Jessica Fajardo

* Jessica Fajardo

Licenciada en Educación en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y estudiante de la Maestría en Gobierno en la Universidad de Buenos Aires. Ha trabajado proyectos de construcción política en educación formal y no formal. Sus intereses se centran en la epistemología de las Ciencias Sociales y en la construcción epistemológica del ser humano en disciplinas como el Derecho y la Ciencia Política

Homero Simpson: Ah, ni un solo oso a la vista, la patrulla anti-osos funciona de maravilla.

Lisa Simpson: Eso es autocomplacencia papá.

Homero Simpson: gracias nena.

Lisa Simpson: Según tu lógica puedo alejar los tigres con esta piedra

Homero Simpson: Ah, ¿y cómo funciona?

Lisa Simpson: No funciona, es una piedra inútil. Pero no veo ningún tigre por aquí ¿y tú?

Homero Simpson: Lisa quiero comprarte tu piedra

Los Simpson1.

Cuando llegamos a cierta edad las cosas más mundanas empiezan a cargarse de sentido, renunciamos a buscar la verdad en las palabras y empezamos a tratar de vivir el acontecimiento por sí mismo. Y entonces, aparece la siguiente pregunta: ¿Qué puede provocar los análisis “refinados” sobre la política? En ocasiones, estos análisis (casi siempre convertidos en estadísticas) nos hacen alejarnos de lo concreto, para suspendernos en una nube abstracta, embriagados de palabras que nos dicen cómo “debe” ser la política. Y bueno, observemos la opinión que nos da Fernando Rosso sobre el resultado de las elecciones presidenciales en Argentina. “El candidato del FpV se difuminaba por su propia naturaleza y por opción política en la borrosa frontera de lo que los analistas llamaron el “centro”, que no es más que el ocultamiento de un desplazamiento a la derecha. “Centro” es la forma eufemística y civilizada que tiene para autodefinirse todo aquel representante de la derecha en un país como la Argentina2.

Rosso invoca la palabra “centro” como aquella categoría que clasificó al candidato presidencial del Frente Para la Victoria, y que determinó parte de la decisión electoral; con esta palabra, marca el eufemismo y define a Daniel Scioli como el representante de la “derecha”. De esta forma, un proyecto de Estado queda clasificado como “tradicionalista”. Si bien la representación política está acompañada por un rostro, un proyecto de Estado no sólo está regido bajo las instituciones sino por la fuerza política de cada uno, de cómo nuestras acciones hacen de Argentina nuestra República, y bueno, esta República la estábamos construyendo los pobres y los migrantes que pudimos ser estudiantes y trabajadores. El próximo paso era poner las instituciones a nuestro servicio, para hacer del proyecto de Estado un ejercicio político propio.

