* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

La importancia de la exposición de estos enfoques radica en que unas visiones se sobreponen a otras y muestran, justifican y argumentan formas sobre cómo leer y actuar sobre la realidad, es decir, le dan un sentido a la acción. De este modo, estos debates no solamente son académicos, en la medida en que el proceso argumentativo tiene implicaciones en la política al ver u omitir un problema de un grupo de personas sobre otros. En este sentido la producción académica puede sustentar una tesis política, sin que el académico sea el político, pero donde sus palabras trascienden.

Varias de estas líneas tienen diversos orígenes que sería pertinente estudiar en otro momento, es decir, cómo la visión de un determinado problema ha cambiado con el tiempo a partir de nuevas realidades y escuelas que se imponen para analizar el mundo social. Así, aunque por momentos parezca repetirse la historia, esta se modifica en la medida que los grupos que están en ella, también lo hacen y los tres momentos en que son divididas estas posturas, pueden ser disgregadas de otras maneras.

1. “Arrasar” al campesino colombiano

En Colombia esta postura tiene fuerza tanto en sectores académicos como políticos, en ella se desprecia al campesino como atrasado e “improductivo”, se habla de la necesidad de una industrialización del campo y se muestra al campesino como un impedimento para que la tecnología y la industria se hagan presentes en el campo, negando a quienes habitan en él. Esta postura ha estado acompañada en el mundo por políticas del desarrollo y de la intensificación del proceso productivo para el “crecimiento económico”. En este sentido se atacan posturas que defienden la Reforma Agraria y se habla de su ineficiencia tal como realiza Álvaro Balcázar. Una postura académica que refuerza posturas políticas en un país como Colombia.

Esta postura es compartida por varios grupos económicos en países de América latina que tienen intereses “en común”. No obstante, en Colombia se cuenta con un ingrediente adicional: el conflicto armado, por medio del cual se busca la “anulación del otro”. La expresión máxima de este enfoque en el mundo político, se dio en la presidencia de Uribe, que estigmatizó cualquier forma de organización política campesina, suspendió la creación de nuevas Zonas de Reserva Campesina (ZRC) y además catalogó de guerrillero a cualquier iniciativa de paz que estuviera por fuera de su justificación de la guerra. Así, en el mejor de los casos el campesino debe mantenerse “atrasado”, viviendo subordinado y obediente a un patrón a quien le debe guardar una fidelidad, donde “el enemigo del trabajador es el del patrón”.

De este modo, a pesar que esta postura hable de “modernizar el campo colombiano”, en el fondo se sostienen en formas de sociabilidad “patronal”, en fidelidades y relaciones que no son estrictamente capitalistas, como el salario. Es decir, la acumulación de poder y dinero de este grupo no se dio en un primer momento por relaciones capitalistas, pero justifican sus acciones ya sea a partir de modernizar el campo sin campesinos, y/o negando la existencia de campesinos haciéndolos pasar por indeseables y delincuentes. En síntesis esta postura busca desposeer al otro (al campesino en este caso) de su subjetividad y de su posibilidad de derechos. No hay robo por parte del gran propietario, hay derecho de despojar al que no es humano.

2. El campesino en “vía de extinción”

Esta postura no convierte al campesino como un objetivo que debe ser exterminado del mapa, sino que justifica que el campesino debe desaparecer al ir al ritmo de las “fuerzas naturales por el avance del capitalismo” y sustentado en hechos como la “urbanización” del país1. Ahora bien, este debate ha tenido cambios desde los años 1970, cuando se plantearon las primeras políticas para desarrollar al campesino como el programa Desarrollo Rural Integral (DRI) y las políticas de reforma agraria que buscaron la construcción de “empresas comunitarias” que crecieran económicamente. Términos como economías “pre-capitalistas” o “manipulación del campesinado” son comunes en este tipo de postura.

Igualmente, este grupo es amplio y existen debates en su interior y han tenido desarrollos diferentes en el tiempo. Bejarano argumentó por ejemplo que en los años 1930 las protestas por parte de campesinos eran dadas por la reivindicación de salarios en las haciendas, en un periodo posterior a las obras públicas, sin que se profundizara mucho sobre la racionalidad económica campesina, ¿será que el campesino por haber recibido un salario buscaba serlo toda la vida? ¿Cómo se dieron estas tensiones de intereses entre campesinos y patrones?

Desde otra postura, Absalón Machado hablaba en sus escritos de los años 1970 y 1980 de “economías precapitalistas”, argumentando que los conflictos de los años 1930 fueron resultado de la falta de mano de obra en el campo y la necesidad que de ellos tenían los hacendados para productos como el café (manteniendo un debate sobre el tema con Bejarano), esto sin profundizar sobre la búsqueda de tierras por parte de campesinos en el campo. Este autor habla en sus primeros escritos del imparable avance del capitalismo en el campo y la transformación de sistemas que él llama “precapitalistas” a la economía capitalista. Esta transformación tuvo su máxima expresión en el café, donde formas como la aparcería o el arriendo fueron cambiando por la introducción más fuerte de relaciones salariales, y del factor tecnológico. No obstante, este autor cuenta en la actualidad con una postura más “liberal” que busca que los diferentes sistemas económicos existentes en el campo convivan con una “Reforma Rural”.

