* Palabras al Margen

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Las organizaciones y expresiones del movimiento campesino en Colombia que se movilizaron el mes de mayo, se enfrentaron a un entorno nacional que debió afrontarse con milimetría. Las elecciones presidenciales y la artificial polarización construida por los medios de comunicación en torno a Santos-paz y Zuluaga-guerra, perturbaron la opinión ciudadana frente a los propósitos del paro. Asimismo, la dispersión y lecturas diferenciadas del momento político por parte de los procesos movilizados produjeron desniveles en la intensidad de la movilización. Tales circunstancias en las que se llevó a cabo el paro merecen ser estudiadas desde un marco analítico del hilo conductor de los hechos y el comportamiento de los actores.

Antecedentes

Es pertinente subrayar que las causas que originan la movilización y la protesta social en Colombia están en la base de las profundas inequidades e injusticas que subyacen del modelo económico y el régimen político que se impuso por las élites colombianas. Es prácticamente imposible que la población no reaccione ante la cascada de efectos negativos que produce el “metabolismo del capital”, que en términos de Martínez Alier, significa que los fallos del mercado y de las ejecutorias gubernamentales no son ocasionales externalidades, sino por el contrario, adquieren un carácter sistémico inevitable; en suma, el capital es connatural a la exclusión, por tanto la población se expresa de múltiples formas, una de ellas y con alta significación: la protesta y la movilización.

La consideración anterior se hace necesaria en razón de las persistentes acusaciones que van y vienen de parte de sectores políticos del establecimiento y del Gobierno Nacional, al señalar que la protesta campesina o es apéndice de la insurgencia o, en el mejor de los casos, se encuentra infiltrada por ella. También se acude al argumento de que la movilización es un instrumento al servicio de intereses políticos que buscan generar inestabilidad institucional. El paro siempre enfrentó este tendencioso estigma, el Ministro de Defensa, Interior y hasta el fiscal general argüían tal situación, claro está, nunca suministraron ninguna prueba de sus acusaciones.

El paro agrario del 2014 se origina única y exclusivamente a causa del incumplimiento del Gobierno Nacional con los acuerdos pactados en el 2013 con las organizaciones campesinas movilizadas, así como también, por la ausencia de una ruta que corrija los problemas crónicos de la política pública agropecuaria, que como se expresó en el artículo titulado “De nuevo la rebelión de las ruanas, ponchos y bastones” (ver edición 32 de Palabras al Margen), tienen en una suerte de colapso la economía campesina y la producción alimentaria.

El llamamiento a una nueva jornada de protesta siempre fue un campanazo de alerta latente para el Gobierno, más aún, si se tiene en cuenta que las organizaciones protagonistas del ejercicio del 2013 dejaron en un punto alto sus luchas. Al igual el nacimiento de un escenario nuevo para el movimiento popular colombiano: la Cumbre Agraria, Étnica y Popular vaticinaba una movilización de mayor alcance, más cualificada y de mayor representatividad de los actores del mundo rural, pues de este proceso participan organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes. Se equivocan quienes afirman que el paro fue de “afán, sin preparación y sin conducción” (Dorado, 2014 Caja de Herramientas), en tanto el ejercicio exhaustivo de monitoreo al cumplimiento de los acuerdos, el desgaste de las mesas nacionales y regionales y la potencia que da por lo menos en teoría la noción de unidad, rodearon la determinación de las organizaciones de la Cumbre de salir de nuevo a las carreteras. No puede atribuírsele únicamente el resultado del paro a las actividades en la etapa de preparación.

Desde las organizaciones agrupadas en la Cumbre Agraria, Étnica y Popular se desarrollaron más de 20 pre-cumbres en distintos departamentos, una cumbre nacional y decenas de comisiones políticas en las que se proyectó el quehacer y diseño de la movilización. Para el caso de las Dignidades Agropecuarias, desde septiembre del año pasado hacían ver los engaños del Gobierno y advertían en la convocatoria de un nuevo paro para presionar al Gobierno a que cumpliera.

