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* Palabras al Margen

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Quinto hijo de los indígenas nasa Mariano Lame y Dolores Chantre, terrajeros de la hacienda La Polindará (Cauca). Desde muy pequeño soportó la pobreza y el sufrimiento por su condición social y étnica. A los cinco años presenció la violación de su hermana y trabajó desde la infancia para ayudar a descontar terraje y colaborar en el pequeño cultivo que tenía su padre. No recibió escuela ni educación formal, pero aprendió a leer con gran solvencia y a escribir con alguna dificultad. Al parecer durante su trabajo como “paje” en la casa de la hacienda —a la edad de diez años— y posteriormente, con la ayuda de su tío abuelo Leonardo Chantre, aprendió las primeras letras, aspecto que sería clave en su futura vida política.

En 1899, a raíz del asesinato de su hermano Feliciano a manos de soldados liberales, se alistó y participó en la Guerra de los Mil Días (1899-1902), al lado de los conservadores. Durante su vida militar viajó por diferentes lugares del país, incluido Panamá, que en ese entonces era parte del territorio colombiano.

En 1901, cuando todavía estaba prestando su servicio miliar, se casó con Benilda León y tras el fin de la guerra volvió a su tierra, donde se instaló como terrajero en la misma hacienda que lo habían hecho sus padres y familiares. Hastiado de pagar terraje quiso comprar su propia parcela, pero el dueño no se la vendió; por este hecho, sumado a la muerte de su esposa, abandonó sus cultivos y llevó por un tiempo una vida disoluta.

Hacia finales de esta década formó un nuevo hogar con Pioquinta León y casi al mismo tiempo inició su actividad política, motivado por el sentimiento de rebeldía e injusticia que le provocaba el hecho de no poder ser dueño de la tierra que trabajaba y que por derecho pertenecía a sus antepasados. Viajó a Popayán a consultar al abogado Francisco de Paula Pérez, para corroborar que su patrón, el terrateniente Ignacio Múñoz, era un usurpador, pero recibió una decepción porque éste le confirmó que los hacendados eran los legítimos dueños de las tierras. Su relación con Pérez resultó trascendental porque éste le enseñó las nociones básicas sobre ley y derecho, y lo familiarizó con el Código civil y algunos manuales para tinterillos que le sirvieron para adelantar su lucha en defensa de los resguardos.

El uso que Lame hizo de la ley a favor de la causa indígena le valió el apodo de “doctor Quintino”, un reconocimiento a su condición de indígena ilustrado. No obstante, en sus memoriales y alegatos judiciales no se limitaba a repetir fórmulas, sino que estos documentos contenían extensas disquisiciones jurídicas y filosóficas. Allí pueden identificarse claramente los principales elementos de su cosmovisión: la religión católica, la filosofía neotomista, elementos del pensamiento radical tomados de su amistad con abogados e intelectuales radicales y socialistas, y una particular filosofía de la naturaleza, donde se evidencia de manera más fuerte la tradición indígena.

En 1910 fue nombrado “Jefe, representante y defensor General” de los cabildos de Pitayó, Jambaló Toribio, Puracé, Poblazón, Calibio y Pandiguando. En esta época empezó a hacer reuniones o mingas de adoctrinamiento, donde convocaba a los indígenas de una región y les hablaba acerca de la historia, el no pago de terraje y la necesidad de enfrentar a los terratenientes. Esta situación empezó a crear inquietud entre los hacendados porque algunos indígenas se negaron a pagar terraje y se tuvo noticia de mayordomos que fueron amenazados y golpeados. Para contrarrestar dichas actitudes, desconocidas en el Cauca indígena, se acudió a la acción represiva de la policía y a las amenazas de los terratenientes. La represión no desanimó ni a Lame ni a los terrajeros rebeldes, quienes —por el contrario— empezaron a planear la toma de Paniquitá para mediados de 1914, la primera acción de hecho que dirigió Quintín Lame.

