* Palabras al Margen

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En efecto, se trataba de una decisión histórica de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín donde se pide formalmente a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes investigar a Álvaro Uribe por presuntos nexos con los paramilitares1. En la declaración leída por el magistrado Rubén Darío Pinilla Cogollo (quien posteriormente fue objeto de amenazas2), se indica que el objeto de la investigación será « por promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares y a las Convivir asociadas o vinculadas con ellos, y/o concertarse con estos, no sólo como Gobernador de Antioquia sino después de su gobernación y en su condición de Presidente de la República ».

La simultaneidad de estas dos noticias lleva a interrogarse sobre el significado de lo que comúnmente se llama « uribismo », un término que se volvió muy habitual en los debates políticos en Colombia. ¿Es el uribismo una ideología?, ¿un movimiento político? ¿Corresponde el uribismo a una versión colombiana de la extrema derecha?, ¿del nacionalismo? O ¿es el uribismo antes que todo una agrupación circunstancial alrededor de una figura caudillista cuya trayectoria está colmada de hechos “polémicos”3? Estas son algunas de las preguntas que pueden conducir a reflexionar sobre lo que ha representado el uribismo en Colombia y sobre lo que significaría la obtención de resultados favorables en las elecciones del 2014.

En el mes de julio de 2012, luego de haber manifestado de manera repetida y nerviosa en la red social Twitter su descontento con el gobierno de su sucesor Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe lanza un nuevo partido político destinado a defender sus ideas y su legado, supuestamente traicionados por el gobierno de su antiguo aliado político. Lo nombra, de manera un poco sorprendente, “Centro Democrático”, posiblemente en un intento de revolucionar la geografía política, al considerar que un movimiento que se sitúa a la derecha de un gobierno de derecha se encuentra en el centro. Al revisar la lista de los candidatos del Centro Democrático al Senado, lo que se evidencia es que, además de una sensibilidad lógicamente conservadora, lo que realmente acerca a todos estos protagonistas es su lealtad y devoción a la figura del jefe Uribe. Lo mismo se puede decir de la lista de los precandidatos presidenciales, en donde uno de los favoritos se ha dedicado esencialmente a difundir su concepción de la política a través de vallas publicitarias provocativas4 mientras que el otro ha sido capturado por la justicia por supuestos nexos con jefes paramilitares5.

A pesar del carácter poco homogéneo de esta alianza, el uribismo parece representar en los medios y en la opinión pública una fuerza política legítima y de peso, que se basa en la huella de los dos mandatos presidenciales de Uribe y en su supuesto respaldo popular. Sin embargo, resulta interesante echar una mirada hacia atrás para observar cuál era la situación justo antes de que Uribe llegara a la presidencia en el 2002. En efecto, hasta principios de ese año, Álvaro Uribe sólo contaba con el apoyo de un pequeño número de políticos y estaba alejado de su partido de origen, el Partido Liberal. Es en el momento en que empieza a escalar de manera rápida en las encuestas, gracias a su hábil explotación política de la decepción de la opinión pública frente a las negociaciones de paz y a su imagen muy trabajada de mano firme, los políticos más tradicionales, ya instalados en las esferas de poder, se unen a su causa. Es así que un supuesto movimiento político aparece, a partir de un respaldo oportunista y heterogéneo en torno a la figura construida de un líder “salvador”.

Luego de los dos mandatos presidenciales de Uribe, quedó la imagen de que estos habían sido un éxito gracias a fundamentos explícitos tales que la “seguridad democrática” y la “confianza inversionista”. En realidad, esta visión corresponde en gran parte a un “storytelling”, es decir a una estrategia destinada a erigir el legado de Uribe como un modelo supremamente exitoso que tendría que convertirse en la forma de gobernar Colombia de ahora en adelante. En efecto, la famosa seguridad democrática no fue nada más que el incremento de una guerra total y sucia, diseñada directamente desde el Estado, en la que se involucró a la población civil y que contó con importantes recursos económicos provenientes del Plan Colombia. Por otro lado, la tan valorada confianza inversionista fue la simple imposición brutal de un neoliberalismo clásico, en medio de la guerra. Cabe anotar que esta conjugación de un modelo económico neoliberal con un hostigamiento militar a la guerrilla se reencuentra en gran medida en la política del gobierno Santos. Lo que hace pensar que los señalamientos de los uribistas en contra de este gobierno son principalmente fruto del oportunismo político y de una gran nostalgia del poder.

