* Palabras al Margen

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Fase 1: El modelo de Estado construido sobre la base de una democracia restringida y un ejercicio vertical y autoritario del poder desde los años 50-60 por una élite tradicional, más o menos modernizadora mediante una estrategia económica de desarrollo endógeno basada en la sustitución de las importaciones (cepalismo), se agotó en los años 70 y 80. La descomposición de este régimen desembocó en los años 80 en su contrario, con su entrega casi total al mercado bajo la presión de los organismos internacionales. Las élites industriales cedieron el turno a las élites financieras. Al mismo tiempo, la libertad del mercado entró en consonancia con una apertura política democrática. Las políticas neoliberales se sustituyeron por políticas intervencionistas protectoras de los sectores sociales ligados a la burocracia estatal y a la modernización industrial.

Fase 2: La precarización generalizada y el crecimiento de las inequidades provocadas por las políticas neoliberales, en un marco político marcado también por una apertura democrática, permite el surgimiento de nuevas expresiones políticas. En los años 90 líderes políticos capitalizan el descontento a partir de un discurso anti-elitista y de reforma democrática radical.

Fase 3: El acceso al poder de un nuevo grupo social se logra entorno a una figura carismática (Morales, Chávez, Correa) al mejor estilo caudillista. Desde el Estado, y apoyado por una fuerte movilización social, se sientan las bases de un nuevo régimen político centrado en el aparato estatal que profundiza la democracia, en particular con mecanismos de democracia participativa, y que logra marginalizar a las antiguas élites. Las nuevas constituciones políticas ofrecen reconocimiento social y una mayor participación en las instituciones político-administrativas a grupos sociales anteriormente excluidos o marginalizados. Políticas públicas se orientan a mejorar las condiciones de vida de estas poblaciones mayoritarias. La transformación social y política está en marcha. Se parece concretar el sueño de una revolución por el Estado por vías democráticas. El socialismo del siglo XXI.

Fase 4: La coyuntura económica favorable, en particular por los precios elevados de las materias primas energéticas (bonanza petrolera y gasífera), permite renegociar los contratos de explotación de recursos naturales a favor del Estado, y desde allí, los nuevos poderes expanden y consolidan su dominación política mediante la creación de empleo público, la realización de grandes inversiones “modernizadoras” tanto en términos de política social y educativa como de infraestructuras. El importante flujo de capital permite mantener una alta popularidad que se ratifica en las urnas.

Fase 5: Pasado un tiempo, las nuevas élites buscan consolidar su poder. Un proceso de oligarquización está en marcha: las nuevas élites monopolizan el poder institucional a favor de sus aliados más cercanos y fieles. El ejercicio del poder se centraliza cada vez más produciendo mecánicamente un mayor distanciamiento de las bases sociales. Los desacuerdos o las observaciones críticas se vuelven herejías y traiciones contra-revolucionarias. La legitimidad y el apoyo popular se reducen. Esta dinámica se agudiza aún más con la disminución de los recursos de la renta energética y de materias primas. La baja del precio del petróleo implica un recorte presupuestal. La época de la plata fácil se termina. En consecuencia, para mantenerse al poder y seguir disfrutando de las mieles del poder es preciso recortar los derechos democráticos generosamente (¿peligrosamente?) acordados anteriormente. Los regímenes políticos empiezan a atrincherarse en los parlamentos (se prefieren las mayorías parlamentarias a las consultas populares). Se enmienda a las constituciones y a las leyes electorales para limitar los espacios de oposición y autorizar la reelección indefinida. Se está cerrando el periodo revolucionario y la democracia se restringe. Las nuevas élites dominantes usan el poder de Estado para su propia reproducción, tal como le hacían las anteriores.

El socialismo del siglo XXI empieza a parecerse al socialismo del siglo XX.