Con la toma a Paniquitá se inicia el periodo conocido como las Quintinadas, que se extiende hasta 1921. Se trató de un movimiento liderado por Lame contra el pago de terraje y en favor de la restitución de los resguardos, que combinó la acción directa (toma de poblaciones y enfrentamiento con las autoridades y ejércitos de indios antilamistas organizados por los hacendados), y la acción legal a través de peticiones y memoriales, apoyándose en la Ley 89 de 1890.

En ese mismo año de 1914 viajó a Bogotá para buscar antiguos títulos territoriales y entrevistarse con las autoridades nacionales, pero fue detenido y permaneció en el panóptico durante varios meses. Al salir de la cárcel hizo un recorrido de agitación por las regiones indígenas de Tolima, Huila y Tierradentro. El objetivo de este viaje era preparar un levantamiento general que debía llevarse a cabo el 14 de febrero de 1915, pero el plan fue develado por algunos gobernadores indígenas y el 29 de enero Quintín, su hermano Nacianceno y otros cinco indígenas fueron detenidos.

Parte de 1915 y 1916 permaneció en prisión. A mediado de este último año intentó un nuevo levantamiento, pero unos días antes de la fecha prevista dos de sus seguidores fueron apresados y confesaron que estaban preparando un levantamiento para atacar a los pueblos de la cordillera y a las haciendas, emboscar al ejército y hacer huir a los blancos de sus propiedades. En un primer momento Lame logró escapar pero fue detenido el 8 de junio de 1916. Algunos indígenas intentaron liberarlo de la cárcel de San Isidro, donde estaba confinado y ocurrió un enfrentamiento con las autoridades.

En noviembre de 1916 hizo una incursión pacífica al pueblo de Inza y anunció que a los ocho días volvería, lo que le permitió a sus enemigos, encabezados por el indígena Pio Collo, prepararle una celada. Efectivamente Lame y sus seguidores regresaron a Inza para asistir a un bautismo y fueron atacados, produciéndose una masacre. Como respuesta se militarizó la zona, Lame fue arrestado y permaneció en prisión entre 1917 y 1920.

Al salir de la cárcel intentó regresar al Cauca, pero ante la fuerza de la represión y el hecho de que muchos de sus seguidores más cercanos estaban encarcelados o habían tenido que huir de la zona, desplazó su centro de acción al departamento del Tolima.

Entre 1922 y1938 concentró sus esfuerzos en la reconstitución del Gran resguardo de Ortega y Chaparral, amparándose principalmente en recursos de orden legal y jurídico. Pese a este cambio de enfoque en su lucha, siguió siendo conocido entre sus seguidores como “General Lame” o “General Lames”. Los procedimientos legalistas que empleaba se apoyaban en su convicción que los indígenas habían sido expropiados de sus derechos por los blancos, derechos anteriores a la llegada de los blancos y, que por tanto, tenían permanente vigencia.

Como resultado de su trabajo de agitación en el Tolima, en 1924 Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez fueron designados representantes generales de las comunidades indígenas de Ortega y Chaparral. Además, Lame fundó el caserío de Llano Grande en Ortega y allí estableció la sede del cabildo indígena.

A comienzos de la década de 1920 Lame se relacionó con los grupos socialistas y participó como miembro de la Mesa Directiva en el Congreso Obrero celebrado en Bogotá en 1925, pero en los años siguientes se distanció de esa línea, defendiendo la necesidad de proseguir una acción política indígena autónoma. Esta posición produjo una división dentro del movimiento lamista porque algunos de sus principales lugarteniente, como José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, argumentaban que las luchas indígenas debían sumarse a las luchas del resto del pueblo y por ello se vincularon al Partido Socialista Revolucionario (1926) y luego al Partido Comunista (1930).

En el Tolima, en la década de 1930 continuaron las disputas entre indígenas y propietarios por el control de la tierra y se multiplican los procesos de lanzamiento contra los primeros, por su negativa a pagar impuesto predial. En 1931 se produjo un ataque a una reunión indígena en San José de Isnos, con un saldo de 17 muertos y 37 heridos. En los mismos hechos la casa de Lame fue incendiada, suceso por el cual quedaron en la miseria él y su esposa Lucila Galindo Salazar, con quien se había casado en 1928. Aunque Lame era una de las víctimas, fue perseguido por las autoridades, quienes debían investigar el hecho, y fue apresado junto a otros 13 indígenas.

