* Palabras al Margen

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Esta irrupción de los actores sociales en el dispositivo de las conversaciones ha creado fracturas en el discurso dominante sobre la paz, abriendo de esta manera espacios en la esfera pública donde las reivindicaciones, las luchas y los temas esenciales para alcanzar una paz duradera comienzan a reconquistar una legitimidad que décadas de criminalización del movimiento social habían invisibilizado, deslegitimado y condenado. Esta transformación, en un principio, tiene lugar en un cuestionamiento a los propios dispositivos institucionales que no tiene como objetivo entrar a jugar con las reglas que estos promueven, sino por el contrario, provocar grietas en las relaciones verticales que caracterizan los mecanismos de participación de carácter consultivo, que se aseveran insuficientes en su principio de exclusión de la  participación popular.

El tipo de participación necesaria para la construcción de la paz se plantea entonces desde la ruptura y la auto exclusión de las ofertas de participación, ya limitadas, del Estado, que responden esencialmente a exigencias funcionales y no a imperativos democráticos. Es así que los movimientos sociales irrumpen con nuevas experiencias de participación provocando una reconfiguración de la arena pública y alterando las relaciones tradicionales que intervienen en la definición del bien común. Estas experiencias son creadoras de una nueva identidad  de la comunidad política en donde se ponen en juego la especificidad histórica, cultural, territorial y subjetiva de las diferentes luchas y resistencias. El contendido de dicha identidad exige una negociación y renegociación constante promoviendo así vínculos horizontales que cristalizan nuevas relaciones sociales. Una de estas experiencias de  participación, que puede ser calificada de creadora y transformadora, es la que impulsa el Congreso de los pueblos, en donde sus actores, desafiando toda lógica homogeneizante, proponen y encuentran en la diversidad y la asimetría de temas, tiempos, pueblos, sectores y regiones la fuerza del movimiento y la fuente de su identidad.

Desde esta concepción de la lucha social y popular reconfiguradora del espacio público, el Congreso de los pueblos promueve la organización de un Congreso para la Paz, que se realizará entre el 19 y el 22 de abril en Bogotá, en el que se moviliza una concepción y una práctica renovadora de la construcción colectiva de la paz, insistiendo en el objetivo de potenciar la participación popular, como fuerza de resistencia y de trasformación del modelo neoliberal que atraviesa el conflicto armado en Colombia. La manera como se plantea el congreso a través de los mandatos populares construidos en los diferentes congresos regionales por la paz y en los que se expresan claramente las diferentes trayectorias de lucha, de resistencia, de expectativas, de exigencias, de vidas de hombres y de mujeres, se inscribe en un nuevo paradigma de participación construida desde abajo y en un movimiento ascendente. Insistir entonces en que la paz que necesita el país no es una paz que se obtiene exclusivamente con un convenio firmado entre dos partes, sustentada en una “agenda realista y concreta relacionada directamente con la terminación del conflicto, y NO con todos los asuntos del país”1, es preparar  una concepción de la paz como camino de resistencias  y de fortalecimiento del movimiento popular, puesto que antes, durante y después de la obtención de la paz negativa2, los desequilibrios sociales, la explotación y la expoliación de  territorios, la violación a los derechos humanos, la ausencia de garantías sociales y políticas seguirán siendo parte de esos « asuntos del país » suspendidos de la agenda de paz y contra los que todos y todas tendremos que seguir luchando.

Es entonces en esta perspectiva de la paz como proceso, como camino, como transformación, como tiempo ilimitado, como multiplicación de fuerzas, como horizonte de resistencia y de incertidumbres, que deben ser entendidas estas nuevas formas de abordar el espacio público. Las críticas al modelo democrático excluyente actual se configuran en una posibilidad para pensar creativamente la separación entre democracia representativa y democracia directa, pero sin dejar de lado nuevas maneras de pensar e incidir en sus posibles articulaciones. Este punto me parece esencial si se tiene en cuenta que el conflicto armado colombiano produjo efectos nefastos en las instituciones del Estado y que el uso de la violencia con fines políticos y electorales ha atravesado el conflicto de una manera dramática, materializada en la instrumentalización de la elección popular por poderes regionales y sectoriales para perpetuar lógicas mafiosas y corruptas que refuerzan a la vez  lógicas capitalistas de dominación y de exclusión3.

En este sentido considero que retomar la cuestión de la democracia representativa puede contribuir a esa transformación del espacio público a la que se hace referencia anteriormente. Con esto no quiero decir que la institucionalización sea el horizonte político de los movimientos sociales ni que la participación en el proceso electoral se configure como una forma de legitimación o de garantía de eficacia de las luchas sociales. Lo que quiero al introducir este cuestionamiento es dejar abiertas ciertas preguntas que hacen parte de los debates sobre la paz, que involucran las tensiones que atraviesan los movimientos sociales, y que probablemente harán parte de los debates que tendrán lugar en el Congreso para la Paz.

Cabe preguntarnos entonces si es posible establecer una relación entre formas de participación directa y la participación en el dispositivo de elección popular; si el potencial critico y educativo de los movimientos sociales  puede ser una fuente de transformación de los dispositivos de participación de la democracia representativa sin que éste se constituya en su horizonte de acción; si un “voto” con contenido popular puede constituirse en uno de los frenos a lógicas económicas y políticas excluyentes. Estas y otras preguntas no buscan más que alimentar un debate que la complejidad de la paz exige y que hace parte de la heterogeneidad de las formas de acción.

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1Discurso de Santos sobre la marcha por la paz.  http://www.eltiempo.com/politica/invitacion-del-presidente-santos-a-marchar-por-la-paz_12731917-4
2http://www.congresodelospueblos.org/documentos/Paz-transformadora.pdf
3Al respecto puede verse el trabajo coordinado por  Claudia López « Y refundaron la patria » Corporación Nuevo Arco iris, 2010.