* Palabras al Margen

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Dos cosas nos dicen estos hechos históricos que aplican para la actual coyuntura: la primera nos evidencia que históricamente en Colombia el voto popular lo han burlado en repetidas ocasiones con las restricciones y limitaciones de la democracia colombiana. La segunda, evidencia que la paz no les importa a quienes realmente detentan el poder. Finalmente la tercera paradoja, junto con el desacato a la CIDH, muestra que las leyes se las pasan por la galleta cuando quieren.

Un 19 se robaron las elecciones presidenciales, otro 19, desconociendo la voluntad popular, pasan por encima del voto. Santos y el Procurador violaron arrogantemente derechos políticos de los bogotanos, quienes tenemos derecho a decidir quién nos gobierna. Violaron la Constitución de 1991 y nuestro derecho a decidir en las urnas. Así mismo el derecho que habíamos ganado de elección popular de alcaldes nos es negado.

Resulta paradójico que Rafael Pardo, que firmó la paz hace 25 años, sea quién se preste para traicionarla y burlarla hoy. Es innegable que la destitución y sanción de Petro dan un mal mensaje a la posibilidad de cierre del conflicto armado. La decisión de Santos puede desestabilizar las mesas de negociación y torpedear los diálogos de paz. Ante una situación en la cual se destituye toda posibilidad de alternativas, la bandera del dialogo queda afectada y, más aún, la posibilidad a largo plazo de construir la paz.

La destitución pasa por encima del otorgamiento de medidas cautelares de la CIDH y de la legislación interna. La Sentencia T-524/05 de la Corte Constitucional señala que: “Las medidas cautelares tienen carácter vinculante en el ordenamiento jurídico interno”. Por tanto es gravísimo que el presidente lo desconozca, violando la Constitución y la Ley. Es vergonzoso que la Corte Internacional nos muestre que la sanción y destitución de Petro por parte del Procurador viola la Convención Americana y que Santos decida no acatarla. Además de ser un error no cumplir las medidas de la CIDH tendrá implicaciones internacionales para el país.

A los sectores populares que queremos seguir construyendo una ciudad distinta y alternativa nos deja una evidencia más de los límites del modelo democrático colombiano, más aun cuando reconocemos que el destituido no ha planteado grandes reformas, y sin embargo, le es decretada una muerte política. Nos corresponde superar el Petro No Se Va y caminar hacia un Frente Amplio por la Democracia, lo Público y la Paz. Es momento también de fortalecer la movilización popular en la ciudad que denuncie y proponga por lo menos en cinco puntos clave:

1. Por el respeto al voto popular y la ampliación de la democracia. NO a la restricción de la democracia.
2. NO a los poderes absolutos de la procuraduría y al uso político de la misma.
3. Por el respeto de lo público NO al control de las mafias y la corrupción,
4. Por garantías y respeto a todos los derechos ciudadanos NO a la violación y restricción de estos
5. Por un ordenamiento territorial popular, por una ciudad para la vida digna y no para el capital

Con la destitución de Petro NO detendrán a una ciudad que tiene en su historia la figura de Gaitán y del Bogotazo. Seguiremos batallando por vida digna y un modelo de ciudad distinto. Un momento para construir y caminar será el Foro Urbano Alternativo y Popular que se realizará entre el 5 y el 8 de abril en Medellín, paralelo al foro urbano mundial organizado por ONU hábitat, desde donde saldrán propuestas de construcción de ciudades alternativas al modelo neoliberal urbano. A largo plazo, Bogotá deberá seguir construyendo alternativas, radicalizar posturas, demostrar que la apuesta por una ciudad más humana no se termina. Esta coyuntura nos impone grandes tareas para pensar la ciudad, la gobernabilidad en ella, nuestras propuestas de paz y la democracia.