* Palabras al Margen

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Por razones que aún no conocemos, algunos momentos de la vida humana son similares a las peores fuerzas de la naturaleza o a tropos ocultos del lenguaje. Sin miedo a intelectualismos, las comparaciones elevadas no sólo nos dan acceso a una comprensión mayor de las situaciones, sino a una recepción saludable de sus moralejas.

Para empezar la relación de la obra de teatro con la situación política, aludimos a los hechos ocurridos en julio con algunxs miembros del Congreso de los Pueblos. Como situados en una ruleta del destino, sin rumbo ni suerte de predicción, dos eventos hallaron su momento de sincronía para darnos una lección sobre la ambigüedad de las artes en el sistema liberal y, al mismo tiempo, la fuerza estética de la resistencia que hace artistas a quienes traducen su vida en una actitud con carácter trágico. Lo consignado aquí sucedió hace días, en un proceso para nada agradable, y resume parcialmente la relación de la obra “Camilo” producida y montada por el Teatro La Candelaria con la situación legal y política de “las 13” personas antes mencionadas.

II

El lunes 8 de junio la prensa colombiana produjo una tensión informativa que presuponía diez días de campaña para dar legitimidad a una decisión legal que culpaba a 13 jóvenes del Congreso de los Pueblos por “pertenecer” a una célula urbana del ELN y ubicar dos bombas que no habían puesto. La prensa les culpó y halló razonables las pruebas que ofreció el cuerpo policial encargado del caso. “Brazaletes con colores rojo y negro”, “ropa con estampados relativos a imágenes de líderes de la revolución cubana”, “libros de Camilo Torres sobre la revolución” eran pruebas insostenibles para un hecho lógicamente desligado e incomprobable respecto a esos indicios.

Con el tiempo, la incoherencia creció y el mensaje adoptó una condición malsana para toda pretensión de justicia, que se extendió como un proceso de METÁSTASIS: la propagación de un foco canceroso en un órgano distinto de aquel en que se inició.

No obstante, de modo paralelo, inició una campaña contrainformativa que situó en la contienda a dos fuerzas que aún se disputan la legitimidad de la decisión en un momento inacabado. Ahí se sitúan los esfuerzos de este medio de comunicación por manejar otro mensaje, del mismo modo que el empeño de la prensa alternativa que, como Colombia Informa y el Semanario Voz, nos tuvieron al tanto de la situación de lxs detenidxs, como también la valentía del Teatro La Candelaria al mantener sostenida la obra sobre Camilo Torres.

III

El 6 de julio, días antes de lo ocurrido con las bombas puestas en los edificios de Porvenir, la misma prensa que culpó a lxs 13 detenidxs por leer a Camilo Torres, celebraba con ánimo la producción, el montaje y la presentación de una obra que llevaba su nombre. Veamos algunos contrastes.

El periódico El Tiempo, en palabras de Yhonatan Loaiza Grisales, decía para la fecha que [La obra] “[e]s una lucha metafórica, un contrapunteo que refleja esa ambivalencia en la que vivió este personaje histórico, este sacerdote que se puso el uniforme de guerrillero, pensando en construir el país que soñaba”.

Y el 8 de julio el mismo medio de comunicación afirmaba en una pregunta retórica: ¿Quiénes son los contratistas del Distrito capturados por explosiones? Con esto se presentaba una noticia que, por lo demás, tenía un contenido de acusación.

Por otra parte, Nancy Paola Rocamadour, neutralizó completamente el contenido político de la obra en el periódico El Espectador al contenerla como un homenaje a la memoria. Según Rocamadour: “Esto último posibilita resignificar diferentes momentos cruciales en la historia de una generación influenciada por el liderazgo político y social de diferentes personajes que soñaban otro país”. ¡Nada más insípido, nada más simple que redundar en la memoria sin contenido, ese lugar común en posconflicto!

