* Palabras al Margen

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Se trata, en el dialogo de paz, de problemas sociales, políticos, económicos, jurídicos, ambientales y mediáticos radicales – distribución y derechos de tierras, protecciones sociales efectivas, repolitización democrática y construcción institucional del campo (también reconfiguración de la relación campo-ciudad), mecanismos jurídicos e institucionales de resistencia contra las lógicas capitalistas de las empresas multinacionales y revisión de la explotación de recursos naturales, funcionamiento menos hegemónico y más plural de la circulación de informaciones mediáticas, etc. Son problemas profundos que no caracterizan sólo la realidad de las poblaciones marginadas y explotadas, sino también la reproducción sistémica de la sociedad colombiana como tal. Son problemas que saliendo de la oscuridad, de la desinformación, del silencio “oficial”, pueden, potencialmente, tener efectos estructurales reales y radicales. La cuestión es, sin embargo, ¿cómo se tratan estos problemas en los diálogos de paz? ¿Cuál concepción de lo que constituye un problema político permite a los dos actores pretender representar al pueblo y a la sociedad donde existen y se reproducen esos problemas?

La forma más vulgar y confusa del planteamiento del problema pasa por una descontextualización de la violencia, o una desocialización del conflicto armado y las relaciones de fuerzas entre el Estado y sus instituciones, y proyectos reformativos, el ejército nacional, las empresas multinacionales, los grupos paramilitares, las guerrillas y la población civil. Esta descontextualización plantea el proceso de negociación como un sencillo cese del conflicto armado, sin un proceso de restructuración de la sociedad en función de los múltiples problemas que están implicados en el conflicto, sin tener en cuenta los problemas que surgen a través de los diálogos y también las razones para la lucha guerrillera de las Farc durante casi 50 años; es decir, no se propone una deconstrucción de los sistemas a través de los cuales se reproducen cotidianamente el conflicto armado, ni una reconstrucción colectiva de los sistemas sociales capaces de conjurar ese conflicto.

Planteamiento y tratamiento de los problemas en la estructura representativa del diálogo de paz

Pero la racionalidad misma del diálogo de paz me parece opuesta a esta idea confusa del planteamiento del problema. No se trata simplemente de un sencillo cese del conflicto armado, sino de una negociación que debe lograr soluciones sociales y políticas a varios problemas que se plantean a través de las discusiones y la historia, teniendo en cuenta las razones del conflicto mismo. Sin embargo, me parece importante pensar la forma específica que tiene esta negociación en lo que se refiere a la manera como se propone definir y resolver los problemas sociales, y así construir la paz en Colombia. Como dice Gilles Deleuze, hablando de la metodología de Henri Bergson: “el problema tiene siempre la solución que merece en función de la manera como es planteado, las condiciones respecto a las cuales se determina en tanto que problema, los medios y los términos que disponemos para plantearlo”i ¿Cómo son planteados, entonces, los problemas del diálogo de paz?

La primera operación del diálogo es ambigua: hay distanciación vertical respecto al “pueblo” y recuperación estratégica, en términos de re-presentación, de lo que ya ha sido distanciado. La distanciación vertical es una cualificación de la capacidad política de las voces, una designación de las voces que pueden hablar con contenido significativo y que pueden hablar sólo con sonido aprobativo o descontento. En la última categoría se encuentra lo que constituye el objeto de la primera, el “pueblo” colombiano, incluyendo todos los numerosos y varios movimientos sociales y políticos que plantean problemas – problemas que son a menudo los que experimentan cada día en sus propios territorios existenciales. En esta cualificación de voces, no se trata exactamente de una silenciamiento, se trata más bien de descalificar la pertinencia y el contenido significativo (el planteamiento de problemas políticos pertinentes) de estas últimas voces y de oírlas como “trueno de las masas”, como ruido, que sólo pueden sostener o oponerse a las voces calificadas. Es esta primera distanciación vertical la que permite una recuperación estratégica. Hay una descalificación de voces para hacer hablar estas mismas voces a través de una re-presentación, representación que sólo pueden hacer las voces ya calificadas. El Estado representa las voces del pueblo por su legitimidad a través la democracia representativa, las Farc representan las voces del pueblo por querer encarnar los “intereses reales” de la sociedad. Dos lógicas diferentes de representación que, no obstante, son lógicas de representación y definen el espacio del diálogo. El rol del “pueblo” en esta configuración es encarnar, como lo dice Jacques Rancière, una “palabra muda”, donde sólo sus representantes pueden decidir su contenido real, su pertenencia real y sus problemas reales. Me parece que no puede pensarse la racionalidad y la legitimidad mismas del diálogo sin estas recuperaciones estratégicas de la palabra ya muda del “pueblo”.

