el estado de derecho, particularmente en el poder judicial, que se ha visto desplazado por el poder ejecutivo y administrativo. Primero, porque reformar la Constitución durante la vigencia misma del estado de emergencia, para introducir en ella dicho régimen excepcional, es ilegítimo y no propicia los debidos tiempos de reflexión y debate. En este sentido, la premura del gobierno ha llevado a que se dé un cortocircuito en el debate parlamentario y que se silencien las voces críticas desde la sociedad civil, lo que pone en tela de juicio la calidad democrática del debate en Francia. Segundo, porque en otros textos legislativos en debate existen varias medidas en aras de reforzar los controles de identidad, la extensión de la detención y el control de equipajes6. En otras palabras, la constitucionalización del estado de emergencia7 con el objetivo de “consolidar las medidas de policía administrativa definidas por la ley de 1955”, como lo aduce el propio Valls en su argumentación8, a su vez permitiría alterar leyes vigentes e instaurar medidas de control policial sobre la población que actualmente son inconstitucionales.

Las críticas desde la sociedad civil, a su vez, se enfocan en las implicaciones para la expresión política. En efecto, el estado de emergencia ha sido instrumentalizado por el gobierno para “asignar a residencia” varios militantes ecologistas durante la COP21, la cumbre de la ONU sobre el cambio climático, que se realizó poco después de los atentados. Y se ha observado cómo la prohibición de toda manifestación pública, derivada del estado de excepción, ha permitido menguar el proceso de expresión de la sociedad civil durante la cumbre ecologista. Desde entonces, el estado de emergencia también ha tenido impacto en el quehacer de los movimientos sociales, principalmente sindicalistas y ecologistas, minando sus procesos de organización.

Al nivel institucional también surgen preocupaciones, pues para ser votada, dicha reforma constitucional necesita que las bancadas de la derecha y de la extrema derecha apoyen al gobierno “socialista” de M. Valls. Por ende, es motivo de inquietud determinar cuál será el balance de las fuerzas políticas en los entes legislativos durante y después del debate constitucional, cuando falta poco más de un año para la próxima contienda presidencial; más aún cuando la extrema derecha ha sabido capitalizar los atentados y propulsar su discurso antimusulmán y antimigrante. De este modo, la sociedad francesa y su representación política incurren en un grave riesgo de división.

Dicho peligro se acrecienta además por una segunda medida altamente controvertida, que se incluye en la reforma constitucional: F. Hollande había anunciado en su discurso de Versalles (16 de noviembre de 2015) la “destitución de nacionalidad” (déchéance de nationalité) para los “binacionales” acusados de cometer crímenes que atenten contra el orden público y los intereses del país, propuesta que, dicho sea de paso, también proviene de la extrema derecha. Esa medida, igualmente acusada de ineficaz (o contraproducente) en la lucha contra el terrorismo, sí podría tener efectos políticos y sociales muy graves, al afianzar la percepción de que no todos los franceses son iguales ante la ley, pues los binacionales que incurrirían en ciertos crímenes se arriesgan a perder su nacionalidad francesa. Tema que ya ha generado mucha división, incluso dentro del partido gubernamental y del propio gobierno (conllevando la renuncia de la ministra de justicia, C. Taubira). Además, la falta de claridad sobre el blanco real de la medida, que ha sido muchas veces reformulada (pues ya no se incluiría la mención al “binacional”), demuestra la insuficiente reflexión gubernamental al respecto.

En síntesis, la falta de claridad y de tiempo de reflexión sobre los contenidos de los cambios legislativos y constitucionales en curso no propicia el debate democrático. Por si fuera poco, hemos observado, sin poder salir aún del asombro, las arremetidas de Manuel Valls contra cualquier voz crítica, especialmente la de la academia: esta se vio, en tres oportunidades, simple y llanamente acusada de “excusar” a los terroristas, al pretender medianamente comprender los fundamentos del proceso de radicalización y apoyo al EI en Francia9. La arrogancia de M. Valls al descartar las voces críticas sobre sus estrategias de lucha contra el terrorismo, incluso por parte de los universitarios dispuestos a aportar sus conocimientos para enfocar mejor el alistamiento a favor del EI, no solo constituye una preocupante ceguera; es una irresponsable forma de no encarar el verdadero problema: este es el atractivo de EI en poblaciones blanco de sus estrategias de reclutamiento, poblaciones nacidas y crecidas en Francia (y no todas de ascendencia magrebí). Y negarles la nacionalidad francesa a posteriori, además de no resolver nada o de darles argumento a los que señalan su estigmatización, es una curiosa forma de negar lo que ocurre en la sociedad francesa.

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1“Nos imaginamos que Francia será una democracia hasta el final de los tiempos. Seamos serios y miremos el mundo alrededor nuestro”.

2Entrevista BBC à M. Valls : integralmente disponible en Le Point, 22-01-2016 : http://www.lepoint.fr/politique/valls-l-etat-d-urgence-maintenu-jusqu-a-ce-que-daech-soit-eradique-22-01-2016-2011905_20.php

3En nuestro anterior artículo: “Estado de emergencia en Francia: dudas y cuestionamientos”, se examina el marco legal : Palabras al Margen, edición n° 70, 1 de diciembre de 2015 : http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/estado-de-emergencia-en-francia-dudas-y-cuestionamientos?category_id=697

4Ver su argumentación en : “Pourquoi constitutionnaliser l’état d’urgence”, Politis, 5-02-2016 : http://www.politis.fr/articles/2016/02/pourquoi-inscrire-letat-durgence-dans-la-constitution-34062/

5Más de 3000 requisas han sido ejecutadas, 400 personas interpeladas y 400 asignadas a residencia, según cifras del Ministerio del Interior (Le Monde, 4 de febrero de 2016). Amnesty International y Human Rights Watch han denunciado el criterio discriminatorio de la selección de personas asignadas a residencia, y la vaguedad de los motivos de acusación a dichas personas.

6Paralelamente se está debatiendo una reforma del Código Penal y una nueva ley de control del crimen organizado y de lucha contra el terrorismo, que refuerzan los poderes policiales (uso de armas, procedimientos administrativos) y debilitan al juez independiente.

7Texto de la reforma : http://www.assemblee-nationale.fr/14/projets/pl3381.asp (23 de diciembre de 2015).

8Ver “Pourquoi constitutionnaliser l’état d’urgence”, Politis, 5-02-2016 (op. cit).

9El 25 y el 26 de noviembre de 2015 y de nuevo el 12 de enero de 2016, M. Valls ha incriminado la “cultura de la excusa sociológica” que caracterizaría a los universitarios y adujo que “explicar el Jihadismo, ya es un poco excusar”, lo que ocasionó una repuesta colectiva: Libération, 12-01-2016: http://www.liberation.fr/debats/2016/01/12/culture-de-l-excuse-les-sociologues-repondent-a-valls_1425855