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* Palabras al Margen

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Su formación de la infancia se la debe a sus abuelas Cándida (Chacha) y Anita (Micha), la primera hija de Cristina de origen chimila nacida en un pueblo cercano a Mompox, comerciante de dulces artesanales, y la segunda que le enseñó el primer cántico y lo inició en la música, con la cooperación de su hermano que le reveló la obra de Wagner y Frank.

Sus estudios iniciales los adelantó en el Colegio Americano para Varones de Barranquilla y luego en el colegio del mismo nombre en Bogotá, ambos de fe protestante presbiteriana. Decidió luego optar por la carrera militar en la Escuela Militar de Cadetes de Bogotá, donde conoció a quienes serían después destacados generales del ejército colombiano.

Desencantado de la experiencia militar, viajó a Estados Unidos a realizar estudios universitarios en la también presbiteriana Universidad de Dubuque, en el Estado de Iowa, donde obtuvo el título de Bachelor of Arts en literatura inglesa, en 1947. Luego realizó estudios de maestría y doctorado en sociología rural, respectivamente en la Universidad de Minnesota y en la Universidad de Florida, hasta 1955. De la maestría salió su libro Campesinos de los Andes y del doctorado El hombre y la tierra en Boyacá. En este momento su perspectiva teórica estaba vinculada con el estructural-funcionalismo, con fuertes rasgos positivistas y comprometida con enfoques del modelo desarrollista de modernización capitalista que venían impulsado los Estados latinoamericanos de la época.

Durante el primer gobierno del Frente Nacional en Colombia (1958-62), en el contexto de las políticas agenciadas por el gobierno norteamericano de John F. Kennedy a escala hemisférica, fue nombrado en 1959 como Director General del Ministerio de Agricultura y como decano-fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, en la cual contó con la colaboración del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, formado en la Universidad Católica de Lovaina. Ambos trabajaron al servicio del Estado en el asesoramiento técnico de los programas de reforma agraria y de Acción Comunal, y contribuyeron a consolidar la sociología como disciplina en Colombia. Fue en ese mismo escenario que estableció una significativa relación afectiva y académica con la socióloga María Cristina Salazar, a quien se unió tanto por el rito presbiteriano como católico y con quien convivió hasta que ella murió.

En 1962 lideró la fundación de la Asociación Colombiana de Sociología, y luego promovió la organización del VII Congreso Latinoamericano de Sociología (1964), y el I y el II Nacional (1963 y 1967), todos efectuados en Bogotá. Contribuyó a la consecución de fondos internacionales para las actividades investigativas sociológicas, a través de fundaciones como la Ford, Rockefeller, Fulbright y entidades como la UNESCO. Igualmente creó el Programa Latinoamericano de Estudios para el Desarrollo, PLEDES, (1964-1969), donde pudieron continuar sus estudios de postgrado muchos de los egresados de la carrera de sociología.

A principios de 1962 empezó a marcar distancia respecto del Frente Nacional, la cual se hizo explícita con la publicación del primer tomo de La Violencia en Colombia, en coautoría con Eduardo Umaña Luna y Germán Guzmán Campos, obra encaminada a explicar el conflicto social que sacudía al país desde finales de los años cuarenta. En abril de 1964, a pocos meses de la aparición del segundo tomo de la investigación, sus autores intentaron involucrarse como mediadores del conflicto en una región rural del sur del país, por los días en que el gobierno amenazó con invadir militarmente una zona poblada por grupos de autodefensas campesinas, en Marquetalia, Tolima, donde supuestamente existía una ‘República Independiente’, creando una ‘Comisión de Paz Independiente’ con el fin de ofrecer sus servicios para lograr un acuerdo entre el gobierno y los campesinos insurgentes. Al poco tiempo la región de Marquetalia fue bombardeada y ocupada por 16.000 efectivos del ejército, acontecimiento que conduciría a la conformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En 1967, un año después de la muerte de Camilo Torres, Fals Borda publicó su libro La subversión en Colombia, que inaugura un nuevo periodo en su pensamiento, reeditado años después bajo el título Subversión y cambio social, libro concebido durante su estancia en las Universidades de Wisconsin y Columbia, donde desarrolló actividades académicas y al tiempo la dirección de la Revista Latinoamericana de Sociología, cuya sede estaba en Buenos Aires. En este mismo año presidió la organización del II Congreso Nacional de Sociología. En esta época Fals se renovó teóricamente con las obras de Pitrin Sorokin, Marx, Weber, Mannheeim, Mariátegui, C. Wright Mills, los autores de la teoría de la dependencia e, incluso, del anarquista Gustav Landauer. En 1968 viajó a Suiza para desempeñar el cargo de director del área de estudios del Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, UNRISD, mientras en la Universidad Nacional se combatió y se cambió el programa académico que había orientado e impulsado Fals, a quien se acusaba de servir a la penetración cultural imperialista y de ser funcional a la dominación estadounidense.