Otro de los académicos de la época, Salomón Kalmanovich (antes de su giro en sus estudios y posición política a finales de 1980) en su artículo sobre la “capitalismo en el campo colombiano”, habla del imparable avance del capitalismo y de la forma como el campesino fue manipulado con la creación de la ANUC y de la organización de la reforma agraria en “empresas comunitarias”. Es decir, analizó desde una posición crítica la intencionalidad del Estado por medio de estas políticas, sin tomar en cuenta las formas como estos campesinos se introducían, reorganizaban y reacomodaban frente a la imposición de estas reformas.

3. El campesino como prácticas de vida que se transforman y que continúan en el tiempo

El retorno a la tierra de campesinos, el colonizar tierras lejanas para no dejarse someter bajo formas de dominación en el campo, o desplazarse a las ciudades ha sido una constante en la historia del siglo XX y XXI en Colombia. Así, la subsunción de campesinos en otros sistemas sociales ha ido de la mano con estrategias de reproducción social por parte de estos mismos.

Entender este mundo dentro de su complejidad, su racionalidad económica remite a la importancia de la unidad familiar, las jerarquías sociales en sus comunidades y los lazos que hacen que pertenezcan a una comunidad (que no se limita a una visión geográfica). Así, el campesino no se ha extinguido a pesar de la existencia de grandes proyectos que lo han obligado a reacomodarse y marginalizarse.

De este modo, el capitalismo no absolutiza las diferentes relaciones sociales aunque estas se encuentren en relación constante y subordinada. En varias regiones colombianas predominan figuras como mayordomos, administradores, partijeros, o en familias de pequeños poseedores de tierra existen jornaleros que trabajan en propiedades de patronos, o colonos que se dedican a actividades varias sin ser propietarios de tierra.

La idea no es escencializar esas formas de vida, sino comprender que a pesar que existen múltiples reformas y proyectos que los han desplazado, estas formas de vida persisten y se reacomodan frente a la expansión del capitalismo, no siendo estas exentas de contradicciones internas y de relaciones con el capitalismo (en eso se basa un sistema social, en sus posiciones y oposiciones), reflejadas en el consumo de determinadas mercancías.

En este sentido se busca tener como punto de partida las relaciones y la historia que estas comunidades tienen en medio de sus contextos, es decir, como ellas mismas se fueron construyendo como grupos sociales, y la forma como a pesar de la llegada de sistemas adversos se mantienen, resisten y buscan seguir existiendo en medio de dificultades. Una historia que se comparte de diferente forma con las sociedades latinoamericanas. Esto es, aunque afectadas por el capitalismo, su existencia no se explica por este sistema.

Buscar entenderla no como una cosa dada, sino situada en un espacio y un tiempo específico que le da particularidades en relación a otros campesinos o formas de producción. Es importante para comprender un poco más nuestras sociedades. Los trabajos de Fals Borda, Alfredo Molado, entre muchos otros, buscan construir esta vía. Teóricamente se pueden encontrar Chayanov con la multiplicidad de sistemas económicos no capitalistas, el estudio de Zamocs sobre la ANUC o el estudio de Catherine Legrand sobre el problema de los baldíos.

Desde una postura que toma en cuenta más a la política pública y acción del Estado se encuentra Darío Fajardo o Héctor Mondragón para defender de alguna forma al campesino. Igualmente con el tiempo, y frente al avance y persistencia de formas de vida campesina frente a las transformaciones en el campo colombiano, surge una postura más “liberal” donde se reconoce al campesino como sujeto y plantea de este modo el respeto a su economía. Un importante punto de partida en este sentido es el informe del PNUD sobre desarrollo rural en Colombia que busca ubicar y reconocer a los diferentes actores en el campo. En este sentido se busca estabilizar a las poblaciones en el campo por medio de propuestas que ya tienen varios años de vigencia como la construcción de ZRC en el país.

Por último, en este sentido se busca un “consenso” donde las economías que hacen parte del territorio nacional convivan de tal manera que se desarrollen. Sin embargo, esta postura “liberal” no es homogénea frente a la llegada de otras políticas como la minero-energética que transforma las economías locales. Un grupo argumenta que lo importante es la construcción de buenas “políticas compensatorias”, mientras otros defienden que las poblaciones afectadas tengan el poder de decisión frente a estas políticas y que estos proyectos no se expandan por el país.

La creciente llegada de empresas que están llevando a una nueva fase de expansión del capitalismo, plantea una nueva disputa teórica y política alrededor de estos temas, relaciones y contradicciones. Ellas deben retomar debates del pasado, los cuales ayuden replantear problemas y a comprender y posicionarse frente a la realidad que afronta el país.

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1Así, dentro de la división que muchos académicos realizan entre urbano-rural, se ocultan la diversidad que existe entre esos mundos de “rural” o de “urbano”, sin trabajar sus relaciones, dependencias y como en estos “dos mundos” divididos por aglomerados de personas interactúan existiendo lógicas de reproducción diferentes a las del capitalismo.