* Palabras al Margen

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Hijo del general José María Vargas Vila, quien alcanzó el grado de general del estado mayor del director supremo de guerra, y de Elvira Bonilla Matiz. “El divino” fue el cuarto de cinco hijos en este matrimonio. Sus abuelos paternos fueron los señores Francisco Vargas y Antonia Vila; maternos los señores Fernando Bonilla y Rosalía Matiz. Sus cuatro hermanos fueron Antonio, Ana Julia, Concepción (estas últimas monjas profesoras en un convento de Bogotá) y el menor José Ignacio, poeta, reconocido como “el humano”.

El día del nacimiento de Vargas Vila su padre no estuvo presente y lo conocería un año después, pues éste se había enrolado en las filas del General Melo (contra el presidente general José María Obando) y después en las de Tomas Cipriano de Mosquera donde tuvo que comandar un batallón en la toma de Bogotá el 18 de Junio de 1861. Su padre alcanzó el grado de general y fue un militar de alto prestigio. Sin embargo, cuando Vargas Vila tenía 4 años, en 1864, su padre muere en Funza y deja a su familia en una difícil situación. Allí su madre dificilmente sobrevive en una pensión de viuda militar que le fue asignada pero, debido a la pobreza en la que se encontraba, se traslada a Bogotá, lugar en el que todos sus hijos adoptaron el apellido de Vargas Vila.

La infancia del escritor estuvo marcada por la presencia constante de dos elementos amenazadores: el primero fue la política, y el segundo, derivado del anterior, la amenazante presencia de la pobreza. En Bogotá Jose María cursa sus estudios primarios y secundarios en distintos colegios de la capital pero no logra iniciar sus estudios universitarios. Vargas Vila creció en un ambiente revolucionario con hombres de la talla de Murillo Toro, Rojas Garrido, Diógenes Arrieta, César Conto, Juan de Dios Uribe, Rafael Uribe y Antonio José Resrepo. Las humillaciones y las privaciones que soportó Vargas Vila, en medio de un ambiente clacista, hicieron de él un rebelde desde su juventud y como el dinero no le alcanzaba para darse los lujos académicos de la aristocracia bogotana, decdió seguir los pasos de su padre y, a los diesiseis años, abandona Bogotá y se enrola en las fuerzas armadas comandadas por los generales Sergio Camargo y Santos Acosta. Estos últimos encargados de desmantelar la rebelión del Cauca y Antioquia en 1876 creada por fuerzas conservadoras en contra las fuerzas del presidente Aquileo Parra encabezadas por Sergio Arboleda como supremo director de la guerra.

Desde su adolescencia Vargas Vila mostró su rebeldía y, al igual que su padre, se mostraba fiel al ideario liberal radical. En la batalla de “La Garrapata” salen vencedores y, reestrablecida la paz, regresa a Bogotá con un modesto grado militar. En 1880 se traslada a Ibagué para trabajar como maestro de Escuela, profesión que ejerce también en Anolaima y Guasca. Al regresar a Bogotá conoce y se hace amigo del poeta José Asunsión Silva y en 1881 entra como profesor al “liceo de la infancia”, en donde, tras un atercado con el presbítero Tomas Escobar, a quien se le imputaba el delito de sodomía con los alumnos del plantel, fue expulsado. Ésta sería la primera pelea que enfrentó en defensa de sus ideales políticos y contra el clero.

La Iglesia, por entonces, manejaba a la población y la mantenía sumida en la ignorancia pues la mayoría de la población estaba conformada por indios y mendigos que se aglutinaban en la plaza los días de mercado. Consuelo Triviño cuenta sobre esta época que “La ignorancia y la miseria de las clases bajas contrastaban con las élites cultas y refinadas que hablaban en verso y vivían a la usanza europea”. Después de su expulsión y tras defender radicalmente sus ideales políticos en contra de la iglesia, Vargas Vila viaja a Villa de Leyva como maestro de escuela y tras una breve estancia en Tunja lo sosprende la revolución de 1885, periodo conocido como “La regeneración conservadora” liderada por el entonces presidente Rafael Núñez. Allí José María se enrola en las fuerzas del general Daniel Hernández para hacerle frente al tirano en Santander y Boyacá. Sería justamente contra Rafael Núñez contra quien Vargas Vila escribiría sus más encarnizados panfletos. La regeneración de Núñez amenazaba a todos los liberales radicales; las medidas para acabar con el caos del país no se restringían a la palabra, también existía la represión armada. Tras la derrota se refugia en los Llanos Orientales donde recibe protección en la hacienda de su pariente el general Gabriel Vargas Santos de quien también, además de su padre, heredó la simpatía por el partido Radical.

