* Palabras al Margen

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Al afirmar que se trata de una proyección coyuntural, no me refiero a una manida utilización del término “coyuntura” de forma posibilista, oportunista o de reacomodo dentro de estrategias que el mismo acontecimiento cuestiona. Me refiero a la forma de enfrentar la situación actuando sobre el corto plazo, pero de forma que las izquierdas puedan quedar en condiciones de generar una alternativa, e incluso su viabilidad.

Esta semana los sectores que se movilizan por sus derechos, los que sin estar asociados quieren un cambio, esperan un comportamiento para asumir la perplejidad y el susto frente a un tarjetón que no genera ninguna esperanza. En tal sentido pienso que es la oportunidad para proyectar una capacidad para abstraer las diferencias y ser gobierno en el futuro, a la vez que incidir en la agenda nacional interpretando los clamores de múltiples sectores de la sociedad que no se identifican con las izquierdas, pero que, como quedó demostrado, el proyecto socioeconómico y político de las derechas no tiene cómo atender. 

Como quiera que sea, las izquierdas, en términos de opinión electoral, se pueden acercar a un cuarto de la población votante, recordemos el 26% de la AD-M19 en la constituyente, el 23% de Carlos Gaviria frente a Uribe Vélez. Pero ahora estamos ante la posibilidad de que esa franja desarticulada no tenga peso en la política nacional o de que incluso pueda abrir nuevas posibilidades para la paz y la agenda de los movimientos sociales. 

Por lo anterior la propuesta de Frente Amplio por la Paz toma fuerza como propuesta de rearticulación de las izquierdas, si y solo si los movimientos sociales se sienten incluidos y encuentran una mayor posibilidad para impulsar sus negociaciones con el Estado, pero también si ese Frente Amplio es capaz de aliarse con las derechas que han calculado que con la paz les va mejor, lo que significa más que una alianza electoral abierta, es decir, la constitución de un movimiento amplio por la paz más allá de los movimientos sociales y las izquierdas. 

En dicha perspectiva el objetivo estratégico básico es el fortalecimiento de los movimientos sociales que logren sentar a negociar de verdad al Estado, quitándole de paso banderas a las derechas y a los centros. Por ejemplo, en el terreno de la educación la MANE puede desfetichar su programa de una mera propuesta de ley y la de Fecode empecinado en su discurso gremialista. De igual forma el movimiento campesino, indígena y afrodescendiente puede ampliar su interlocución con la sociedad asumiendo más decidida y visiblemente la agenda ambientalista. Pero todo ello enmarcado en la perspectiva en el mediano plazo de un programa mínimo. 

Para concluir estas notas, es necesario matizar las oportunidades de rearticulación de las izquierdas y de revitalización de la agenda socioambiental, por los límites de la correlación de fuerzas, que no podrá pensar en negociar el neoliberalismo. Lo que no significa que no se puedan reposicionar las fuerzas hacia lo que en un futuro se pueda realizar, pero frente a lo cual el aislamiento de la extremaderecha es un condición y la constitución de un Bloque Histórico por la Democracia una opción que no se puede despreciar en nombre de alguno de los estrategismos o tacticismos en los que se han movido habitualmente las izquierdas en los últimos cuatro años.