* Palabras al Margen

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Por supuesto, este movimiento no es algo que haya aparecido de la noche a la mañana como si fuera el resultado de una simple indignación. Sin lugar a dudas, las movilizaciones de estos dos días tienen una directa relación por lo menos con dos antecedentes: por un lado, las negociaciones de paz en la Habana y, por el otro, el paro agrario que se levantó en el país hace pocos meses. Veamos en qué sentido uno y otro se relacionan con un movimiento social que se ha congregado con fuerza en los últimos años y que hemos visto en estos días tanto en las calles como en las redes sociales.

En primer lugar diremos que las negociaciones de paz que se adelantan en la Habana constituyen un antecedente, no sólo por los diálogos que se llevan a cabo o por los puntos que han sido acordados, sino porque han puesto sobre la arena política por lo menos tres discursos dominantes alrededor de la paz: un discurso oficial y evidente de negociación que mantiene el gobierno nacional con las Farc, un discurso contra-paz que es el del uribismo y de los enemigos de la paz que le apuestan a la guerra y a la muerte, y finalmente, y a nuestro parecer el más importante, un discurso de la construcción de la paz que es el de los movimientos sociales y populares, que es diferente del discurso oficial ya que se busca una paz duradera e integral en un marco amplio de participación política de los trabajadores, estudiantes, sectores populares, mujeres, indígenas, afros y diversas y múltiples organizaciones sociales y políticas.

De manera que más que las negociaciones de paz, el antecedente que se juega en este movimiento político por la paz que grita, que se vive, que canta en la calles es un movimiento de construcción de la paz y de la democracia que desborda una reducida negociación y que reclama y lucha por una transformación integral en el país. Es por esta lucha y por un movimiento social de la paz que la gente sale a las calles, es por un movimiento sólido de oposición a las políticas gubernamentales que desde hace tantos años han golpeado al país y que han dejado, como lo sabemos, miles de muertes, desastres ambientales, persecuciones políticas, entre otros. Es por esto que la gente se organiza y marcha y no por una simple indignación. No se trata entonces de que el alcalde Petro se apropie ahora de un movimiento que es más de los campesinos, de los indígenas, de los estudiantes y de las distintas organizaciones y movimientos sociales que han venido resistiendo al margen de una democracia representativa peligrosa que le da sin más el poder a un tipo oportunista como lo es el procurador Ordoñez. Las movilizaciones van más allá de la destitución del alcalde, se trata de una defensa de la democracia y de una defensa de la construcción de la paz ante los golpes desproporcionados de los enemigos de la paz.

Otro antecedente que debe tenerse en cuenta en las movilizaciones de estos tres días es el del paro agrario. Hace pocos meses el pueblo colombiano vivió la más grande movilización de los últimos años con este paro que desbordó las calles del país entero y que puso en evidencia la inmensa capacidad de organización de los campesinos ante un gobierno neo-liberal que intenta arrasar con sus formas de producción, con sus costumbres y con sus formas de vida. Ante este paro las ciudades que se habían olvidado del campo tuvieron que levantarse con ruanas y cacerolas a marchar en contra del gobierno en medio de un paro que congregó a diversidad de sectores sociales: estudiantes, maestros, tenderos, trabajadores etc.

También el paro agrario puso en evidencia los alcances desproporcionados de acuerdos como el TLC que prometían beneficios para la agricultura y que no dejan de ser contradictorios porque siempre están unidos con un discurso pro desarrollo del país pero que en realidad no han dejado más que destrucción si pensamos en las innumerables consecuencias sociales, ambientales y políticas de las grandes multinacionales petroleras que hacen presencia en el territorio nacional. El paro agrario, así, fue muestra de una capacidad de organización del pueblo colombiano que, frente a los abusos colosales de la fuerza pública, se mantuvo firme y ganó cada vez más mayor vitalidad con los distintos sectores que se sumaron. En este sentido, el paro agrario fue una muestra contundente de un movimiento social que se levanta y que sale a las calles con cada golpe que el Estado le hace a la democracia.

Si tenemos en cuenta estos dos antecedentes, podemos decir que la lucha que se vive hoy en el país y el tejido social que se congrega en las calles no protesta sólo porque quiera defender a una figura pública como Gustavo Petro, el movimiento social que sale hoy a las calles, el que protesta, el que baila y canta, lo hace porque defiende la democracia y porque así como salió a defender a los campesinos, así como acompañó a los estudiantes a marchar en contra de la ley 30 y así como se resiste al abuso de la fuerza pública, también se resiste a los despropósitos de un procurador que está en contra de la paz. La gente sale a las calles porque defiende la democracia, porque no puede permitir que la alcaldía quede en manos de los enemigos de la paz y porque no quiere vivir más la guerra que los uribistas quieren imponer.