Las medidas políticas de Núñez marginaron de la vida política a los radicales quienes huyeron del país. Allí escibe su primera requisitoria panfletaria titulada “Pinceladas sobre la última revolución en Colombia. Siluetas Bélicas”. Tras la escritura de este panfleto, los regeneradores y adversarios de su doctrina política ponen precio su cabeza y es vejado por sus enemigos, odiado y escarnecido por ellos. En 1877 viajó a Maracaibo y luego a Caracas donde trabaja como director de la revista Eco Andino (1877), fundada por él. (En esa época inició su interminable exilio pues no volvió a Colombia sino hasta el año 1924 cuando el barco en el que llevaba una gira por latinoamérica hizo una parada en Barranquilla). Al año siguiente de residir en Venezuela se reúne con sus amigos Diógenes Arrieta y Juan de Dios Uribe, conocido como “El indio”, y funda una nueva revista debido al fracaso de la anterior. La revista fue llamada Los Refractarios (1878) y desde allí lanzaron ataques al presidente de Venezuela Andueza Palacio, llamado por Vargas Vila como la “escoria del despotismo”; y también denunciaron los atropellos de Rafael Núñez contra los radicales en Colombia.

Tiempo después muere Diógenes Arrieta y en el sepelio el escritor colombiano pronunció la oración fúnebre considerada una de las piezas claves de Vargas Vila, quien por entonces fue creando en torno suyo una aureola de perseguido político que de algún modo contribuyó a su exitosa carrera como escritor. Varias cosas molestaban a Vargas Vila del gobierno de Núñez, entre otras, que instraurará un centralismo político y administrativo, el fortalecimiento del ejército, la instauración de la pena de muerte y el hecho de que a través del concordato se dejara la educación en manos de la Iglesia.

Vargas Vila jamás aceptó la política de Núñez, como tampoco entendió sus intentos de modernización del Estado. Él solo veía en ello la pérdida de su libertad de expresión y de pensamiento. Obligado a marcharse de Venezuela tras los efervescentes artículos en contra del presidente Andueza, quien ordenó que a él y a Uribe los pusieran prisioneros, Vargas Vila, Uribe y el poeta venezolano Eduardo Talero se exilian en Nueva York. Tras el exilio de Venezuela, en 1887 se editó por primera vez Aura o las violetas en una imprenta de Maracaibo. La madre del autor acababa de morir y éste le dedico a sus hermanas aquella novela de juventud con la que inició su carrera como novelista.

En New York trabaja en la redacción del periódico El progreso de quien era director Ramón Verea y continúa sus ataques contra la tiranía en Colombia y Venezuela. En este periódico Vargas Vila quiere fundar una sección que se acupe solamente de literatura pero entra en conflicto con el propietario y se retira. Funda entonces, con la colaboración de César Zumeta, otra revista titulada Hispanoamérica, en donde publica los cuentos que, tiempo después, integrarían el volúmen de Copos de Espuma (1902). Después se aventuró con la publicación de La Revista que no alcanzaría el segundo número. También publicó Los Providenciales, una serie de estampas sobre la junga dictarorial américana que más tarde serían “Los divinos y los humanos”. Regresa a Venezuela como secretario privado del presidente Crespo en 1893 y permanece hasta fines del año siguiente cuando, caído Crespo, se aísla nuevamente en la urbe norteaméricana. Por esa época Rafael Núñez nombra a Rubén Darío consul general de Colombia en Buenos Aires. Tal nombramiento indigna profundamente a Vargas Vila, quien llamaría al escritor nicaraguense “el tirano poeta”.

En 1898 ejerció como ministro plenipotenciario de la república del Ecuador en Roma. De allí viajo a Paris donde entabló amistad con Rufino Blanco Fombona, Enrique Gómez Carrillo y Cesar Zumeta con quienes comprate momentos de “Bohemia” que son recordados en sus memorias. Viajó por Grecia, y de regreso, en las costas de Sicilia, el barco en el que venía sufrio un serio accidente. Tal accidente produjo una leyenda de su muerte sobre la cual Ruben Darío escribe desde Buenos Aires una sentida página en memoria de su vida, la cual enternece a Vargas Vila quien agradeció esta falsa muerte puesto que tal hecho le permitiría hacerse amigo de Ruben Darío tiempo después. Cuando en 1900 Ruben Darío llega a París se inicia entre los dos escritores una perenne amistad que los uniría por el resto de sus vidas. El libro, Ruben Darío, de “El divino” narra el encuentro con el poeta nicaraguense. Concluída su misión de representante diplomático en Roma hacia 1902, Vargas Vila se radica en Nueva York nuevamente y decide alejarse de su labor como periodista para dedicarse a la literatura.