El Espectador fue el medio que quizás con más violencia arremetió acusando indiscretamente a “lxs 13 detenidxs”. La violencia de titulares como Paola Salgado, ¿Activista del Polo?, Los audios interceptados por la Fiscalía a Paola Salgado e Iván Cepeda sí se reunió con Paola Salgado. Por lo demás está decir que el primero de los titulares se pregunta por qué alguien que el mismo medio considera culpable de un ilícito podría participar en un partido legal para la contienda política; el segundo asegura pruebas que suponen la culpabilidad de una acusada negando de entrada lo que retóricamente han usado y desusado los medios de comunicación: la “presunción” de inocencia; y el tercero estigmatiza la reunión de dos líderes sociales.

¿A qué juegan estos medios? No es propiamente la lógica macabra del “todo vale”.

La prensa no reparó en el nombre de quien motivaba la realización de la obra, más allá de lo que significó su vida como personalidad exótica de la cultura nacional: “El cura guerrillero”. La reseña de Rocamadour asertivamente aseguró entre dientes que, aunque ser guerrillero no indica otra cosa que agruparse en una guerrilla, Camilo fue más que sólo eso: sacerdote tardío y disidente, sociólogo talentoso, maestro carismático, gestor público, amigo popular, intermediario de la izquierda dividida.

Pero, acaso y con franqueza, ¿cómo lo presenta la obra?

Breve Reseña

Cincuenta años después de la muerte de Camilo Torres, el cura cuya fe se encontraba lejos de Dios y cerca de la unidad por el amor eficaz, la vida y el perdón, el telón de la discusión sobre el silencio vs. la memoria en voz alta se abre bajo el techo del Teatro La Candelaria en la dirección de Patricia Ariza. Seguido de una serie de indiscutibles aplausos en conmemoración al trabajo de Francisco Martínez y Fernando Piñuela por un Teatro que cambia este mundo, por un Teatro que no calla su rebeldía.

Distintos actores y actrices nos comparten con una serie de danzas, cánticos y dramas cuál fue el sueño de Camilo durante su vida y, por supuesto, lo que dejó detrás de su muerte. Tras las constantes discusiones internas de Camilo que se presentan en esta obra, se rebelan distintas disputas que éste tuvo con su familia, la Iglesia y el aparato opresor que aplasta día a día este país, dejándole como última alternativa la toma de las armas junto al grupo guerrillero ELN.

Pero la trama que presenta el Teatro La Candelaria va más allá de un Camilo guerrillero. Ella va por la celebración de una memoria de país, de la memoria de Camilo, de su amor eficaz, de su persecución por querer quitarle a pocas manos el mundo, de su enojo, su rebeldía, su fuga, su búsqueda por la justicia y la organización del pueblo. Comunicando al público, con un elenco de 13 actores y actrices, que éste no quiso ser un héroe pues “desgraciado el país que necesita héroes” y que todas somos Camilo, quizás porque no hemos dejado de vivir en el mismo país que lo enterró en alguna parte del monte.

En la obra Camilo es, no un personaje, sino una acción en varias facetas, una vida, entre otras, nacida para el pueblo. Esta obra es una tragedia en el sentido clásico del género teatral, pero ha reducido el sentido de una vida al mensaje que queremos liberar en momentos de explotación: la lucha sólo para cuando es necesario meditar los pasos que siguen, pero la vida insurrecta es una lucha que se alberga en el corazón de quienes persiguen la liberación sin importar el lugar que ocupen.

Todo esto nos enseña algo muy valioso, el hecho de que no podemos seguir sometidas, que los héroes solo salvan a quienes no pueden consigo mismos y por esto Camilo no lo fue, porque él también fue pueblo y nosotras somos pueblo, ese que debe valerse por sí mismo y unirse para fortalecerse, llorar, luchar, construir, levantarse y pelear por sus derechos. Es así que resulta de gran importancia que conozcamos nuestras memorias con esta obra que seguirá presentando el Teatro que no calla para seguir aplaudiendo más de dos minutos sin cesar, porque ni la historia se ha definido ni la lucha termina.

IV

No obstante lo anterior, la obra nos enseña algo más allá. Es un ejercicio permanente de identificación, en el que el personaje, que representa un proyecto, defiende incansablemente su carácter. Si esta obra se reduce a una presentación de teatro se le resta importancia y se hace inoperante, pierde el potencial de difusión de su mensaje y, con ello, quedaría olvidada. Por eso, más que una reseña cultural que resume los datos básicos de la obra se justifica una conexión que, vista como oportunidad, abre horizontes para hallar sentido en el teatro, la historia y la coyuntura actual.