Siendo el uribismo un movimiento estrechamente enfocado en la personalidad de su líder, se requiere entonces analizar la trayectoria de Uribe para buscar una posible coherencia y fundamento. En este sentido, resulta particularmente interesante poner las declaraciones actuales de Uribe, que son en su mayoría ataques dirigidos en contra de la política de Santos, en paralelo a sus propias actuaciones durante sus mandatos. La principal ofensiva está dirigida a las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC. Según el discurso de Uribe, estas negociaciones rompen con el tabú sagrado de considerar a la guerrilla únicamente como una organización terrorista que tiene que someterse y nunca como un actor político. Pero este discurso se vuelve problemático cuando se sabe que el gobierno Uribe no sólo negoció con la guerrilla del ELN a lo largo de sus ocho años de poder sino que también intentó abrir negociaciones, sin condiciones, con las propias FARC, como lo relató su antiguo Ministro de Defensa y hoy Presidente, Juan Manuel Santos, durante la asamblea del partido de La U de octubre de 2012.

De la misma manera, Uribe ha criticado con fuerza el Marco jurídico para la paz, insistiendo constantemente en la exigencia de no tolerar ninguna forma de impunidad. Este argumento no deja de causar incomodidad dentro de las víctimas del paramilitarismo así como de los defensores de los derechos humanos que han denunciado sin cese la gran falta de justicia del proceso de Justicia y Paz. Basta con recordar que en el momento de su « desmovilización », aproximadamente el 90% de los paramilitares beneficiaron de una amnistía de facto, gracias al decreto 128, y que después de ocho años de proceso solo 14 paramilitares han sido condenados. A esto hay que agregar la reciente publicación de la historia de cómo Álvaro Uribe, entonces senador liberal, fue promotor de un proyecto de indulto total para los miembros de la guerrilla del M-19, en el año 19926. Esto pone en evidencia que su indignación tiene un carácter selectivo.

También se puede hablar de las críticas recientes de Uribe relacionadas con la política económica del gobierno Santos, que aparecieron tanto en ocasión del paro agrario como luego del anuncio de la venta de la participación mayoritaria que tiene la Nación en la compañía generadora de energía Isagén. En ambos casos, es fácil identificar la falta de rigor de la postura de Uribe, puesto que fue él el « arquitecto » de los TLC con Estados Unidos y Europa, una de las principales razones de la agudización de la crisis actual del sector agrario en Colombia, y fue también él quien promovió el proceso de venta de Isagén.

Finalmente, donde se puede observar con más facilidad la coherencia de la trayectoria de Uribe, es en el tipo de relaciones que ha tenido y en su facultad para rodearse de individuos que tienen problemas con la justicia. Fue justamente lo que se evidenció en la declaración del magistrado Pinilla Cogollo, quien recurrió a la fórmula “no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse” para sustentar su demostración. Sin olvidar tampoco que Uribe es directamente el objeto de una investigación en curso por parte de la Fiscalía por su posible vinculación en la creación del Bloque Metro de las AUC7. Hacer el recapitulativo de todos sus cercanos que han sido objeto de señalamientos por conductas ilícitas podría ser el objeto de un artículo entero, pero vale la pena recordar algunos casos particularmente significativos.

