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No obstante, cabría preguntarse sobre la viabilidad de efectuar un reemplazo de los objetivos del desarrollo del milenio incumplidos, con un “nuevo” instrumento coyuntural que se apoya en un concepto de vieja data, que además pretende ocultar los graves perjuicios de un sistema productivo derrochador y depredador que se nutre del consumismo.

El desarrollo sostenible: ¿un concepto novedoso?

Desde la conformación de la Organización de Naciones Unidas en 1945, se reconoce de manera retórica la importancia de los ecosistemas y de las especies de fauna y flora. No obstante, el proceso asume un carácter formal con las declaraciones de Ramsar (Irán), sobre la protección de humedales de 1971, y de Estocolmo, sobre el Medio Ambiente Humano de 1972. Esta última surge en la deliberación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente1, que determina los principios y las responsabilidades de los Estados en relación con su entorno ambiental.

Sin embargo, no es sino una década después con la promulgación de la Declaración de Montreal para la reducción de sustancias que agotan la capa de Ozono, que se inserta el concepto de Desarrollo duradero y sostenido, como parte del Informe “Nuestro futuro común”, conocido como Informe Brundtland, realizado por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU.

En este documento se precisan los conceptos de “medio ambiente” y “desarrollo” en una simbiosis, identificando así el primero como el lugar donde todos vivimos y el segundo con lo que todos hacemos al tratar de mejorar nuestra suerte en ese entorno. “Ambas cosas son inseparables”2.

El instrumento hace un diagnóstico integral de las necesidades de protección ambiental, instando a los Estados a asumir sus responsabilidades en la degradación ambiental y la necesidad de su participación para conjurarla con miras al año 2000.

Para ello, efectúa recomendaciones en tres áreas específicas: cooperación, administración de recursos de los ecosistemas y conservación de las poblaciones, que incluye medidas de seguridad alimentaria y que asume como foco de conflicto el control de las materias primas, las fuentes de energía, las tierras, las cuencas fluviales, los callejones marítimos y otros recursos ambientales3.

Este instrumento será la base argumental de la Declaración de Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, suscrita en la Conferencia de Río de Janeiro4, el texto establece deberes y responsabilidades de los Estados y permite la suscripción de dos instrumentos de gran significancia para el derecho al desarrollo sustentable: el Convenio Marco sobre Cambio Climático (CMNUCC) y el plan de acción Agenda 21, que dan origen a los comités específicos de seguimiento coordinados por la Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo sostenible (CDS) y el comité del CMNUCC.

Igualmente estos conceptos serán incorporados en la cumbres de desarrollo sostenible de Johannesburgo conocida como RIO+10 en 2002, donde se promulga el Plan de Aplicación de las Decisiones de Johannesburgo y la Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible5 y RIO+20, celebrada en 2012 y denominada “El futuro que queremos”, que retoma el desarrollo sostenible como un concepto multidimensional y presente “en todos los niveles, integrando aspectos económicos, sociales y ambientales, y reconociendo los vínculos que existen entre ellos”6.

El concepto además ha estado presente en varios esquemas de integración subregional, como el Sistema de integración centroamericana (Declaración de Managua y la Alianza para el Desarrollo Sostenible de Centroamérica (ALIDES) de 19947. Y se ha incorporado a los ordenamientos constitucionales internos de Venezuela (Art. 106), Perú (Cap. II Arts. 66 al 69) Ecuador (Art. 3) y Colombia, donde la preservación de los recursos actúa en sentido negativo y positivo, esto es, como derecho y deber (Art. 80 y Art. 95 Núm. 8.).

¿Son posibles los O.D.S?

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), al igual que sus antecesores, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, reconocen la vinculación estrecha entre la desigualdad social y la inequitativa distribución de recursos con la degradación ambiental y la pobreza.

Entre las “nuevas” tareas se demanda de los Estados compromisos para erradicar la pobreza en todas sus formas, garantizar la seguridad alimentaria y el acceso a los servicios básicos.

No obstante, de nuevo se parte de la falsa idea de conjugar el crecimiento económico “sostenido e inclusivo”, con la sostenibilidad ambiental, una contradicción por definición, que nos hace preguntarnos sobre la viabilidad remota de conjugar un desarrollo erigido sobre las lógicas de consumo, la competitividad y el egoísmo, con los principios de la conservación ambiental que demandan, como primera y elemental medida, la idea de detener la expansión, limitar la extracción y redistribuir equitativamente los recursos cada vez más finitos.

La fracturación hidráulica o fracking y el negocio de compra de bonos o créditos de carbono por los Estados más poderosos, tan solo son una pequeña muestra de las prioridades reales de aquellos que suscriben las bellas declaraciones de sostenibilidad.

Así, la profusión de normas de reconocimiento sobre la imperiosa necesidad de establecer frenos a la lógica de explotación, se contrasta con la nula voluntad política para su efectividad y la ausencia de instituciones realmente vigorosas a la hora de inspeccionar y sancionar su incumplimiento, y muestra que la diplomacia y el discurso de sostenibilidad no son posibles cuando se erige la depredación como base del crecimiento y del desarrollo de las naciones.

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1 Este instrumento da paso al Plan de acción para el medio humano y fortalece los programas de Tutela Ambiental entre los que se incluyen el programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP).

2Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Informe Desarrollo y Cooperación Económica Internacional: Medio Ambiente Informe de la A/42/427 agosto 1987. Documento disponible en http://www.un.org/.

3Ibídem.

4Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Declaración de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Rio de Janeiro. junio de 1992.

5Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible. Desde nuestro origen hasta el futuro. 17ª sesión plenaria. 4 de septiembre de 2002.

6Organización de Naciones Unidas. Resolución aprobada por la Asamblea General el 27 de julio de 2012. A/RES/66/288

7Se destaca en este punto la reciente conformación de la red andina de desarrollo sostenible en el seno de la Unión de Naciones Suramericanas. UNASUR. En el marco de la conferencia mundial de desarrollo sostenible celebrada el 29 de Junio de este año.