Como un recipiente sin contenido, el medio de comunicación liberal colombiano adoptó esa posición ante la presentación de Camilo, incluso satanizando al pensamiento del representado. La prensa se convirtió en un canal por el que transita todo lo que tiene autoridad en un campo –por ejemplo, el Teatro La Candelaria- y el rótulo de cultura, sin medir la consecuencia del mensaje y tampoco su impacto. Incluso si el interés corporativo o el interés político para el que fueron diseñados los medios de comunicación sufre una ruptura en momentos donde impera la ambigüedad, restándole prestigio informativo por falta de consecuencia en lo dicho.

Aunque ya estamos asimilando un país en el que todo lo que huele a dinero merece privilegios, la lección que tiene este episodio de la prensa es más importante que esa fatalidad: los medios liberales son archivos que consignan y acumulan información cualquiera; crean golpes de opinión intencionales que benefician principalmente al costado de lo político que favorece su interés corporativo a largo plazo. No obstante, por una suerte de ética periodística que no ha podido ser eliminada por la lógica de mercado, pretenden la certeza más que la verdad y así su información se apoya en lo ocurrido y en lo sostenido por la autoridad que les supere en la asignación de un veredicto inmediato, creando momentos de ambigüedad en los que se pierde de vista la pretensión de justicia del periodista, pero dejando el campo abierto para la disputa de la autoridad que emite un mensaje legítimo.

Ahí es donde se sitúa la oportunidad: hay decisiones en el episodio de “lxs 13 detenidxs” que nos ofrecen más que una lección de valentía, pues en él reside una oportunidad para decir no a la autoridad de “unos cuantos”. Es posible una lectura alternativa de la obra del Teatro La Candelaria: en ella hay un potencial emancipatorio que nos conecta con la historia de una vida dedicada a la liberación. Son momentos frágiles y ocultos que tienen una riqueza histórica infinita si se les convierte en acontecimientos de la memoria popular insurrecta. En esos momentos de indeterminación hay zonas grises que los medios alternativos deberían consignar como victorias de la justicia social, porque elucidan con brillo la labor primera del periodismo, lo reconcilian con la esfera pública y llenan de optimismo a un sector de la población que está cansado de leer, ver y oír que impere la ley del dinero y la pornomiseria.

Sinécdoque

“La tragedia es imitación, no de personas, sino de una acción y de una vida, y la felicidad y la infelicidad están en la acción, y el fin es una acción, no una cualidad. Y los personajes son tales o cuales según el carácter; pero, según las acciones, felices o lo contrario. Así, pues, no actúan para imitar los caracteres, sino que revisten los caracteres a causa de las acciones. […] [En ella] el espectáculo […] es cosa seductora, pero muy ajena al arte y la menos propia de la poética, pues la fuerza de la tragedia existe también sin representación y sin actores”.

Aristóteles

Poética [1450a]

“[La obra sobre Camilo][e]s una mirada del grupo, de las diferentes voces, también a partir de las mujeres, que es una propuesta de Patricia que me parece muy interesante, que todos seamos Camilo, que nosotras las mujeres podamos también representarlo y buscarle ese lado femenino, todos esos temores que él pudo haber tenido en sus momentos más difíciles y decisorios”.

Nohra González.

Actriz del Teatro y protagonista de la obra.

“La sinécdoque consiste en la designación de un objeto o de un todo con el nombre de una de las partes, o al contrario, en la designación de una parte con el nombre del todo”. Si se quiere un ejemplo, la oración “Camilo” es el “pueblo” exhibe esa relación. Existen varios tipos de sinécdoque, de los cuales aquí sólo mencionaremos uno: el todo por la parte. A la sinécdoque correspondiente a una corriente informativa: “Todo el mundo dice lo mismo”, viene la aclaración: No es todo el mundo, en realidad, la oración se refiere a “mucha gente”.

