* Palabras al Margen

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No era para menos, pues como lo demostró el presidente ante las cámaras, la Texaco, que estuvo en el país entre 1964 y 1990 explotando petróleo en las provincias amazónicas de Sucumbíos y Orellana, ocasionó uno de los peores desastres ecológicos de la historia de la humanidad, sólo comparable con el derrame de crudo de la BP en la costa mexicana o Chérnobil, y por el cual hasta el momento no ha querido asumir responsabilidad alguna. Durante los cerca de 30 años de presencia en el Ecuador, la empresa derramó 64.340.000 litros de crudo además de 68.130.000 litros de aguas de formación1 (las cuales se encuentran en el subsuelo dentro de los yacimientos y suelen salir a altas temperaturas), sin acudir ni utilizar los mecanismos ni las tecnologías necesarias para reducir, mitigar o corregir los daños ambientales causados.

Debido a los crímenes cometidos, la justicia ecuatoriana falló en el 2012 en contra de la Chevron y le impuso el pago de una indemnización por 19 mil millones de dólares; sin embargo la empresa se ha negado a asumir dicha responsabilidad y con ello el pago, alegando interferencias del gobierno en la decisión judicial. Frente a esto el presidente Correa dijo que la contaminación ocasionada por la multinacional no quedaría impune y que él se encargaría de “mostrarle al mundo la mentira y la mano sucia de esta petrolera”2. Y es que las actuaciones de la Texaco afectaron y continúan afligiendo gravemente a las poblaciones que habitan y utilizan el agua de la región, a tal grado que se han presentado numerosos casos de malformaciones congénitas, cáncer y enfermedades de la piel, por solo enumerar los impactos sobre la salud de las personas.

Dentro de las poblaciones afectadas, se encuentran campesinos mestizos, afroecuatorianos e indígenas cofanes, sionas, secoyas, shuar, kichwas y huaoranis (waorani). Estos dos últimos grupos, las huaorani y los kichwa, extienden su territorio hasta el Yasuní, el Parque Nacional ubicado también en el amazonas ecuatoriano y declarado como reserva de la Biosfera en 1989 Sin embargo el presidente Correa, que denunció los impactos generados por la explotación petrolera de la Chevron, va a extraer petróleo.

19 Catalina1

Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-xjlY7strLxk/T3xXRcLSDvI/AAAAAAAAB4Q/heuoChSeHzs/s1600/mapa_bloques_pozos_yasuni_l.jpg

La situación resulta paradójica y contradictoria, ¿cómo puede ser posible que el presidente que denuncia la mano sucia de la Chevron, quiera ensuciar su propia mano, a través de la explotación petrolera un una zona declarada reserva de la Biósfera, hogar de miles de especies animales y vegetales y de grupos indígenas que han querido permanecer en aislamiento?3

Pues resulta que años atrás, el presidente Correa, reconociendo y reafirmando ante la comunidad internacional, la importancia y también la vulnerabilidad de la amazonia ecuatoriana, presentó la iniciativa Yasuní ITT, la cual según él, tenía como finalidad la protección de esta zona y la salvaguarda de los derechos de la naturaleza y las comunidades que la habitan. La iniciativa contenía sin embargo dos opciones diametralmente opuestas; la primera consistente en dejar el crudo bajo tierra y de esa manera no afectar un área que ha sido reconocida como una de las más biodiversas del planeta y así evitar poner en riesgo a los pueblos que la habitan; y la segunda consistente enemprender la explotación petrolífera de los campos Ishpingo, Tiputini y Tambococha, al momento en que la primera opción fuera declarada oficialmente como inviable4.

La viabilidad de la primera opción se condicionó al compromiso de la comunidad internacional de subsanar y compensar económicamente a Ecuador por los 720 millones de dólares anuales que dejaría de recibir por la no explotación de petróleo en este importante pedazo de la amazonia. La Conaie- Confederación de Naciones Indígenas del Ecuador-, así como grupos ecologistas e importantes y numerosos sectores ciudadanos se han venido oponiendo a esta iniciativa pues esta no garantizó realmente la protección del parque pues condicionó la garantía de los derechos sociales, ambientales y culturales de sus habitantes, al recibimiento de un dinero por parte de países con grandes economías, es decir los países contaminantes.

Resulta entonces que los proclamados derechos de la naturaleza en la constitución ecuatoriana, el SumakKawsay- Buen vivir y su correspondencia con los derechos fundamentales de los pueblos indígenas, dentro de los que están los derechos territoriales, son dependientes de la disponibilidad y sustentabilidad económica del Estado ecuatoriano y de la voluntad y el éxito de las economías de los Estados “ricos”, los cuales suelen promover el extractivismo y tener enclaves extractivos en otros países de Latinoamérica, África y Asia. 

La situación, contradictoria y paradójica, expresa también una tensión constante que se da dentro de los gobiernos de izquierda de la región, la cual se enmarca en la imposibilidad de encontrar alternativas a la dependencia económica que el extractivismo ha dejado en los Estados regionales. Expresión de ello es el Tipnis, una zona de reserva indígena y su vez ambiental, ubicada en Bolivia, en donde se quería construir una carretera a beneficio de las petroleras estatales, brasileras y venezolanas; las cuales a propósito, también entrarían a explotar el Yasuní, en consorcio con la empresa estatal ecuatoriana Petroamazonas. 

En el caso que plantea Correa, el extractivismo a manos del Estado es la mejor solución para solventar la pobreza, subsanar y hacer vivibles en términos de ingresos, las contradicciones y falencias del sistema en su expresión “neoliberal”. Lo más preocupante es que dentro de esta perspectiva se continúa considerando a los impactos ambientales como externalidades, o cuestiones externas al mercado y la obtención de ganancias, por lo que son “fácilmente” subsanados a través de inversión social o de políticas de responsabilidad social y ambiental o mediante el pago de indemnizaciones, como se espera que suceda con la Chevron.

Esto hace evidente que el reconocimiento de la naturaleza como sujeta de derechos y del posicionamiento del buen vivir como un derecho de los pueblos, es una herramienta y un elemento retórico recurrente en algunos líderes latinoamericanos, sin embargo no se han generado planteamientos correlativos para garantizarlo, pues ni siquiera se ha reparado en las contradicciones ecológicas del modelo extractivista, el cual está en vigencia, a pesar de que las empresas petroleras sean estatales y las ganancias sean “públicas”, como lo siguen siendo los impactos ecológicos y sociales.

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1López Blanch, Hedelberto. “El desastre de Chevron en Ecuador”30-09-2013. Obtenido de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=174710
2Ver video de visita de Correa a Sucumbíos http://www.youtube.com/watch?v=rO40xOKy-9s
3Varios grupos de la etnia waorani se encuentran en aislamiento voluntario.
4Martinez, Esperanza (Coord). ¡Yasuní, el crudo despertar de un sueño! Informe especial de la situación ambiental y social del Yasuní/ITT. (2012) Consultado el 12/10/2013 http://www.amazoniaporlavida.org/es/files/descargas/crudo_despertar_sueno_COL.pdf