Respuesta del Gobierno, estrategia del garrote y zanahoria

Un rasgo definitorio de las sociedades democráticas está dado por el modo en que los gobiernos enfrentan los conflictos y las demandas ciudadanas, derivadas de ejercicios de exigibilidad de derechos. Santos acudió desde el 2013 a la respuesta común de una sociedad sin democracia: la represión. El saldo del paro del año pasado fue dramático: muertos, heridos, utilización desmedida de la fuerza- hay casos documentados de actos salvajes cometidos por el SMAD-, aún hay detenidos y judicializados.

Este año la represión no se hizo esperar, ésta es la “estrategia del garrote”, complementado con acciones de asedio y hostigamiento sobre los campesinos, desde que salían de sus parcelas y se desplazaban a los puntos de concentración. Santos dio la orden de impedir la llegada de las personas a las carreteras y vías del país, primero militarizando los corredores viales y segundo acudiendo a toda suerte de artilugios legales y procedimentales –inmovilización de los vehículos y canoas aduciendo incumplimiento del código de tránsito. Fue tal el viacrucis, que de la región del Catatumbo aproximadamente hay 5 horas en llegar hasta el punto de la Legía en Norte de Santander, pero los campesinos tardaron cuatro días en concentrarse. Igual ocurrió en el Sur de Bolívar, el tiempo de desplazamiento de San Pablo a Barrancabermeja es de dos horas y las comunidades tuvieron que afrontar 20 horas para llegar.

El presidente pretendió evitar a toda costa enfrentar en la antesala de las elecciones presidenciales un episodio similar al del año pasado de intensa movilización en el campo y la ciudad, que afectó su legitimidad e imagen pública; más aún en medio de un debate electoral caracterizado por el empleo de la imagen negativa de los adversarios y la utilización de cualquier recurso para ensombrecer las candidaturas del mismo bloque en el poder: Santos, Zuluaga, Ramírez y Peñalosa.

En materia de violación al derecho a la protesta, los acontecimientos marcan la misma tendencia violenta y de tratamiento de guerra a un problema social: las comunidades en medio del asedio fueron agredidas con empadronamientos, seguimientos, hurto de alimentos, utilización y empleo de elementos no convencionales, gases lacrimógenos, balas, sobrevuelos, heridos, detenidos y toda suerte de bloqueos que impidieran se prolongaran las concentraciones.

Mientras ocurrían estos hechos, el Gobierno manifestó siempre su voluntad de diálogo e iniciar conversaciones que pusieran fin al paro, esta configuro la parte “zanahoria de la estrategia”. Dispuso de sus ministros para instalar mesas de negociación con la Cumbre y las Dignidades. La presión de las elecciones situaba en una encrucijada al candidato presidente. El tiempo era corto para maniobrar la coyuntura y la movilización se convertía en una piedra en el zapato para sus pretensiones reeleccionistas.

Habría que decir también que, a los intereses del Gobierno, se alinearon los medios masivos de comunicación, ya que de forma deliberada se propusieron ocultar lo que ocurría en sitios de los departamentos de Santander, Norte de Santander, Sur de Bolívar, Boyacá, Nariño, Meta, Arauca, Casanare, Tolima, Eje cafetero y Huila, donde había comunidades campesinas movilizadas. La censura de prensa sobre el paro no puede verse por fuera del análisis de los cálculos gubernamentales, pues mostrar ante el país una movilización disminuida no genera el mismo efecto de solidaridad contrario al 2013, en el que las ciudades se inundaron de indignados e indignadas de manera masiva y espontánea.

Los actores, sorteando la unidad en medio de la dispersión

No es un secreto que al movimiento popular lo constituyan distintas concepciones, intereses, métodos o estilos de trabajo. La diversidad es una fortaleza para los procesos y el horizonte de cambio. Ahora bien, adoptar caminos para entender e interpretar la diferencia, en un espacio común de sujetos plurales, es un reto al que el movimiento se encuentra abocado.

La Cumbre agraria como escenario de coordinación de 12 procesos nacionales, entre ellos el Congreso de los Pueblos y su principal referente organizativo de los campesinos, el Coordinador Nacional Agrario, la Marcha Patriótica y sus organizaciones, la Organización Indígena de Colombia, el Proceso de comunidades Negras y otras dinámicas organizativas, se propusieron enfrentar juntos, unidos y hermanados la conquista de derechos para sus comunidades, denunciar el pacto agrario y dar un paso adelante en la búsqueda de la unidad.