La sinécdoque es un tropo más útil de lo que piensan los profesores de español cuando lo enseñan en el colegio. Beatriz Preciado recordó en Marcos for ever su valor histórico y social al leer la desestructuración insurgente de un nombre que tomó cuerpo en la figura del subcomandante Marcos como una etapa en la que era necesario construir un “personaje inventado como soporte mediático y voz enunciativa del proyecto revolucionario chiapatista”.

“Marcos”, ahora “Galeano”, asumió en su momento una renuncia a la personificación de sí mismo para encarnar una acción y una vida, por lo demás entregada no a su propio ego, sino al pueblo organizado e insurrecto.

Marcos murió con palabras altivas, se asesinó a sí mismo como en el más sagrado de los sacrificios mayas, en función de un todo, autoproclamando el necesario nacimiento de otra vida:

“Pensamos que es necesario que uno de nosotros muera para que Galeano viva. Y para que esa impertinente que es la muerte quede satisfecha, en su lugar de Galeano ponemos otro nombre para que Galeano viva y la muerte se lleve no una vida, sino un nombre solamente, unas letras vaciadas de todo sentido, sin historia propia, sin vida.”

Si se quiere, para el caso particular de “lxs 13 detenidxs” algo similar ocurrió con una actividad espontánea pero sintomática y que no se reduce a la extensión de un mensaje: las campañas “Leer no es un delito” y “Yo leo a Camilo” sirvieron como estandarte de apoyo a lxs 13 detenidxs y fueron un ejercicio trágico de desidentificación.

En la poética clásica, la Tragedia se distingue de la comedia por la grandeza del carácter de sus personajes, algo que no tiene ninguna relación con lo que una persona posee o proyecta, sino con lo que es al tejer el hilo de sentido que representa su propia vida.

Así, “la comedia […] es imitación de hombres inferiores […]”. [1449 a] Mientras que “la epopeya corrió pareja con la tragedia sólo en cuanto a ser imitación de hombres -ahora mujeres- esforzados en verso y con argumento”. [1449 b]

El éxito de una tragedia, además, es definido por el carácter de sus personajes no en la resolución exitosa de la fábula -la historia que narra-, sino en que el carácter es puesto a prueba una y otra vez, pues el “carácter es aquello que manifiesta la decisión, es decir, qué cosas en las situaciones en que no está claro, uno prefiere o evita”. [1451 a]

Vaya carácter el que se necesita para cuestionar la autoridad. Lxs 13 detenidxs se declararon inocentes defendiendo, reafirmando la verdad y la justicia. Lxs compas que les apoyaron siempre creyeron en su inocencia. Y eso les hace más que héroes a todxs.

Más que por el desenlace exitoso contenido en la acción del personaje, un héroe se hace en una tragedia porque enfrenta la fatalidad de su destino defendiendo siempre su carácter.

Así ocurrió con el Subcomandante Insurgente Marcos, ahora Galeano, la representación del Teatro La Candelaria sobre la VIDA de “Camilo” o lxs 13 compañerxs detenidxs por su relación con el pensamiento del mismo Camilo.

En la defensa del pensamiento camilista, se hizo difusa la frontera entre la tragedia vivida y la representada. En la defensa del carácter, la acción insurrecta desconoció la ley: ellos se declararon inocentes, porque eran inocentes. Más allá del teatro y la obra de Camilo, lxs 13 detenidxs revivieron la vida del sacerdote del Frente Unido y le dieron vigencia a la obra del Teatro La Candelaria.

Ya no la obra hizo vigente el pensamiento de Camilo, ni la prensa, en su ejercicio de reducción del potencial pedagógico de la historia, lo convirtió en una anécdota inoperante. Lxs detenidxs asumieron la cárcel como circunstancia, con dignidad, con inteligencia y lucharon por su temperancia de la mano de otrxs luchadorxs. Y, aunque hubo momentos de flaqueza en los que les vimos vulnerables por el miedo a que reinara la injusticia por imposición, cuando Paola Salgado expresó su agobio ante el destino del presidio, sus palabras siempre fueron claras: no te rindas.