El planteamiento de los problemas en el diálogo de paz presupone, entonces, una estructura de re-presentación de una palabra ya muda – con diferentes lógicas que se encuentran para hacerla hablar. Así pues, ¿cómo pensar las soluciones que, como lo dice Deleuze, se merecen en función de la manera como los problemas son planteados? Me parece que las soluciones, propuestas y definidas a través de esta verticalidad representativa, tendrían al menos tres aspectos formales:

1. Una solución tendría una forma general que debe traducirse después en los niveles locales y concretos en forma de modificaciones de las leyes, nuevas prácticas sociales, reconfiguraciones de espacios existenciales, nuevos mecanismos jurídicos y garantías institucionales, cambios en los procesos de legitimación política, refuerzos de derechos y de la protección efectiva de éstos, etc. Es una forma general porque no puede tener en cuenta la muy compleja y diversa multiplicidad de sus objetos, es decir de las especificidades singulares de cada territorio y de cada situación local y concreta con respecto a las cuales las soluciones pretenden ser soluciones. Es una consecuencia de la estructura representativa que debe hacer hablar una forma indistinta, generalizada y “muda” del “pueblo” y entonces proponer soluciones que se aplican a la generalidad de ese papel. Por tanto, la generalidad de la solución debe territorializarse, debe después traducirse en cambios concretos y locales, según las irreductibles especificidades territoriales.

2. Las soluciones deben traducirse o realizarse para procesos de implementación, es decir, para la fabricación social de los objetivos y de las proyecciones a las cuales el diálogo debe llegar eventualmente. La forma general de las soluciones implica que éstas entran en una lógica de correspondencia con la realidad que, entonces (del hecho de esta correspondencia), las necesita. Esta correspondencia se aseguraría para transformaciones de la realidad, para concretar las soluciones declaradas, y esto a través de procesos de implementaciones unilaterales de las soluciones. Se trata de una inversión o un regreso de la distanciación vertical que define el diálogo desde el comienzo.

3. Esos dos puntos significan una limitación conceptual del horizonte de los problemas. Y es que como lo dice Karl Marx: “La humanidad se plantea sólo los problemas que puede resolver”. En el diálogo de paz, el problema puede plantearse sólo estrechamente vinculado a su solución proyectada, o los problemas pertinentes son sólo los que pueden encontrar una solución representable antes del hecho. Esta relación recíproca y agotada entre problema y solución es una consecuencia de la lógica de re-presentación, la forma generalizada de las soluciones ligadas a un papel generalizado del “pueblo” y los procesos de implementación que deben en primer lugar establecer sus objetivos y sus proyecciones a las cuales debe corresponder la realidad.

Planteamiento de los problemas en los movimientos populares y sus procesos de universalización de lo local

El proyecto de cambio social y político que implica la estructura vertical representativa del diálogo de paz – procesos de implementación de lo general conectado a una predeterminación de la relación recíproca entre problema y solución – me parece que tiene una diferencia de fondo con la manera como los problemas sociales y políticos son planteados y conducidos por los movimientos populares, democráticos y de disenso. En esos movimientos se trata de procesos de universalización de lo local. En lo que respecta a sus problemas existenciales, territorializados, cotidianos, se trata de darles una forma que no es general (tornándose en un papel generalizado del “pueblo”), pero que es universalizante, es decir un planteamiento de problemas locales como problemas para la sociedad entera. Es un proceso de universalización porque los problemas adelantan su localidad (a diferencia de lo general que debe territorializarse) por la manera como se relaciona con la red de leyes, instituciones, prácticas, identidades y funcionamientos de espacios sociales que reproducen sistémicamente lo que problematizan – red que funciona y reproduce espacios sociales en todo el país, más allá de la localidad del movimiento –; por la manera como sus problemas deben circular en varios espacios jurídicos, políticos, económicos e institucionales de decisión, exteriores a la localidad del movimiento mismo, y por la manera como debe crear condiciones de elección con respecto a sus problemas en varias partes de la sociedadii.