La Cumbre preparó como escudo y espada el pliego de exigencias convenido por todos los procesos, un documento pretencioso que sintetiza la lucha histórica por la reforma agraria y por la paz, con un considerable componente étnico. Y como vehículo la movilización, nuevamente engalanar las calles con rostros campesinos, indígenas y afros expresándose a través de una noción de democracia distinta, real y directa.

Sin embargo, debido a circunstancias propias de los intereses y agendas de algunos procesos de la Cumbre, la movilización adoleció de la contundencia y vitalidad del 2013. Pese a su preparación y alistamiento prevalecieron consideraciones de algunas organizaciones para participar con una reducida presencia en el 2014. Entre las consideraciones que en mi criterio limitaron la masividad de la movilización están el proceso de paz y el análisis de un posible fortalecimiento de la candidatura de extrema derecha representada en Zuluaga, al quedar Santos ante la opinión como un presidente que no resuelve los problemas del agro También a la existencia de acuerdos y mesas de negociación con el Gobierno instaladas con antelación con algunos de los procesos que integran la Cumbre.

Generaron un clima de confusión las sorpresivas declaraciones de Piedad Córdoba, que invitó a la Cumbre a detener el paro, que “amenazaba el proceso de paz” (Córdoba, 2014, El Tiempo), esa misma opinión fue expresada por el ex-presidente Samper y una especie de silencio de distintos sectores le restaron respaldo político a la movilización. El Polo Democrático, a través de su candidata presidencial, no sólo exhibió soluciones para el problema agrario, sino que hizo público su apoyo y justificación del paro “Colombia es el único país en donde los campesinos tuvieron que hacer paros para que el gobierno los mirara y entendiera sus necesidades. Sin embargo, una vez llegados los acuerdos tuvieron que hacer otro paro para que el gobierno se los cumpla” (López, 2014, confidencial Colombia).

La ya tradicional movilización del primero de mayo, además de su histórica significación, expresó su respaldo al movimiento campesino. En todo caso el país se enteró que el Gobierno había incumplido y que los campesinos no tenían alternativa distinta a un nuevo paro. Entre tanto la respuesta ciudadana fue menor, las convocatorias a los cacerolazos en las ciudades no tuvieron la concurrencia y solidaridad espontanea del 2013, claro está, en todas las ciudades del país se realizaron múltiples iniciativas de respaldo que recayeron fundamentalmente en activistas de sectores urbanos organizados.

El paro agrario, que adquirió al menos en sus propósitos la connotación de étnico y popular, tuvo distintas modalidades y repertorios de acción: bloqueos, marchas, concentraciones, cacerolazos, choques con la fuerza pública y hasta eventos, como en el caso del departamento del Cauca que acordaron con el auspicio de la Gobernación un foro sobre los problemas urbanos. Así, transcurrió la movilización en las regiones, mientras en Bogotá una comisión negociadora, compuesta por representantes de las organizaciones de la Cumbre, perseguía acordar puntos favorables para el movimiento antes de lograr acuerdos iniciales que suspendieran el paro

Las Dignidades Agropecuarias tuvieron un ritmo de movilización muy intermitente, el liderazgo de Cesar Pachón y la dignidad papera, junto a los pequeños y medianos productores cafeteros en el Huila, soportaron el peso del paro. El gobierno habría logrado cooptar a gremios de productores de este proceso y restarle fuerza a su capacidad de movilización. Tras el levantamiento del paro con el proceso de la Cumbre, las dignidades quedaron en un escenario complejo, manifestaron no levantar el paro e ir a un receso hasta después de elecciones.