Así, hombres y mujeres como Camilo, del pueblo y para el pueblo, nos enseñaron la fortaleza de la compañía e hicieron real lo que se repite a diestra y siniestra, muchas veces sin tiempo de asimilación: que la solidaridad es la ternura de los pueblos.

Camilo, tras el homenaje paralelo que te han hecho lxs 13 detenidxs y el Teatro La Candelaria, puedes darte por bien servido, eres una parte del todo y en el teatro de la vida, todxs llevamos una parte de ti.

IV

La metonimia consiste en la sustitución de un término o de un vocablo por otro con el que guarda relación de causa o dependencia. A veces no es clara la diferencia entre Sinécdoque y Metonimia porque se basan en los mismos fundamentos”.

Definición de Metonimia.

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Después de lo ocurrido con las compañeras del Congreso de los Pueblos habría que mirar con más cuidado lo afirmado nominalmente por la directora Patricia Ariza:

“Él tenía dos obsesiones, la justicia social y la unidad del pueblo, la unidad de la izquierda. Ambas siguen vigentes, siguen sin hacerse. La canción final con la que cerramos la obra dice: ‘Camilo, no viste la justicia, no viste la unidad’. Esas dos frases se dicen al final”.

El lector de esta reseña podrá cotejar si lo dicho le satisface o hacer relativo ese veredicto: después de todo el optimismo respecto a una situación es algo personal, aunque afecte el trabajo colectivo. Nosotras dos nos quedamos con la moraleja del momento histórico que vivieron nuestras compañeras y una reformulación de la afirmación de Ariza: la justicia social se podrá lograr, siempre que la busquemos en la lucha, con el pueblo; la unidad de la izquierda, ¿qué significa?

Por eso, es meritorio un sentido homenaje a una de estas “Camilos”:

“Un día Paola salió a la calle, respiró el aire bogotano, y se supo libre. Atrás quedó la cárcel, su experiencia como falso positivo judicial construido desde el Estado represor. Paola salió a la calle como había entrado a la cárcel: Libre. Todas las bombas que supuestamente trasladaba, estallaron como piñatas de fiesta infantil. Paola trasladaba bombas, es verdad. Bombas de verdad. Bombas de verdades. Porque las verdades del pueblo son bombas para el poder, para sus montajes judiciales y mediáticos, para sus mentiras en ráfaga, para su política de guerra. Adentro suyo quedarán los ecos de todos los gritos que gritamos por ella… de todos los gritos que gritamos por vos Paola, porque te queremos libre, y por tus compas, a quienes también queremos libres como a vos. Atrás quedó el miedo a no saber cómo ni cuándo, y las voces de otras mujeres a las que conoció en el presidio. Tan inocentes como ella. Como vos Paola. Tan responsables como ella, de luchar por un mundo nuevo. Tan culpables como vos, Paola, de animarse a soñar y a luchar por cambiar este territorio de espanto que habitamos. Un día todas nos sentimos libres con Paola, y con sus compas del Congreso de los Pueblos, rescatadxs de la cárcel por la solidaridad popular. Un día todas sentimos que tu dignidad es también la nuestra. Que es ejemplo y orgullo, pero sobre todo compromiso. Porque tu manera de ser feminista, Paola, es ser pueblo, luchar como pueblo, caminar como pueblo, y andar saltando las piedras que el pueblo encuentra en el camino. Un día todas supimos que tu libertad, la que exigimos en las calles, en las embajadas, en los medios de comunicación, en los petitorios, en las canciones de rebeldía, nos obliga a nuevos esfuerzos por la libertad de los miles de presos y presas de Colombia. Un día este cuento de la libertad, tuvo comienzo y fin en tu propio cuerpo, Paola. En tu rostro joven. En tu palabra firme. Un día todas las que dijimos ser Paola, salimos con vos a las calles. Respiramos el aire bogotano. Estallamos las bombas en las narices del poder. Y les dijimos: acá estamos, patriarcas del odio. Nuestros cuerpos y nuestras vidas no tienen precio. Nuestra revolución, camina la palabra”.

Claudia Korol, en la madrugada del 13/9/15.