Rompe así con la relación reciproca y agotada entre problema y solución y la limitación del horizonte de los problemas en el diálogo de paz, operando más bien una disyunción radical entre los dos donde lo que importa es la exigencia de tratar los problemas concretos, locales, territorializados sin predestinarlos a sus soluciones respectivas. Se trata más bien de abrir un horizonte de experimentación colectiva con los posibles de nuestro mundo, adelantando la localidad del planteamiento de los problemas – como un cortocircuito entre lo local y lo universal. En lugar de la implementación unilateral, que debe fabricar los cambios declarados en tanto que formas generales, se trata aquí de una experimentación colectiva donde problemas locales-universalizados circulan, crean condiciones de elección en espacios a priori ajenos al movimiento, se orientan por un horizonte abierto con respecto a las eventuales soluciones, funcionan por un movimiento que sin parar debe ampliarse, universalizarse, y que por estas razones no puede ser sino radicalmente contingente.

Espacio estratégico entre dos procesos inconmensurables

Así que mientras que la racionalidad de la estructura vertical y representativa del diálogo de paz implica una predeterminación de jure o conceptual de su éxito (que por supuesto no puede garantir de hecho su éxito efectivo), un movimiento popular, democrático y de disenso está necesariamente expuesto a la contingencia de adelantar su localidad y estará desde el comienzo perseguido por la posibilidad de su propio fracaso. Es la diferencia entre fabricación de lo general para procedimientos de implementación unilateral (relación recíproca agotada entre problema y solución) y universalización de lo local para procesos de experimentación colectiva (horizonte contingente de problemas exigiendo un tratamiento abierto): el primero busca totalizar su potencia, el segundo juega con su impotencia; el primero predefine y distribuye lo que es posible y lo que es imposible, el segundo abre una desmesura experimental y estratégica de lo posible.

Es que como dice, de nuevo, Deleuze: «Tal es el leitmotiv bergsoniano: Hemos visto sólo diferencias de grado donde había diferencias de naturaleza”iii. Me parece justamente que los diálogos de paz y los movimientos populares deben comprenderse como dos procesos de diferente naturaleza, inconmensurables – con sus propios racionalidades, dinámicas y funcionamientos. Pero no se trata de ninguna manera de descalificar el uno por el otro, aunque me parece muy importante problematizar la idea de representación en el diálogo y también la  intención de totalización de su propia potencia, para abrir a otros procesos y así ampliar lo que “proceso de paz” puede significar en un país como Colombia. Pero no se trata tampoco de afirmar que sólo uno de los dos procesos es real. Los dos son efectivos, funcionan, producen efectos reales importantes. La diferencia de naturaleza puede más bien permitir una reevaluación de las posibles conexiones y desvinculaciones problemáticas, estratégicas y contingentes entre los dos procesos. Es decir, ella puede permitir pensar el espacio sumamente estratégico y complejo de oposiciones, continuidades, desvinculaciones, solidaridades y – esperamos – experimentaciones que se configuran y puedan configurarse, que se reconfiguran y puedan reconfigurarse, entre dos maneras inconmensurables de planteamiento y de tratamiento de los problemas concretos que atraviesan a la sociedad colombiana.

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iMi traducción. Cita original: “Le problème a toujours la solution qu’il mérite en fonction de la manière dont on le pose, des conditions sous lesquelles on le détermine en tant que problème, des moyens et des termes dont on dispose pour le poser.” Gilles Deleuze, Le bergsonisme, Paris : Presses Universitaires de France, 2011, 5.
iiUn buen ejemplo es la acción de Rosa Parks. Su acción de disenso – rechazar darle su lugar a una persona blanca en un autobús en Montgomery en 1955, para protestar contra el sistema de segregación en esos autobuses – adelantó su localidad en ese autobús, en esa ciudad, en ese sistema específico, por un proceso de universalización que pasó hasta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos donde la segregación, en tanto que tal, fue declarada inconstitucional, empezando de ese modo cambios extremamente amplios, que implicaron series de reinvenciones y experimentaciones colectivas con los espacios concretos y existenciales de la sociedad americana entera. Hay un cortocircuito entre lo local y lo universal que es como una desmesura experimental y estratégica de lo posible.
iiiMi traducción. Cita original: “Tel est le leitmotiv bergsonien : on n’a vu que des différences de degré là où il y avait des différences de nature.” Gilles Deleuze, Le bergsonisme, Paris : Presses Universitaires de France, 2011, 12-13.