* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

La lucha por la igualdad de derechos, la discriminación, la segregación y el racismo atraviesa toda una ideología que se hace latente en prácticas cotidianas, en el uso del lenguaje, en la manera como percibimos y nos referimos a los otros,  en la calle, en la universidad, en el bus, etc. Es en estas prácticas justamente donde se hace necesario pensar en nuevas formas de lo político que den apertura a otras formas de reivindicación, de inversión de las estructuras dominantes, de nuevas formas de asociación. Tal vez estas formas de lo político,  más allá de limitar las acciones al hecho de que personas del mismo sexo puedan constituir una familia, ampliaría las posibilidades de acción a marcos inesperados, menos normativos, menos conservadores y menos restrictivos. La lucha por la igualdad de derechos sigue en pie, y de esto no cabe la menor duda, pero ésta debe ir de la mano con nuevas formas de pensar lo político por fuera de la ley.

En este momento resulta pertinente  traer a colación la famosa historia de Rosa Parks para pensar en acontecimientos de la vida diaria que desdibujan las tradicionales formas de pensar lo político: al terminar su jornada laboral, el 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks, una humilde costurera hija de un carpintero y una maestra, toma un bus en Montgomery (Alabama) y, sin saberlo, desencadena uno de los hechos más  trascendentales en la historia de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Tal hecho consistió en que Rosa se sentó en un puesto de adelante del autobús cuando estaba determinado que los puestos de adelante eran de los blancos y los de atrás de los negros. Cuando se subió un pasajero blanco, el conductor le ordenó cederle el puesto e irse a la parte trasera del bus. Ella se quedó allí sentada y se rehusó a moverse, entonces, el conductor llamó a la policía y Rosa Parks fue arrestada. Este momento, al parecer tan simple y anecdótico, sería el horizonte de partida de la lucha por los derechos de los negros en Estados Unidos que habría empezado a cambiar con cosas tan naturalizadas y arraigadas en la población norteamericana como la  distribución arbitraria de los puestos en un autobús. Por supuesto el caso de Rosa Parks llegó al marco jurídico e indudablemente hubo una lucha por los derechos civiles de los negros en ese momento. Sin embargo, lo que nos interesa rescatar aquí es ese acontecimiento político del autobús: ¿no fue acaso este hecho una expresión de una nueva forma de pensar lo político por fuera de la ley?, ¿en qué sentido estos acontecimientos políticos resultan en gran medida mucho más significativos que un reconocimiento jurídico?

Si bien el proyecto de ley sobre el matrimonio igualitario no fue aprobado, considero que tampoco han sido aprobados , ni probados, nuevos espacios de reconfiguración de lo político que darían apertura, sin lugar a dudas, a nuevas maneras de confrontar una cierta naturalidad fuertemente arraigada en la sociedad colombiana que excluye y violenta la lucha de la comunidad LGTBI, pero además la lucha de las mujeres que exigen el derecho al aborto fuera de las tres excepciones que extralimitó la ley y otras múltiples formas de expresión que están fuera del statu quo. Expresiones de esta violencia son, por ejemplo, la asociación entre el actual presidente del senado Roy Barreras con sectores religiosos con el fin de promover la anulación del proyecto de ley del matrimonio igualitario1;  o la presencia de opositores  como Mario Cely  que buscan perpetuar una idea de familia o a un estilo de vida asociado directamente a un ideal de formación de los individuos bastante errado y desproporcionado. No obstante, no son solamente estas acciones las que expresan de manera directa una constante violencia en el País. Detrás de estos personajes o, más bien, junto a ellos, se encuentran todas aquellas personas que cotidianamente expresan y consideran que “ser gay es antinatural”, que “lo gay es contagioso”, “que está en contra de Dios” o que el “verdadero rol de la familia es la procreación”, etc.

Este desolador panorama, tanto de los que parlotean sin fundamentos estas consideraciones para anular el proyecto, como de aquellos que votaron en contra y la cantidad de personas que en sus prácticas perpetúan estas  formas de exclusión,  no es más que una clara evidencia de que hemos tenido un crítico retroceso a la racionalidad de los invasores en tiempos de la conquista. Ante esto nos dice Galeano: “Ya en los tiempos de la conquista, estaba claro que los indios estaban condenados a la servidumbre en esta vida y al infierno en la otra (…) Entre las pruebas más irrefutables estaba el hecho de que la homosexualidad se practicaba libremente en las costas del mar Caribe y en otras regiones. Desde 1446, por orden del rey Alfonso, los homosexuales de Portugal marchaban a la hoguera: «Mandamos y disponemos por ley general, que todo hombre que tal pecado cometiere, de cualquier guisa que fuese, sea quemado y reducido a polvo por el fuego, por tal que nunca de su cuerpo ni de su sepultura pueda ser oída memoria»”2. Hoy no se mandan a la hoguera pero sí se silencian, se reducen y se les niega su condición de ser político. Ahora bien, lo crítico de este retroceso es que no sólo se pone de manifiesto en el marco de los derechos políticos, sino también en las relaciones económicas de tipo colonial que establece el país con las potencias extranjeras (minería, extracción de carbón, etc.) y en el hecho de que aún no exista una tajante y necesaria separación entre la iglesia y el Estado.

Finalmente lo problemático de esta forma de pensar es que desencadena acciones concretas que van más allá del lenguaje o de una ley: son gestos, expresiones, sentimientos que niegan el encuentro con el otro, la exposición a lo diferente y que por tanto niegan, de entrada y sin temor a aferrarse a todo tipo de prejuicios, el ser interlocutor del otro y el ser político con el otro. Si volvemos al ejemplo de Rosa Parks lo que está en el fondo del asunto es la naturalidad de una distribución de los individuos no sólo en un autobús sino en general en toda una estructura social que insiste en separar a los que poseen riquezas de los que no, a los que mandan y a los que obedecen, a los blancos y a los negros, a los cultos e incultos. El acontecimiento político de Rosa Parks no consistió en una mera desobediencia a ceder su puesto  de bus a un blanco, pues lo que está detrás, y que es en efecto mucho más significativo, es una lucha contra las recurrentes y violentas divisiones que se presentan como naturales en hábitos, costumbres y conversaciones en la cotidianidad: divisiones entre quien es gay y quien no lo es, entre quien es lesbiana y quien no. ¿Qué pasa si se quiebran este tipo de dicotomías mediante acciones espontáneas en las que los individuos deciden no soportar más el hecho de ser violentados, investidos, juzgados? ¿No es ahí justamente donde emerge una posibilidad de pensar lo político? En síntesis, la caída del proyecto de ley  se puede concebir como un punto de quiebre a la hora de re-pensar nuevas formas de lo político al margen de un marco estrictamente jurídico. Tal y como lo vimos en el ejemplo de Rosa Parks, los acontecimientos políticos emergen en hechos concretos capaces de desafiar un orden establecido que se da por hecho y en el que se reproducen exclusiones, agresiones y otras materializaciones concretas de la violencia que, como vimos, siguen inscritas en formas de pensamiento colonial.

***

1Entrevista a Carlos Gaviria: http://www.polodemocratico.net/index.php?option=com_content&view=article&id=4425%3Aqno-podemos-pensar-en-un-solo-tipo-de-familia-sino-en-variosq-carlos-gaviria&catid=75%3Anoticias&Itemid=66
2Galeano, E. Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Centro Bibliográfico y Cultural C. La Coruña.Madrid. 2000 p. 51.