Aprovechando el contexto gubernamental que en teoría apoyaba a las organizaciones sindicales, los lamistas fundaron el Sindicato Indígena Nacional y el 1° de octubre de 1934 eligieron a sus representantes, entre quienes estaban Quintín Lame, Leoncio Maceto, Telésforo Marda, Florentino Moreno y Gabriel Sogamoso. El sindicato presentó un pliego de peticiones al gobierno para recuperar sus tierras y trabajó para lograr mayor poder dentro del territorio del antiguo resguardo de Ortega y Chaparral, mediante la conformación de cabildos y la construcción de escuelas y casas comunales.

A finales de 1938 Quintín Lame obtuvo la reconstitución del Gran resguardo de Ortega y Chaparral, lo que sería su mayor logro político. Pero, ni las autoridades locales ni los terratenientes de la región del Tolima respetaban al resguardo, por lo que la represión violenta y el acoso legal y fiscal se hicieron cada vez más fuertes.

Un año después, en diciembre de 1939, Quintín Lame terminó su manuscrito Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas, documento que debía servir de guía al movimiento indígena. Este manuscrito fue custodiado celosamente por los lamistas después de la muerte del líder, hasta su publicación en 1971.

En 1940 asistió al 1° Congreso Indigenista Interamericano en Pázcuaro (México) y en 1942 viajó a Bogotá por invitación del Instituto Etnológico Nacional. Aunque se trataba de eventos académicos, estos viajes le permitieron dar a conocer su lucha a intelectuales y a la opinión pública en general.

Como se ha señalado, la persecución al movimiento indígena fue una constante, pero a partir de 1946 la violencia tomo mayores dimensiones y durante dos décadas azotó con fuerza a la región del Tolima. El desplazamiento y asesinato de muchos indígenas y campesinos conllevó la dispersión del movimiento lamista, aunque no desapareció del todo. Durante estos años se acentuó el componente religioso y el sentido de martirio del movimiento. Hasta su muerte, en 1967, Quintín Lame continuó con su lucha legal por el reconocimiento del resguardo y la defensa de los presos.

Obra escrita.
En defensa de mi raza, introducción y notas de Gonzalo Castillo Cárdenas, Bogotá, Comité de Defensa del Indio, 1971; Las luchas del indio que bajó de la montaña al valle de la civilización, Bogotá, Comité de Defensa del Indio, 1973. La mayor parte de la obra de Quintín Lame se encuentra inédita y dispersa en cientos o quizás miles de memoriales. Parte de ellos pueden consultarse en el Archivo General de la Nación (Bogotá, Colombia), Sección República, fondos: Ministerio de Gobierno, Baldíos, Despacho Señor Presidente.

Fuentes.
Diego Castrillón Arboleda, el indio Quintin Lame, Bogotá, Tercer Mundo, 1973; Mónica Espinosa, La civilización del montés: la visión india y el trasegar de Quintín Lame en Colombia, Bogotá, Ediciones Uniandes, 2009, 170-178, 184-190. Luz Angela Núñez Espinel, “Quintín Lame: mil batallas contra el olvido”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, No 35, 2006, 91-124; Manuel Quintín Lame. En defensa de mi raza. Introducción y notas Gonzalo Castillo Cardenas. Bogotá, Comité de Defensa del indio, Bogotá; Fernando Romero Loaiza, Manuel Quintín Lame Chantre. El indígena ilustrado, el pensador indigenista, Pereira, Universidad Tecnológica de Pereira, 2005, 69-80; Renán Vega Cantor, Gente muy rebelde 2. Indígenas, campesinos y protestas agrarias, Bogotá, Ediciones Pensamiento Crítico, 2002, 62-122; “Escolástico Docuara recuerda a Manuel Quintín Lame”, Magazín Dominical No 237, 11 de octubre de 1987, 5-8.