Uno de ellos es él del hoy fallecido Pedro Juan Moreno, Secretario de Gobierno de Uribe en la Gobernación de Antioquia, quién ha sido señalado por varios ex jefes paramilitares de haber hecho parte del famoso « grupo de los seis », un grupo de notables que orientaban la política durante el auge de los más poderosos grupos paramilitares. Otro caso emblemático es él de Jorge Noguera, quien fue nombrado Director del DAS por Uribe, justo después de su ascenso a la Presidencia, y posteriormente condenado por la Corte Suprema por haber permitido, entre otras acusaciones, la infiltración del organismo por las AUC. También vale la pena mencionar el caso del hermano de Álvaro Uribe, Santiago Uribe, quien ha sido señalado de ser uno de los jefes del grupo paramilitar llamado « los doce apóstoles », que operaba en Antioquia a principios de los años noventa.

Teniendo en cuenta tanto la historia de la alianza política en torno a Álvaro Uribe como su propia trayectoria en su ascenso al poder, cabe preguntarse qué es finalmente lo que representa el uribismo y qué es lo que significaría su reactivación para el futuro de Colombia. En realidad, parece que el uribismo no corresponde ni a una ideología como tal, ni a una corriente política muy sólida. Lo que evidencia la manera en que el uribismo se ha construido y la manera en que ha ejercido el poder es la conformación de una coalición oportunista, que supo aprovechar la desilusión del país frente al fracaso de los diálogos de paz del Caguán para instalarse en el poder, a través de la propuesta guerrerista de un caudillo emergente. Esto se tradujo especialmente en la cooptación de al menos una tercera parte del Congreso por el paramilitarismo, según las propias declaraciones del último comandante de las AUC, Salvatore Mancuso. De ahí que en lugar de la imagen de un supuesto éxito ejemplar en el resurgimiento del Estado colombiano, que los uribistas han sabido proyectar en el exterior, lo que identifica el período de Uribe en la Presidencia es sobre todo la corrupción generalizada, que llegó hasta las más altas esferas del poder, y la penetración inédita de la criminalidad dentro del Estado.

Finalmente, lo que representa para el país la actual ofensiva uribista y su plataforma electoral es una verdadera encrucijada y un real desafío democrático para la ciudadanía. No hay que equivocarse, el uribismo no encarna en este momento una oposición democrática a Santos, él es ante todo la personificación de la negación radical de la paz en Colombia. En otras palabras, lo que anima las fuerzas uribistas no es una mejora de la situación colombiana o el bienestar de su pueblo, sino un deseo sin límites por el poder y una oposición odiosa a toda salida negociada al conflicto armado interno. En este sentido, es de la responsabilidad de todos los ciudadanos colombianos de impedir que el uribismo aproveche una vez más un eventual fracaso de las negociaciones de paz para llegar al poder e imponer su agenda destructiva. Una derrota del uribismo en las elecciones del año próximo significaría a la vez un signo de madurez política y una voluntad contundente de paz. Y de paso, tal vez podría convencer al señor Álvaro Uribe que su futuro se encuentra más en Twitter que en las instituciones políticas colombianas.

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1ver Sala de Justicia y Paz pedirá investigar al ex presidente Uribe por paramilitarismo : http://www.verdadabierta.com/component/content/article/83-juicios/4873-sala-de-justicia-y-paz-pide-investigar-a-alvaro-uribe-por-paramilitarismo

2ver Amenazan a quienes vincularon a Uribe con paras :
http://www.semana.com/nacion/articulo/amenaza-los-magistrados-uribe/357924-3

3ver 2011 : Las guerras de Alvaro Uribe :
http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/2626-2011-las-guerras-de-alvaro-uribe.html

4ver “Pacho” Santos arremete con otra valla :
http://www.semana.com/nacion/articulo/pacho-santos-arremete-otra-valla/343325-3

5ver Dictan medida de aseguramiento contra Luis Alfredo Ramos :
http://www.verdadabierta.com/component/content/article/63-nacional/4810-luis-alfredo-ramos-con-orden-de-captura

6ver El día en que Alvaro Uribe pidió el indulto total al M-19 :
http://www.semana.com/nacion/articulo/el-dia-alvaro-uribe-pidio-indulto-total-m-19/344178-3

7ver Por qué Uribe está otra vez en la mira de la Fiscalía :
http://www.semana.com/nacion/articulo/por-que-uribe-esta-otra-vez-mira-fiscalia/328849