* Palabras al Margen

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El proceso de paz en Colombia, en su momento actual, tiene dos ritmos. El ritmo de la coyuntura de la negociación con la guerrilla de las Farc y el de la construcción de la paz social. Los dos procesos son importantes, aunque se puede establecer una prioridad según la cual la paz social es más relevante porque toca los cambios que el pueblo colombiano urge. Propongo un análisis de este proceso de largo plazo a la luz de lo que, si todo sale bien -y ojalá que así sea-, resultará de la negociación en la Habana.

Las zonas de reserva campesina y la legalización de las Farc como movimiento político van de la mano. La influencia política de las Farc es grande en algunas zonas rurales, especialmente en el mundo campesino. Las zonas de reserva son una forma de sentar las bases para continuar el trabajo político con el campesinado por la vía legal. La consolidación de las Farc como movimiento político de izquierda movería el espectro de la opinión nacional, cargado hacia la derecha, un poco más hacia el centro. Esto abriría el camino para que las reivindicaciones del movimiento social tuvieran mayor eco político.

La legalización del narcotráfico es una necesidad para Colombia desde muchos puntos de vista. Primero, la ilegalidad del negocio produce violencia, mientras que, como es obvio, el hecho de ser ilegal no lo desestimula. Legalizar significaría reducir sustancialmente la principal causa de la violencia en el país. Segundo, en la medida en que es ilegal, la comercialización de la droga está completamente fuera de todo control institucional. La única forma de reducir eficazmente la distribución de droga en las calles es controlar la comercialización según criterios de salud pública. Para reducir el consumo irresponsable es necesario legalizar. Tercero, por ser ilegal, el jugosísimo tráfico de drogas no deja ninguna utilidad para el Estado. Los impuestos generados por este negocio, que tendrían que ser más altos que los de cualquier otro negocio, reduciendo al máximo el margen de utilidad privada, podrían invertirse en salud pública, reducción del consumo, educación, salud, alimentación y oportunidades de empleo.

La reparación a todas las víctimas del conflicto es una necesidad moral. La guerra ha dejado heridas muy profundas en muchas personas y familias y ha afectado la percepción moral que los colombianos y las colombianas tienen sobre el país. La reparación moral, económica y política de las víctimas es la base para la refundación ética de la nación.

Si todo sale bien en la Habana hay muy buenas noticias para Colombia. Sin embargo, desde el punto de vista del movimiento social, la historia no termina en Cuba. La paz entendida como la superación de las causas de la violencia exige transformaciones aún más estructurales que demandan un proceso de construcción organizado y sostenido en el tiempo. Por lo tanto, el proceso de largo plazo que se le presenta al movimiento social debe estar basado en una agenda de paz con visión de futuro.

El éxito en las negociaciones con las Farc no marca de por sí el fin del conflicto armado. Desmovilizadas las Farc, la guerrilla del Eln se consolida como la única del país y el conflicto armado continúa. Si bien este conflicto se hace previsible la reducción del proceso de degradación de la guerra, dado que el talante militar del ELN es diferente del de las Farc, sólo podremos hablar del fin del conflicto cuando todos los actores armados hayan dejado su accionar militar.

Ante un conflicto armado persistente y un proceso de transformaciones sociales en marcha, el movimiento social debe mantener un ojo en la coyuntura y otro en el porvenir. La clave para combinar sosteniblemente las miradas de corto, mediano y largo plazo es la organización. Es necesario crear y fortalecer el sujeto social capaz de llevar adelante el proceso de construcción de la paz. La visión de futuro consiste en reunir todos los esfuerzos de este sujeto social, en el presente y en el futuro próximo y lejano, en la construcción de la paz. Si este sujeto ha de ser el Congreso de los Pueblos, es lógico que toda su agenda sectorial ponga como base común la construcción de la paz. La sostenibilidad del proceso requiere unidad. Poner la construcción de la paz como fundamento de la agenda del movimiento social proporciona una base unitaria y un puente de diálogo con toda la sociedad colombiana y mundial. Es por esto que la tarea que impone la coyuntura es hacer de la paz una agenda social con visión de futuro.