Los acuerdos

En la comunicación de las organizaciones de la Cumbre manifiestan que alcanzan acuerdos iniciales para levantar el paro, expresan: “primera victoria de la unidad agraria campesina, étnica, afrocolombiana y popular en Colombia” (Comunicado a la opinión pública 005, 2014). En efecto, son destacables los logros que alcanza la mesa, la firma del decreto 870 del 2014 es un reconocimiento explícito de la Cumbre como sujeto político e interlocutor válido para concertar política pública para la economía campesina. Igualmente se suscribe un acta de acuerdos como ruta para fases posteriores de la negociación en las que se dispone la creación de una comisión conjunta de análisis y estudio de alternativas penales, que propenda por la des- judicialización de las personas que, con ocasión de la movilización, se encuentren privada de la libertad y en procesos judiciales; se constituye el Comité de Evaluación y Reglamentación de Riesgo Campesino (CERREM) para generar protección prioritaria de líderes campesinos que tengan en riesgo su seguridad.

Otro componente del acuerdo es el económico: contempla la creación mediante una línea de financiación a través del Fondo de Fomento Agropecuario, la destinación de $250 mil millones durante la vigencia 2014, priorizando inicialmente 30 proyectos presentados por la Cumbre, de acuerdo a los criterios de priorización establecidos por la Mesa Única Nacional regulada por el decreto 870 del 2014. También se aprobó la financiación de foros regionales por la paz, en los que las organizaciones de la Cumbre contribuyan al debate de la paz desde una visión territorial.

Los logros hay que examinarlos moderadamente, sin triunfalismos y con espíritu crítico, pues el hecho de que Santos hubiese hecho ciertas concesiones tiene que ver más con la presión de su reelección que lo forzó a negociar y atender con celeridad la cumbre, y no por la potencia de la movilización. Asimismo, hay lugar a muchas ambigüedades en la redacción del decreto que pueden jugar en favor del Gobierno y desentenderse de la mesa. El futuro de la mesa dependerá también de quién gane las elecciones –aunque se prevé que Santos repita-, no es lo mismo que alcance la victoria en la primera vuelta o con un escaso margen en la segunda, es decir, en dos meses puede reformularse todo el escenario.

El Gobierno no quiso acceder a la inclusión de la categoría campesinos en el próximo censo agrario, por lo cual la cumbre hace un llamado a la desobediencia y no participar de la encuesta. Este tema adquiere centralidad, dada la lucha por el reconocimiento político de los campesinos como sujetos de derechos y la puesta en marcha de una legislación que preserve su cultura e identidad.

El movimiento agrario y las expresiones representadas en la Cumbre se encuentran en un momento político que requiere presionar su fortalecimiento, depurar conductas que le restan a la concreción de la unidad y buscar llegar a acuerdos más sólidos, menos inmediatistas, sin que ello implique la pérdida de autonomía e independencia de las organizaciones y procesos. Para quienes creemos en la unidad no por obligación, sino por convicción, la Cumbre sigue siendo un escenario propicio para generar asensos en el nivel de lucha popular y construir proyecto de Nación con vocación de poder.

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Marx, K. (2008) El XVII Brumario de Luis Bonaparte. Editorial Claridad, Buenos Aires.

Dorado, F. Freno y porvenir de la protesta agraria y popular. Corporación Viva la Ciudadanía, Edición N° 00398 – Semana del 9 al 15 de Mayo – 2014. Recuperado el 18 de mayo del 2014, disponible en: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0398/articulo06.html

Cumbre Agraria, étnica y popular. Pliego de Exigencias: Mandatos para el buen vivir, por la reforma agraria estructural territorial, la soberanía, la democracia y la paz con justicia social. Bogotá, 2014.

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Comunicado a la opinión pública 005, Cumbre agraria, étnica y popular, 2014. Recuperado el 19 de mayo del 2014. Disponible en: http://congresodelospueblos.org/index.php/pueblo-en-lucha/ultimas-noticias/573-comunicado-a-la-opinion-publica-005-comunicado-a-la-opinion-publica-005

Decreto 870 del 2014, por el cual se regula el espacio de interlocución y participación con organizaciones de la cumbre agraria, campesina, étnica y popular que se denominará Mesa Única Nacional.

Penagos, I. 2014. De nuevo la rebelión de las Ruanas, Ponchos y Bastones, en: Palabras al margen. Recuperado el 19 de mayo del 2014, disponible en: http://www.palabrasalmargen.com/index.php/articulos/item/de-nuevo-la-rebelion-de-las-ruanas-ponchos-y-bastones?category_id=142