En 1970, nutrido ya por un profundo anticapitalismo, concibe La Historia Doble de la Costa, una zaga de cuatro tomos que sería publicada durante la década de los ochenta, por fuera de la Universidad, y que inicia una serie de escritos en los cuales defiende un rescate de las costumbres ancestrales de la gente del campo, de los indígenas y de las comunidades negras, especialmente aquellas costumbres relacionadas con prácticas colectivistas o de ayuda mutua, contrapuestas a la sociedad capitalista. Bajo ese mismo signo, Fals Borda se compromete con fuerza en múltiples empresas de investigación, acción y participación con las comunidades indígenas, campesinas y, en general, populares, y con grupos de pensamiento articulados alrededor de La Rosca de investigación y acción social, la Revista Alternativa, la Fundación para el análisis de la realidad colombiana, Fundarco, o la Editorial Punta de Lanza. Igualmente aguza su urgencia por racionalizar el papel que como intelectual debía desplegar frente al orden social vigente, asumiendo una revisión rigurosa de las tendencias de la “sociología comprometida”, de la mano de los protagonistas de la época en el campo de las ciencias sociales y de instituciones pioneras en ese campo, como los espacios académicos organizados en las Universidades de Argentina y Venezuela, similares al que había contribuido a formar en la Universidad Nacional de Colombia, o en centros especializados como Flacso en Santiago de Chile, Clacso en Buenos Aires o el Centro Latinoamericano de Pesquisas em Ciencias sociais de Río de Janeiro.

Repasa las tendencias metodológicas de “observación-participación”, de “observación-intervención” y de “observación-inserción”; se acerca a las tendencias del “compromiso”, en diálogo con la obra de Sartre, Marcuse y Gorz. En fin, apunta a la construcción de su método Investigación-Acción-Participación, que luego elabora, insinuándose ya en su obra una mayor aproximación a la obra de Marx, pues al fin y al cabo encuentra en las Tesis sobre Feuerbach la primera articulación formal del paradigma de la ciencia social crítica. Esta ruptura da sus frutos que se recogen en el Simposio Mundial de Cartagena, Crítica y Política en ciencias sociales, celebrado en 1977.

Vivió la circunstancia represiva llamada “seguridad nacional”, de finales de los años setentas y comienzos de los ochentas, que le llevó a prisión a él y a su compañera María Cristina Salazar. De esa experiencia sale fortalecido uniéndose a los grupos y movimientos que luchaban por la liberación de los presos políticos contra el Estado de Sitio y el Estatuto de Seguridad. Fue elegido como miembro de la Constituyente de 1991, que escuchó su voz en favor de las heterogéneas comunidades que la categoría nacional del capitalismo ahoga y somete, y su preocupación permanente por la redefinición del ordenamiento territorial. Luego asume su compromiso con un nuevo proyecto de izquierda democrática, el Partido Polo Democrático Alternativo, PDA, del cual fue su Presidente Honorario hasta su muerte.