Entre 1900 y 1903 escribió Rosas de la tarde, Ibis, Alba Roja y Los Parias narraciones con las que alcanzó una popularidad inmediata en el continente latinoaméricano. También en 1900 publica en Estados Unidos Ante los bárbaros, donde ataca abiertamente la política de intervención norteaméricana en Suramérica. Esta obra la usó para atacar a las dictaduras latinoaméricanas y al imperialismo norteaméricano que sería el culpable de la desgracia de estos pueblos para el escritor colombiano. En 1904 funda en Nueva York la revista Némesis escrita por él y sobre él, sin embargo debido a estos panfletos escritos principalmente contra Estados Unidos, José María debe abandonar Nueva York. Debilitada su salud viaja a Paris nuevamente y luego a Venecia a recuperarse de una neurósis luego de un parte médico que le exigía un reposo prolongado, reposo que no cumpliría pues en 1905 ejerce de nuevo las funciones diplomáticas ahora como Cónsul General de Nicaragua en Madrid. Surge, entonces, un conflicto de fronteras entre Nicaragua y Honduras en el que Vargas Vila, Rubén Darío y Crisanto Medina conforman la comisión que se presentará ante el rey de España quien había sido nombrado arbitro del diferendo. En Madrid la llegada de Rubén Darío generó un encuentro literario de gran envergadura. La unión Ibero-Américana organizó en el Ateneo de Madrid una sesión con los escritores que aumentó su popularidad e incrementó considerablemente la edición y publicación de sus obras. Más tarde Vargas Vila también forma parte de la celebración del tercer centenario del Quijote. En la capital española, hacia 1909, fija su residencia y trabaja sin cesar a pesar de sus quebrantos de salud; al año siguiente se marcha a Roma y por 1912 aparece nuevamente en Barcelona donde viaja constantemente a Francia y por el interior de España. Ya hacia 1913 había renunciado a sus representaciones diplomáticas, entregándose por completo a la edición de sus libros en Paris, Madrid y Barcelona. En esta última ciudad la editorial Sopena emprende la publicación de las obras completas, lo cual le produjo serios rendimientos pues su popularidad era incalculable y las ediciones se multiplicaban para cada título.

Repuesto de uno de sus constantes quebrantos de salud, emprende una gira por Latinoamérica hacia 1922. En Rio de Janeiro es recibido con Vítores por los estudiantes enardecidos de entusiasmo. En Argentina sintió el silencio de la prensa puesto que el periódico más importante de Buenos Aires, La Nación, ni siquiera reseñó su visita. Como respuesta a este hecho Vargas vila se ensañó no sólo contra el periódico sino también contra el país, críticas que se encuentran en su Odisea Romántica. Luego visita Montevideo y México, en donde es huesped de su amigo el presidente Obregón. También pasa, por supuesto, por Colombia después de casi cuarenta años de exilio. Allí se detiene en Barranquilla donde dicta varias conferencias, una de las cuales se titula El Cesarismo y la civilización. En esta ciudad Colombiana le reconfortó ver que su palabra se mantenía viva entre los estudiantes liberales y pronunció estas palabras debido al entusiasmo que encontró en su tierra natal” “Mi corazón de Ulises libertario no podía desoír la voz de su Itaca natal. El perro tendido en el umbral de la puerta me ha reconocido”. En aquella conferencia lamenta no poder visitar la tumba de su madre y relata su despedida la noche de la fuga. Su arribo a Barranquilla lo aprovechó para reclamar sus derechos de autor en la filmación de “Aura o las violetas” que corría por el país en una película lamentablemente realizada. La gira termina en Cuba en 1925 donde permanece más de dos años a causa de una enfermedad que lo obligó a guardar cama largo tiempo.

Se repone una vez más de sus quebrantos de salud y de regreso a Europa se radica en Madrid y definitivamente en Barcelona donde la suavidad del clima de la capital catalana le es provechosa a su quebrantada salud. A pesar de encontrarse aislado en España, Vargas Vila sigue al tanto de los acontecimientos que suceden en Latinoamérica. Acontecimientos como la pérdida del canal de Pánama y la doctrina Monroe, concretada en la expresión “América para los américanos,” no dejaban de demostrar que su antimperialismo radical tenía mucho sentido y que era necesario cuestionar la directa incursión del imperio estadounidense en Suramérica. Vargas Vila envía un telegrama de apoyo al presidente de Colombia Enrique Olaya Herrera en lo referente al altercado ocurrido con el gobierno del Perú que ponía en peligro la soberanía de Colombia. Este sería su última intervención en los asuntos políticos del país. El día 22 de mayo de 1933 muere en su apartamento de la calle Salmerón en Barcelona, después de una corta enfermedad. Fue enterrado en el cementerio de Las Corts, pero sus restos fueron trasladados a Bogotá, Colombia, el 24 de mayo de 1981.

Fuentes: José María Vargas Vila. Por Consuelo Triviño Anzola. Bogotá: Procultura, 1991. Oddone: 75-78, 1-9. El Divino Vargas Vila. Arturo Escobar Uribe. Bogotá. 1968. Ensayo Biográfico. 193-213. Forjadores de Colombia Contemporánea. Los 81 personajes que más han unfluído en la formación de nuestro país. Bogotá. Planeta. Colección de Biografías a cargo de Carlos Perozzo, Renán Florez y Eugenio de Bustos Tovar. Vargas Vila Sombras de Águilas. Panamericana Editorial. 1998.