Sin embargo, la crisis del Frente Para la Victoria marcó la voluntad de construir un significado alrededor de su cuestionado candidato presidencial, fortaleciéndose palabras como “centro”, “derecha” y “tradicional”. Sobre un proyecto de Estado se sobrepuso el rostro de su representante, quedando a la merced de un entendimiento “refinado” y “progresista”, que construyó nociones sobre lo que “debe” ser la política. Aparece Cambiemos como una “alternativa” ante el “tradicional” proyecto kirchnerista. En su análisis periodístico Verónica Smink muestra la propuesta del candidato Mauricio Macri, como una “subversión” al “tradicionalismo peronista”: “Diálogo. Agradecimiento. Apertura. Humildad. Equipo. Unir. Coincidencias. Reflexionar. Reconciliar. Son algunas de las palabras que ha venido repitiendo el candidato, y que no se suelen oír con frecuencia en la política argentina”3. De esta forma, la más tradicional de las tendencias políticas de Argentina se manifiesta como una alternativa de cambio; detengámonos un poco sobre las palabras del candidato Macri, citadas por Smink: ““Creemos que el kirchnerismo hizo lo que podía hacer, pero la mayoría se da cuenta de que no alcanza, que merecemos estar mejor. La mayoría de la gente votó por su futuro”, respondió, conciliador, quien -de ganar- sería el primer presidente no peronista desde 20014. Bajo la promesa del cambio, parte de la Argentina votó a favor de un proyecto inexistente, a pesar de haber sido testigos de acontecimientos como las contrataciones directas en el Gobierno de la Ciudad, el vergonzoso presupuesto destinado a educación y salud en la Ciudad de Buenos Aires, las fuertes declaraciones en contra de la ola migratoria que atrajo el proyecto kirchnerista, las justificaciones a la explotación en los talleres clandestinos. Esto representa el interés de “unos”. Observemos el siguiente comentario: “Siento que todas las décadas de agobio y hartazgo de gobiernos que consideran al ciudadano honrado un enemigo han terminado. Tengo un gran alivio, UNA ALEGRÍA INMENSA!!!! estoy como las plantas florecidas después de un largo y crudo invierno!!!5, al parecer muchos no estamos bajo la clasificación de “ciudadano honrado”. Sin embargo, la gran masa electoral votó por el proyecto de Cambiemos, abstrayéndose en palabras y categorías de “cambio”. ¿Cómo lo concreto y lo fáctico se escapó de la reflexión y la decisión política? Las dudas que se tejen alrededor de la figura de Daniel Scioli crearon un escepticismo hacia el proyecto de Estado y hacia la fuerza política que cada habitante pudiese ejercer como propia, como si el caudillo fuese la política misma.

Ahora, vamos a los hechos mundanos y no “refinados”. El sur de la provincia de Buenos Aires (mi hogar hasta hace unos meses) es un territorio que ha sido recuperado por una clase trabajadora; desde hace unos años se han procurado las condiciones mínimas de trabajo para garantizar la dignidad de aquellas familias que habían estado sumidas en la pobreza. Con la descentralización educativa y con el fortalecimiento de las universidades nacionales, los hijos de los trabajadores entraron a las aulas de clase y empezaron a contemplar la producción académica como un lugar de trabajo (ya no era un bien exclusivo de la Universidad de Buenos Aires). En medio de los asados de domingo, las familias de “zona sur” declaraban sus victorias como propias y reconocían al proyecto de Estado como aquel agente que garantizó las condiciones necesarias para obtener sus grandes bienes, trabajo y educación. El tan invocado cambio ya se lo había procurado la Argentina, y esta es la era de las reformas (acompañadas por los inmanentes problemas institucionales y económicos). Ahora es indispensable reflexionar sobre el panorama electoral, y para ello les dejo un comentario del filósofo Slavoj Žižek, sobre el fracaso de los proyectos populistas en América Latina y Europa: “¿Qué sucedería si un gobierno como el de Syriza o la inspiración de Podemos fracasan? En ese caso sí sería cierto afirmar que las consecuencias serán catastróficas no solo para Grecia o España, sino para toda Europa: pues esa eventual derrota daría aún más peso a la opinión pesimista según la cual el trabajo paciente de las reformas está condenado a fracasar, y que el reformismo, antes que la revolución, constituye hoy la más inalcanzable de todas las utopías. En últimas, ello confirmaría que nos aproximamos a una era de lucha mucho más radical y violenta6.

  1. Los Simpson. ¿Y dónde está el inmigrante? Capítulo 23 de la temporada 7.
  2. Rosso, Fernando. Scioli y Macri: memoria, balance y ballotage. (2015, Octubre). La izquierda diario. Disponible en: http://www.laizquierdadiario.com/Scioli-y-Macri-memoria-balance-y-ballottage
  3. Smink, Verónica. Elecciones en Argentina: las razones detrás del inesperado revés del gobierno después de 12 años de kirchnerismo. (2015, Octubre). BBC Mundo. Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151026_elecciones_argentina_reves_gobierno_vs?ocid=socialflow_facebook
  4. Ibíd.
  5. Comentario extraído de la biografía oficial de Mauricio Macri.
  6. Žižek, Slavoj. Una aclaración con respecto al populismo. (2015, abril). TeleSur. Disponible en: http://www.telesurtv.net/opinion/Una-aclaracion-con-respecto-al-populismo-20150424-0027.html